Ocio y Cultura

Manel Loureiro: "Veinte es un reflejo de la sociedad actual"

(Redaragon)
27/11/2017 - 10:37 h.
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El experto en el género distópico Manel Loureiro vuelve a las librerías con su nueva novela: Veinte, que presentó el pasado 22 de noviembre en la sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés

Manel Loureiro. Foto: Silvia Canut (El Periódico de Aragón)

El experto en el género distópico Manel Loureiro vuelve a las librerías con su nueva novela: Veinte, que presentó el pasado 22 de noviembre en la sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés. En una realidad en la que la mayoría de la humanidad se ha suicidado sin motivo aparente, un grupo de adolescentes se embarca en una odisea para tratar de salvar a la especie humana.

- En primer lugar, ¿de dónde surge la idea de Veinte?

- Surge de una mezcla de muchas cosas. En parte, surge de un pequeño trauma infantil que tuve cuando leí El señor de las moscas, de William Golding, a los diez u once años. Aquello para mí fue como un puñetazo en la cabeza, porque imagínate leer una novela en la que unos críos de mi edad caen en una isla desierta, empiezan a tomar decisiones y acaba transformándose en algo tan trágico... Ahí fue cuando descubrí que la inocencia se pierde y que la infancia se acaba, y descubrir eso con once años es muy duro, por eso de alguna manera se me quedó grabado.

Por otra parte, tenía otro recuerdo de mi infancia sobre una serie que había a finales de los 70 o principios de los 80 que se llamaba La fuga de Logan y trataba sobre una sociedad distópica donde al cumplir los treinta años tenías que morir. Esta serie trataba sobre el contraste entre esa sociedad, que aparentemente era tan estupenda, y la realidad, que era mucho más sórdida. De la mezcla entre esas y otras muchas referencias culturales, de cosas que había visto a lo largo de todo mi camino, de repente surgió la idea para contar esta historia, para contar Veinte.

- ¿Estas referencias culturales que mencionas, como El señor de las moscas, son la causa de que eligieras como salvadores de la humanidad a un grupo de adolescentes?

- No, eso lo hice por otro motivo. Al igual que no hay nada más inocente que un niño, tampoco hay nada más arrogante que un adolescente. Cuando somos adolescentes estamos absolutamente convencidos de que tenemos todas las respuestas y todo se reduce a sí o no, a blanco o negro, no hay matices. Por eso me resultaba muy atractiva la idea de coger a un grupo de críos que están en esa etapa y ponerlos en la tesitura de tener que tomar decisiones. Tomar decisiones es duro porque implica renunciar a cosas, y renunciar a cosas implica madurar. Maduramos cuando dejamos atrás cosas, personas, situaciones, posibilidades... porque hemos escogido otras. Esto es lo que nos hace crecer, cambiar como personas.

- ¿Ha sido difícil explorar este conflicto entre la inocencia y la madurez?

- Ha sido muy difícil. Todas las novelas tienen un poco de pornografía emocional, el escritor siempre deja un poquito de sí mismo en cada historia, de manera consciente o inconsciente. Cuando estaba escribiendo Veinte me di cuenta de que estaba reflejando en el conflicto de la novela mis propios miedos. A mí no me dan miedo los monstruos, sino otras cosas mucho más prosaicas que aparecen en la novela: la soledad, la pérdida de los seres queridos, la pérdida de la identidad, la pérdida de la propia consciencia... Esas son las cosas que realmente me asustan y, de alguna manera, escribir sobre ellas y plantearlas en medio de un thriller era una manera de exorcizar mis miedos, compartirlos con los lectores y dejarles escoger si los hacen suyos o no.

- Además, en tu novela llevas a los personajes al límite, porque en medio de esa realidad distópica tienen que tomar decisiones realmente difíciles.

- Es que llevar a los personajes al límite es lo que hace que sean interesantes. Fíjate, por ejemplo, en Ulises, de Joyce, simplemente trata sobre un tipo que sale de su casa por la mañana y vuelve por la noche, es muy complicado conseguir hacer extraordinario lo cotidiano. Por eso, a mí me gusta poner a personajes ordinarios en situaciones extraordinarias, porque es ahí donde se puede sacar lo máximo de esos personajes y se consigue que su resonancia sea mucho más grande.

- El género post-apocalíptico experimenta un auge en los últimos años, tanto en la literatura como en el cine. ¿Por qué crees que nos atraen tanto este tipo de historias sobre la extinción de nuestra especie?

- Las distopías nos atraen por un sencillo motivo. Por una parte, nos permiten sentirnos seguros, escapar de la realidad diaria, de los titulares, de las crisis, de las angustias, del paro... Nos llevan a un sitio en el que nos evadimos de la realidad, lo vemos todo desde un balcón; vemos como los protagonistas están sufriendo un montón de cosas que nos sobrecogen, pero con la tranquilidad de saber que a nosotros no nos van a afectar. Así que, por una parte nos permiten alejarnos de la realidad y por otra parte nos permiten enfrentarnos a nuestros miedos y volver a la realidad más armados. Es quizás eso lo que nos resulta tan atractivo y por lo que nos fascinan tanto este tipo de historias, que se repiten con muchas variantes.

La diferencia de Veinte con respecto a otras distopías es que a mí me apetecía recrear esto de la manera lo más realista posible. Es decir, hay algo en las distopías que se convierten en grandes éxitos que a mí me chirría un poco: al final, no dejan de ser la excusa de fondo para contar dramones adolescentes. Pero tiene que haber algo más, hay que crear situaciones donde los personajes tengan que tomar decisiones acordes con lo que están viviendo, no limitarse a argumentos tipo "te quiero, pero tú no me quieres".

- Quizás por el realismo del que hablas, aunque Veinte sea una novela totalmente ficticia, en ciertos momentos parece reflejar la sociedad actual.

- Es que es un reflejo de la sociedad actual, somos nosotros. Evidentemente, si se produce un evento como el que se narra en Veinte, el juego cambia, pero los jugadores seguimos siendo los mismos y vamos a seguir jugando de la misma manera. No podemos evitarlo, está en nuestra naturaleza. En Veinte hay quien decide seguir a un líder carismático, hay quien decide seguir a un líder revolucionario que pretende cambiarlo todo de arriba a abajo, hay quien decide tratar de salvar nuestra sociedad y llevarla hacia otro estadio... No deja de ser un reflejo del mundo que nos rodea, incluso a nivel político e internacional. Nosotros también tenemos a salvapatrias vendehúmos, a revolucionarios que pretenden cambiarlo todo, o a las democracias occidentales que, con sus achaques, tratan de salvar las cosas buenas para llevarlas al futuro y adaptarse a los nuevos tiempos.

- La novela arranca cuando mayoría de la población muere a causa de un virus que hace que se suiciden. ¿Por qué eliges esta forma de extinción para la especie humana?

- Porque el suicidio es uno de los últimos tabús, al menos en Occidente. Es algo de lo que no se habla nunca, nuestra última frontera. Así como en Oriente el suicidio forma parte incluso de algo ritual y cultural, nosotros no hablamos de ello, lo obviamos. De hecho, no hay estadísticas, nunca se sabe quién se suicida, cuántos son, por qué lo hacen. Por eso escoger esta forma de extinción en la novela era como una especie de aldabonazo, tiene eso que se llama "la resonancia", que hace que te afecte. Que alguien se muera es trágico, pero que alguien se quite la vida y además sin motivo no solo es trágico, sino que es desconcertante.

- Resulta curioso que elijas precisamente el inicio de la Navidad para situar el estallido del apocalipsis. ¿Fue casual o intencionado?

- Fue absolutamente intencionado, ¿se te ocurre algún momento menos probable? La Navidad son momentos de paz, amor, cariño... Y de repente se plantea una situación en la que todo salta por los aires. Era el momento perfecto para plantearlo.

Veinte, de Manel Loureiro

Veinte
Autora: Manel Loureiro
Editorial: Editorial Planeta
Páginas: 608
Edición: rústica / ebook
Precio: 19 / 12 euros

- Veinte empezó en realidad como una idea para una serie de televisión. ¿Cómo acabó convirtiéndose en una novela?

- Con mucho trabajo. Yo también escribo guiones para televisión y en un determinado momento una productora me encargó un "concept", que es un documento de unas tres o cuatro páginas para que yo les vendiera un proyecto para una cadena de televisión. Les encantó y me pidieron que hiciera "la biblia", que es un documento algo más largo. Cuando lo estaba haciendo, me di cuenta de que aquello se me desbordaba por los lados, que había una novela muy chula que se podía contar ahí. Así que empecé a escribir la novela y me di cuenta de que me estaba gustando mucho más que la serie, me lo estaba pasando mucho mejor.

Se suele decir que cuando publicas un libro tienes un hijo literario, pero en este caso he tenido gemelos; uno ya está aquí y el otro sigue en la incubadora porque va más despacio. De hecho, la serie sigue en marcha y tiene muy buena pinta, habrá novedades a lo largo de 2018. Es raro, porque lo habitual es que primero salga el libro y después la serie, pero en este caso ha sido todo a la vez y por eso ha sido muy desbordante. Por eso comentaba que se ha conseguido con mucho trabajo, han sido dos años agotadores. Además, el trabajo de escritor se está convirtiendo cada vez más en el trabajo de tipos bipolares: nos pasamos la mitad del año encerrados escribiendo y la otra mitad yendo por todas partes para promocionar el libro.

- ¿Puedes contarnos algo sobre la serie?

- No puedo por dos motivos: primero, porque no tengo demasiada información en este momento, y segundo, aunque la tuviese negaría que la tengo y te diría que no tengo información en este momento. (risas)

- Volviendo a la novela, hay fragmentos que requieren ciertos conocimientos de genética y medicina. ¿Cómo te has documentado para esto?

- Hablando con gente que sabe. Para documentarme para la novela he hecho tres visitas totalmente distintas. La primera fue al CDC (Centro de Control y Prevención de Enfermedades), que está en Atlanta, en Estados Unidos, y son gente absolutamente encantadora que me explicó cómo funcionaba todo aquello e incluso me dejaron entrar a un laboratorio de seguridad con el traje de protección y todas esas cosas. También estuve en Moscú, en el Instituto Mechnikov, donde también me explicaron más o menos lo mismo. Y finalmente estuve en Camboya, porque quería hablar con gente que hubiese atravesado la experiencia de los Jemeres Rojos, porque me parecía que ahí había pinceladas de algo que yo quería contar, de una experiencia que es aterradora y me apetecía reflejarla. Evidentemente, no es la misma experiencia, pero el hecho de estar hablando con gente que vivió ese momento revolucionario sin sentido me ayudó en ciertas partes de la novela. En definitiva, me he documentado trazando un rumbo y buscando a las personas con las que tenía que hablar para que me diesen las gotas que yo necesitaba para contar esta historia.

- En tus inicios escribías en un blog en Internet y finalmente acabaste publicando una novela: Apocalipsis Z. ¿Qué hizo que tomaras la decisión de aventurarte en el mundo editorial?

- Una suma de eventos. Yo era abogado, un mercenario bien vestido que iba a los juzgados a sacarle los hígados a alguien por el bien de mi cliente y a tratar de evitar que me sacasen los hígados a mí, siempre con una sonrisa y con educación. Pero la literatura jurídica es muy técnica, muy densa, estaba un poco aburrido, así que empecé a escribir sobre lo más alejado que se me ocurrió del mundo del derecho: un mundo donde de repente los muertos caminaban entre los vivos y, casualmente, un abogado de Pontevedra está en su casa y comienzan a ocurrir cosas. Aquello se convirtió en un fenómeno viral, aquel pequeño blog alcanzó un millón seiscientos mil lectores, publiqué mi primera novela con una editorial pequeña, se transformó en un best seller, de ahí me fui a Plaza & Janés y después a Planeta. De repente estaba publicando en un montón de idiomas y siendo best seller en un montón de países, así que digamos que me vi atropellado por la literatura. Y un día descubrí que me lo pasaba mejor escribiendo que asesinando jurídicamente a personas, así que decidí que el abogado se iba y se quedaba el escritor. Fue una decisión muy simpática, además, el día que lo decidí me fui a cenar a casa de mis padres y les conté que cerraba el despacho, que renunciaba a mis clientes y a la carrera que había estudiado, que me iba a dedicar a escribir. Mi padre, muy serio, se me quedó mirando, apoyó el tenedor en la mesa y me dijo: "entonces, a partir de ahora vas a vivir del cuento, ¿verdad?". Y yo le dije: "literalmente, lo has entendido a la perfección". (risas)

- ¿Crees que Internet y las redes sociales suponen una ayuda para los escritores nóveles?

- Creo que Internet no es intrínsecamente bueno ni malo, es bueno o malo el uso que se hace de él. Internet puede ser muy bueno y también muy pernicioso. Es muy bueno en el sentido de que permite que se horizontalice la crítica literaria y no haga falta salir en Babelia o que te publique una editorial para llegar a montones de personas. Pero también hay veces que hay muchas críticas destructivas de gente que piensa que es crítico literario y en realidad es un hater profesional, así que hay que saber encajar las críticas con ecuanimidad, también las buenas. Además, vivimos en un mundo totalmente distinto a hace unos años y tenemos que aprender a utilizar las herramientas de ese nuevo mundo, eso es muy importante. Pero sobre todo Internet obliga a tener un contacto directo y continuo con tus lectores, la época de escritores como Cela o Umbral que escribían y después se quedaban en su casa haciendo sus cosas ya ha terminado, ahora los autores tienen que tener un contacto directo con sus clientes, que son los lectores. Este contacto es muy refrescante, porque te sirve para que tú sepas si estás haciendo las cosas bien o mal.

- Sin embargo, en este nuevo mundo digital hay mucha competencia, prácticamente infinita. ¿Qué le recomendarías a un escritor que quisiera destacar en Internet?

- Varias cosas. Primero, que si escribe lo haga para divertirse, no porque pretende llegar a algo, si no te lo pasas bien escribiendo se va a notar. Segundo, que no se obsesione con llegar a un determinado número de lectores o con que le fiche una editorial, todas esas cosas van a llegar si eres bueno. Tercero, que no se crea ni la crítica más deslumbrante ni la más destructiva, hay gente que tiene más criterio y otros que tienen menos, pero aquí hablamos todos por igual; diferenciar las críticas a las que tienes que hacer caso de las que no es algo que solo se aprende con la experiencia. Y por último, que nunca baje los brazos, porque esto es una carrera de fondo, es muy complicado entrar en el mundo editorial y conseguirlo implica que vas a tener que pedalear mucho, que vas a tener que escribir mucho, leer muchísimo y reescribir muchísimo, y no se puede perder nunca la ilusión. Y si soportas todo eso al final llegas a un momento que es absolutamente mágico y único, que solo sucede una vez, y es el momento en el que llega por primera vez a tu casa un ejemplar de algo que has escrito tú. Te pueden llegar muchos libros con el paso de los años, pero la sensación del primero, de cogerlo, ver tu nombre en la portada, ver tu foto en la solapa, abrirlo, poder tocarlo, olerlo... Es indescriptible, es un momento de superación personal, de decir "lo he logrado". Y ese momento merece la pena. Insisto, es un camino largo y complicado, pero se puede conseguir.

Por otra parte, una cosa es escribir y otra cosa es vender libros, hay que diferenciar eso. Triunfar en el mundo literario exige varias cosas: un pequeño porcentaje de talento, un enorme porcentaje de trabajo y un enormísimo porcentaje de suerte. Tienes que tener las tres cosas y conseguir alinearlas para que todo vaya bien, a partir de ahí la cosa ya depende de otros factores, pero para empezar necesitas eso.

- Después del éxito de esta última novela, ¿en qué proyectos estás trabajando o te planteas trabajar en un futuro próximo?

- Yo soy como los niños hiperactivos, necesito días de 26 horas. Aparte de estar en promoción con Veinte, estoy preparando un proyecto multimedia para Planeta, también estoy trabajando en un proyecto para Storytel, estos señores suecos que van a desembarcar en España y pretenden revolucionar el mundo editorial, y estoy preparando además un par de adaptaciones audiovisuales. Por si no tuviese suficiente, ya estoy poniendo los palos de la siguiente novela, porque a veces las historias te atropellan y esta historia estaba ahí y tenía que contarla, me estaba persiguiendo y tenía que empezar con ella. Además de todo esto, tengo una columna en La Voz de Galicia todas las semanas y todos los fines de semana tengo una doble página en El Mundo. También estoy desarrollando un juego de Apocalipsis Z, y tres o cuatro cosas más. Desde luego no me aburro, pero creo sinceramente que hay un momento para todo y cuando surgen las cosas tienes que hacerlas, porque si te las guardas se envenenan, se emponzoñan y pueden hacer de tapón para otras ideas. Y ocurre que cuantas más cosas sacas adelante, más cosas van apareciendo después, es genial.

Sandra Alquézar es Graduada en Periodismo por la UZ. Trabaja en la sección digital de El Periódico de Aragón y colabora en Redaragon. Lectora voraz, escritora aficionada, consumidora incansable de música y cinéfila.

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