De copas

Santi Rex: 35 años de cultura nocturna

Sergio Falcés. 11/06/2014 - 12:59 h.
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Santi Rex. Foto: Gustaff Choos

Texto: Sergio Falcés
Fotos: 
Gustaff Choos // Jaime Galindo // Rogelio Allepuz // Ángel de Castro

Carisma y voz principal del grupo zaragozano Niños del Brasil, Santi Rex, visible y cercano desde los locales más inquietos de Zaragoza, le debe a la cultura de bares una gran parte de sus conocimientos musicales. Claro, que los locales zaragozanos no están en menos deuda con él ya que han sabido nutrirse ampliamente de sus neuronas creativas. La música en directo, los djs, las conversaciones entre melómanos… todo suma y prácticamente 35 años de ocio nocturno le han hecho crecer a Santi hasta convertirse, más allá de su faceta como músico y discjockey, en un verdadero erudito cultural, siempre un paso adelante, como referencia de la modernidad zaragozana que sigue siendo a día de hoy. Mr. Rex tiene siempre mucho que contar.

-- Santi, han sido muchos años descubriendo lugares inquietos, escuchando música y disfrutando del ocio nocturno. ¿Pero cómo empezó todo?. ¿Cuál fue ese primer local que te marcó de verdad?

-- El primer bar al que tuve verdadero interés en ir fue el Escaparate, en la calle Moncasi, un pequeño sótano lleno de sueños y recuerdos. Allí conocí a muchos amigos, como con los que después montaría mi primera banda, Condición Humana, con la que actué allí el día de San Jorge de 1983, creo recordar, o la segunda y más conocida, John Landis Fans. Y conocí también allí a muchas otras personas maravillosas, como Mauricio Aznar, Javier Losilla... Había otros locales históricos, como El Plató, el BV-80 o el Rose... pero el Escaparate fue el inicio de mi interés por la música.


La Piedra de Blarney. Foto: Ángel de Castro

-- ¿Y el último que hizo mella en ti?

-- Evidentemente si hablamos en pasado, La Estación del Silencio ha sido mi casa durante 25 años... Por la música, su ambiente, la gente, sus dueños, sus camareros... Digamos que la mitad de mi vida ha pasado en la Estación. De ahí me viene el que estoy más a gusto detrás de la barra o de la cabina de un bar, que delante.

-- ¿Qué grupos, discos y estilos han calado más en ti gracias a la influencia de los bares?

-- Más que grupos o estilos, yo creo que me han marcado discjockeys. Chema Bernad en el Zoo, Jordi Lord Sassafras en Pachá, Cachi en el Rose, Julio A. Cuenca en el Central, Boch en la Estación del Silencio -que me enseñó a escuchar pop-, el Traper en el Pandora y demás bares de la calle La Paz... Me gustaba cuando los bares tenían discjockeys residentes, alguien que conducía toda la sesión y daba forma y sentido al local. Bueno, eso pienso yo, que iba a los bares por la música. O no iba por la música también...


Buitaker. Foto: Jaime Galindo

-- ¿Y en las facetas de directo que bandas te han marcado más desde Zaragoza?

-- Relativamente reciente me impactó ver a Echo and the Bunnymen en la Multiusos. Y los Ramones, por supuesto. Y Suede, y Placebo, y The Mission, y Prince, y WASP, y Michael Monroe... Y Amaral abarrotando el Príncipe Felipe, y Fangoria haciendo todos sus éxitos en la Plaza del Pilar, y el año del pregón del Bunbury...

-- ¿Y conciertos tuyos?

-- Obviamente, el concierto de Niños del Brasil que más ha marcado a todo el mundo fue el que dimos con Héroes y Las novias en la Romareda en 1991 ante 20.000 personas. Pero yo casi que me quedo con llenar dos días seguidos la En Bruto o con otros dos llenazos que hicimos en el Oasis. Y la última edición del Festival Benéfico Tejiendo Esperanzas en La Casa del Loco, en donde actúo aparte de Niños del Brasil, fue especialmente grata y emotiva.

-- ¿Alguna pinchada tuya en Zaragoza que no olvidarás jamás?

-- Recuerdo muchas. Muchísimas. Era muy divertido, por ejemplo, pinchar con Bunbury en la Estación, cada uno en un plato, intentando chafar y sorprender al otro en cada canción. Se conseguían así unas sesiones increíbles. Pero creo que lo más curioso fue la única vez que he pinchado en La Casa Magnética con vinilos (¿Agus, por qué no he vuelto?). Como los Lps pesan mucho y ya soy perro viejo, cuando pincho vinilos sólo llevo singles y me planté con una ridícula bolsa con apenas 50 singles. Agustín se quedó mirándome un poco desconfiado, preguntándose si iba a tener suficiente para toda la noche. Le dije que sí, que tranquilo, que todos eran buenos, hasta las caras Bs... Efectivamente me sobraron temazos. Y cuando terminé todo el mundo se puso a aplaudir. No sé si era normal en el bar, pero me da que no (risas).


Devizio. Foto: Rogelio Allepuz

-- ¿Hay algún momento especialmente álgido para ti respecto a clubes, locales y bares en Zaragoza?

-- Muchos. Yo no era muy de Doctor Cerrada cuando tuvo su esplendor en la segunda mitad de los 80s, por ejemplo, pero íbamos por allí a probar nuestras maquetas porque aquellos bares sonaban de muerte. Siempre recordaré la época del "Like a Prayer" de Madonna, de ir a bailar sólo esa canción al DC-14. Y me encantan también los pequeños reductos, como El Mar de Dios, que era una joyica. De mis mejores pinchadas como dj de pop creo que fueron allí.

-- Esos son muchos años de cultura nocturna, ¿no?

-- Pues contando con que ya tengo 50 y a los 15 ya me echaban del Rose por ser un crío sin un duro... pues muchos años. Yo tuve la suerte de parecer algo mayor y que entonces las legislaciones no fuesen tan estrictas o se hiciese más la vista gorda. Hoy por hoy, por mi edad, me habría perdido todas las actuaciones del Plató, por ejemplo, como Parálisis Permanente, Derribos Arias y el Aviador Dro. Y seguramente sería una persona diferente. Y si la Estación del Silencio era como mi casa, El Central era como la casa de mis amigos. Un lugar de conexión y de eclecticismo, digno sucesor del original Caligrama, que se abrió en un principio con el ambicioso planteamiento de bar-librería-sala de exposiciones. Los 80s realmente fueron increíbles para aquellas cosas. Y toda aquella zona: El Cairo, el Apotheke...


El Pachito. Foto: Jaime Galindo

-- ¿Qué cambios destacarías en todo este tiempo?

-- No quiero parecer un abuelo recalcitrante, pero sí, sin duda: todo tiempo pasado fue mejor. El peor cambio del ocio nocturno de esta ciudad, y de todas, es que la música ha dejado de interesarle a la gran mayoría del público. Si te tomas dos cervezas, hasta puedes volver a oír la misma lista de reproducción... algo patético. La música hortera, fácil y comercial es la que predomina y gusta en la sociedad actual. Los reductos poprockeros cada vez sobreviven peor. Y eso que ésta fue una ciudad bandera en lo que a música se refiere.

-- Ciudad de referencia musical gracias en realidad a la gente que ha creado su vida cultural

-- ¡Uy! Yo siempre he ido a los bares por los amigos, como Conchi en la Zeta y Andrés en la En Bruto, que era fantástico como dj. Era maravilloso tener una sala así con rock para bailar. Y lo de camareros y músicos siempre ha estado muy relacionado. Como Copi en la En Bruto, Pedro Novias en el Tal y Cual (creo recordar), Sergio Vinadé en El Fantasma de los Ojos Azules, Fernando Frisa y los chicos del Gol de Nayim en el Candy Warhol, El Luto del Rey Cuervo y su Teatro de las Ánimas, Sergio Algora en la Estación, Enrique Moreno en el Bacharach y el mismo Pedro Andreu en El Central.


La Pascualilla. Foto: Jaime Galindo

-- Y no han sido pocos los empresarios que han invertido en un ocio relacionado directamente con la música, ¿no?

-- Julio y Juan, por ejemplo, crearon un ambiente maravilloso en el Mar de Dios -con Encarna, siempre bella, en la barra de arriba--. Como Suso y Paco en El Escaparate; Telex en el Ilium; Urko en el Paradis; Óscar y la Rocker en el Crom; Tito en el Bandido; Agustín en La Casa Magnética; Jorge Puyuelo en el Pop, el Pulp o el Jarvis; David en el Pequeño Café del Rock...

-- ¿Qué destacas del panorama de bares actual?

-- No salgo mucho, la verdad, o eso me quiero creer (risas). Como me hago viejo, cada vez me gusta más el rollo vermut y terraza, beber, picar y charlar, como en El Corazón Verde, el Vinagre & Rock o L.A. Comedia. Voy a ver conciertos, como los de los jueves en El Casto Café, con una programación de quitarse el sombrero. El Eccos, La Lata de Bombillas, La Ley Seca... Para charlar y estar tranquilo con los amigos, el Harlem o El Puerto de las Ánimas. Y para pinchar, desmadrarme y hacer el indio, el Alquimia sin ninguna duda. Ahora mismo es el único que me parece divertido.


Café Universal. Foto: Jaime Galindo

-- ¿Y algunos sitios imprescindibles para vivir la música y el ambiente de hoy exprimiéndolo a tope?

-- Lo de exprimir a tope lo dejo ya para el zumo de naranja del día de después (risas). Mis últimos desmadres reconocidos creo que han sido en la López con los maravillosos Starkytch Pinchadiscos, algún postconcierto en la Oasis con el grandísimo Santi B. y mi última pinchada en el Alquimia en la que, modestamente, estuve genial (risas).

-- ¿Qué sueles pedirte en la barra? ¿Has cambiado de gustos con los años?


Metro. Foto: Jaime Galindo

-- Suelo beber cerveza. Pero he de reconocer que me gustan todos los alcoholes. Solos, mezclados, revueltos, con sal, con picante, con lo que sea, pero sin tónica. He bebido durante años Four Roses con Bitter Kas, que está delicioso (risas). Luego pasé a mezclarlo con Coca Cola porque en ciertos bares me miraban raro. Luego empecé a alternarlo con whisky y últimamente he vuelto a la infancia y bebo ginebra con Coca Cola, que me encanta, pero me sienta fatal.

-- ¿Se es viejo para salir por la noche?

-- Supongo que sí. Pero entonces, decides empezar a salir de día, que parece que es más respetable. Yo salir es que no salgo. Voy a ver algún concierto o a algún amigo que pincha... ¡y luego me lío! (risas).

-- Aconséjanos, por favor, un plan para un sábado cualquiera en Zaragoza

-- Vinilos con vermut en Linacero Café. Caña y pepinillos en el Vinagre & Rock. Menú y café en L.A. Comedia. Paseíto hasta el Harlem. Conciertazo en el Eccos y hasta el centro andando para rebajar un poco y coger con gusto el primer chupito en el Alquimia. ¡Y ahí ya puede pasar de todo!. Los jóvenes pueden continuar en el Páramo, la sala Zeta... o irse a casa a estudiar para ser unos hombres de provecho, ¡no como yo!.


Desastre. Foto: Jaime Galindo

-- Y si nos calzamos un Delorean y pasamos los 140 km/h retrocediendo 30 años… La noche supongo que sería bien distinta

-- A ver.... A finales de los 80s podría haber sido... quedar con Nacho en la Plaza San Francisco, perrito caliente con bien de Tabasco en el Timple, cervezas en el Bandido y en la Estación del Silencio, cena en la Bodega del General, carajillo exótico en el Crom, visita obligada al Central, ir al Cairo a buscar a los que se nos han perdido, bailoteos rockeros en la En Bruto, bocata mastodóntico en el Serlos, para terminar en algún antro inmundo maravilloso como el Hendrix, o el Laberinto, o La Gruta o lo que estuviese abierto en aquella época... y a esas horas.

-- ¿Se te queda algo en el tintero, Santi?

-- No he nombrado el KWM, donde fui dj durante 4 años. Los más excitantes de mi vida, supongo. El templo de la modernidad y la evasión. Maravilloso. Sinceramente, creo que tengo un ángel de la guarda más grande que la Romareda, al que nunca podré estar lo suficientemente agradecido por haber cuidado de mí en tantas ocasiones.


KWM. Foto: Jaime Galindo

 

"Apasionado del Aragón musical tengo el gran privilegio de relatar cada día este fenómeno cultural. Los conciertos, las salas y los bares son mi principal fuente de información".

Sergio Falces (@sergiofalces) es Máster en Periodismo y Comunicación por la Universidad de Zaragoza. Ha cursado en este mismo campus Magisterio de Educación Musical y tiene el título de Formación Profesional de Informática de Gestión. Combinando todo ello, conduce desde 2004 el portal aragonmusical.com. Además es uno de los coordinadores de la revista Mondosonoro Aragón y, entre otras labores, dirige los Premios de la Música Aragonesa. Muy conocedor de las redes sociales aplicadas a la cultura.

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