Ocio y Cultura

Marcos Chicot (Finalista del Premio Planeta 2016): "Ya no quedan figuras tan brutales, disruptivas y únicas como Sócrates"

El escritor acudió el martes 24 de enero a la sala Ámbito Cultural del Corte Inglés para hablar sobre “El asesinato de Sócrates”, una novela con la que quedó finalista del Premio Planeta

Laura Latorre. 26/01/2017 - 9:49 h.
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El Club de Lectura de Ámbito Cultural se reúne cada mes. Foto: Laura Latorre

El escritor Marcos Chicot participó el pasado marte en el Club de Lectura de Ámbito Cultural de El Corte Inglés con su novela El asesinato de Sócrates, novela que le ha requerido años de documentación y un trabajo duro y constante y con la que quedó finalista del Premio Planeta. La sala se llenó y fueron varios los lectores que felicitaron a Chicot por su obra y le preguntaron por diferentes aspectos de la misma. En el acto, presentado por Julio Cristellys, Chicot explicó que "Sócrates no es el principal protagonista de la acción de la novela pero sí del conocimiento. Ni entonces ni ahora gusta que la gente piense, reflexione y razone. Lo más fácil para arrastrar a las masas es que no pienses. Sócrates era molesto porque quería que la gente reflexionase".

Además de una novela histórica, El asesinato de Sócrates es una novela de intriga pues la tensión comienza en el prólogo y no se resuelve hasta la última línea del último párrafo. El éxito que está teniendo se debe también a su vertiente divulgativa ya que, en opinión de Chicot, "a todo el mundo le gusta aprender, pero estudiar no. Cuanto más trabajo hace el escritor, menos trabaja el lector". Aprovechando que Marcos Chicot acudía a Zaragoza, pudimos hablar un poco más a fondo con él sobre su novela, sus diversas motivaciones y, por supuesto, sobre Sócrates y la Grecia Clásica.

- ¿Qué queda por preguntar a un finalista de un Premio Planeta?

- (Risas) No sé, no me viene nada a la cabeza porque intento que las entrevistas y las presentaciones sean charlas y siempre digo lo mismo: no vengo con un guion para enlazar un tema con otro, espero que la gente me pregunte lo que vaya surgiendo. De hecho, cada vez cuento lo que me viene a la cabeza, que es lo que me apetece, porque si no sería terrible. Mi mujer me pregunta que qué periodistas me han entrevistado o de qué medios y le digo: "no sé, se sienta gente simpática conmigo y charlamos", y así lo enfoco. Es la forma más agradable de hacerlo, si no sería una parte muy dura y cansada del trabajo. Escribir es muy duro y solitario, en mi caso sobre todo por cómo me planteo la escritura y la exigencia de estas novelas con tanto rigor. Me exijo un esfuerzo brutal: trabajo doce o catorce horas al día durante el último año, de lunes a sábado y el último año incluso el domingo. Es una vida muy dura y muy solitaria entonces la parte social en la que hablas con periodistas, libreros, pues ya es una diferencia muy agradable.

- Además, para entonces la novela ya no está solo en tu ordenador, sino que ahora la gente la ha leído y puedes comentarla...

- Sí, además eso, que estás siempre escribiendo como para un lector. La cabeza está dividida: la mitad del cerebro es el escritor y la otra mitad el lector. Entonces le estoy hablando a un lector imaginario y le quiero hablar a un lector de verdad, que es muy agradable.

- ¿Cómo están siendo estos meses? ¿Cómo te ha cambiado la vida?

- El otro día me preguntaban qué me ha supuesto el Premio Planeta y yo decía que lo primero alivio, porque este es mi único trabajo y por lo tanto la única fuente de ingresos de mi familia. Yo invierto años en una novela, entonces del rendimiento que yo obtenga depende la situación material de mi familia. Entonces es un alivio tremendo, la siguiente novela puedo escribirla con tranquilidad. Además, puedes llegar a muchos lectores que si no, no llegarías y que te dan un voto de confianza por ser premiado en el Planeta.

- ¿El premio te ha dado más visibilidad para difundir tu mensaje en contra de los prejuicios que hay contra el Síndrome de Down?

- Sí, siempre digo que está muy unido. Estoy contando dos cosas con mis libros: estoy contando la historia del libro pero también la del Síndrome de Down. Gracias a la capilaridad que tienen los libros, la literatura, le doy esta función social y ya que llego a tanta gente tengo algo que decirles a parte de los libros. La realidad es mucho más positiva que los prejuicios. Los prejuicios siempre se basan en ideas que se van extendiendo lentamente en la sociedad. Hace unas décadas era lógico que se tuvieran estas ideas porque la gente con Síndrome de Down estaba encerrada, no se la estimulaba, no se desarrollaba. Sin embargo desde hace 25 o 30 años las cosas han cambiado pero este conocimiento todavía no está en la sociedad. Ellos tienen mucha capacidad, se vio que cuando se empezaba a educar se desarrollaban muchísimo más. El prejuicio es el mayor obstáculo que tienen para integrarse en la sociedad. Es fácil disolverlo porque simplemente es dar un poco de información. En los libros no puedo ponerme a soltar un rollo muy largo pero en mi página web hay un pequeño artículo en el encabezado que te permitirá tener una visión diferente. Por otro lado, yo que he pasado por todo este proceso de recibir la noticia, ir adaptándote y conociendo el Síndrome de Down, viene bien verlo y normalizarlo. Creo que es bueno para gente que acaban de recibir la noticia, que alguien diga "Marcos Chicot, el escritor este tiene una hija con síndrome de Down y se le ve tan contento y orgulloso y feliz y su hija es avispada, lee desde los cinco años y hace muchas cosas".


El Club de Lectura de Ámbito Cultural propone una lectura cada mes. Foto: Laura Latorre

- ¿Con qué prejuicios te encuentras?

- Es el desconocimiento más que otra cosa. Es sobre todo las caras: la gente se queda mirando, no saben cómo reaccionar, se asustan un poco. Es el temor a lo desconocido. Produce un poco de rechazo y luego simplemente intentas apuntarla a una academia y la respuesta normal que sueles encontrarte es que no porque tiene síndrome de Down. Pero hay que darle una oportunidad, tiene una gran capacidad y luego resulta que es verdad, que se integra muy bien. Hay que darles oportunidad, hay que probar.

- ¿Tu hija Lucía, cómo está viviendo este momento tan importante para ti?

- Ella lo vive como una niña de siete años, le hace gracia. Pero no puede comparar, ella está acostumbrada a verme en la televisión o en los periódicos, le gusta mucho cuando vamos a librerías y ve mi libro. Ya sabe leer, tanto ella como Daniel su hermano que tiene cuatro años, entonces siempre están viendo mis libros. A mí me hace ilusión que a ellos les haga ilusión.

- ¿Por qué la figura de Sócrates sigue siendo fundamental 2.500 años después de morir?

- Tiene tantas cosas que necesito 700 páginas para contarlo. Es el padre del Humanismo, del Racionalismo, de la filosofía moderna. Es el iniciador de muchas cosas. Si hablamos de los presocráticos es porque Sócrates marcó un punto de inflexión, es un hito, una frontera, un antes y un después. Él es el primero que hace muchas cosas muy importantes. Suena etéreo hablar mundo del pensamiento pero es que, al final, el mundo del pensamiento se transforma en todas las ciencias y en el conocimiento y en todo lo que somos. Sócrates es uno de los grandes maestros que tenemos. Hizo muchas cosas, que se van viendo en la novela. Simplemente, el hecho de que dedique su vida a la Justicia y el Conocimiento ya nos sirve como guía y como maestro. Intentar desarrollar nuestro potencial y seguir una vida de justicia es lo ideal te conduce a la felicidad. Jerofonte, uno de sus discípulos, le definía como el hombre más feliz y más sabio. Creo que era feliz precisamente por dedicarse a desarrollar su potencial y dedicarse a lo justo. Creo que es una guía perfecta para cualquiera.

- La Grecia Clásica no pasa de moda, es algo que está en los cimientos de nuestra civilización, ¿qué enseñanzas se pueden rescatar y aplicar a nuestra sociedad actual?

- Precisamente Sócrates es el que destaca porque se opone a la corriente habitual política. Lo que surge en esa primera democracia del mundo son los primeros políticos profesionales, las primeras corruptelas y los primeros demagogos y eso estaba potenciado y apoyado por la filosofía más dominante entonces: los sofistas, maestros de la dialéctica y de la retórica. A ellos les daba igual la veracidad o la justicia de un argumento, lo importante era obtener el éxito, vencer en los debates. Que haya justicia les daba igual, lo que ellos querían era convencer a la gente y que les votaran a ellos. Eran los maestros de los políticos, que los contrataban para aprender a vencer. Sócrates estaba en contra de este movimiento y decía que hay que pensar qué es lo justo como una idea general universal que podamos extrapolar. Ahí era un poco ingenuo porque creía que si conocías lo justo, lo seguías y que si hacías lo incorrecto era por desconocimiento. Habría que seguir las enseñanzas de Sócrates, por eso se le considera el padre del Humanismo y de la filosofía moral porque es el primero que se puso a pensar en eso. Ya luego sus discípulos crearon las distintas corrientes de filosofía moral. Con lo cual tenemos que aprender de Sócrates. De Grecia podemos aprender que es muy parecido a la actualidad: ver lo bueno y malo que hacían ellos nos sirve un poco como espejo porque hace reflexionar. En la novela no pongo moralinas pero sí invitaciones a la reflexión.

- ¿Ya no quedan filósofos y figuras del pensamiento como entonces?

- Hombre, hay gente que se dedica a buscar la verdad, tenemos ahí a los periodistas, hay gente que se dedica a enseñar, como los maestros. Pero personas tan brutales, tan disruptivas, tan únicas, no. ¿Por qué nos acordamos de Sócrates después de 2.500 años y no de tantos hombres que había entonces? Porque es único y el primero que hace muchas cosas muy importantes. Quizá necesitamos perspectiva, dentro de 200 años podremos decir que en el siglo XXI hubo un hombre o una mujer que fueron los primeros que hicieron esto o lo otro y que cambiaron la civilización. Quizás, hoy por hoy no te sabría decir, no tengo esa referencia. Aparte, tampoco surge uno cada año. En 2500 años, con los dedos de las manos los contamos. Pero desde luego andamos un poco huérfanos, sobre todo en la vida política.

- ¿Cómo introduces ficción dentro de los hechos históricos reales?

- Me cuesta mucho porque primero tengo que saberlo todo. Con Pitágoras fue difícil pero con Sócrates lo ha sido mucho más porque hay una información infinita que no puedo abarcar. Me dedico a ir seleccionando y estoy un año o año y medio documentándome, lo que equivale a unas 50.000 páginas de documentación. Tomo notas, tengo como 800 páginas de notas que son las que consulto mientras escribo la novela. A veces, me dedico una semana a repasar las notas para refrescar todo. Tiene que estar todo muy claro y con mucho detalle. En mis libros en general yo no quiero hacer un decorado histórico de unos hechos ficticios. Yo lo que quiero, como objetivo al mismo nivel que el de entretener, es reconstruir lo más relevante de todo aquel mundo. Quiero que el lector aprenda de la Grecia Clásica pero no una o dos cosas, sino todo lo más relevante. Por eso me obligo que la trama tiene que pasar por el Oráculo de Delfos, los Juegos Olímpicos, tenemos que tener batallas, hay que pasar por el Acrópolis, ver cómo se construyen los monumentos, cómo son las asambleas políticas... todo lo relevante del mundo clásico lo quiero mostrar. Cuando ya tengo clara la urdimbre histórica ya sé cuáles son los recovecos por los que puedo ir metiendo un hilo de ficción que no choque con la parte histórica, porque nunca me permito una licencia. Eso nunca lo hago, el límite siempre me lo marca lo histórico. Tengo que conocer todos los límites, luego voy metiendo el hilo de ficción que le da ritmo, la intriga que vertebre toda la novela, etc.


El escritor Julio Cristellys presentó a Chicot. Foto: Laura Latorre

- ¿Qué te llevó querer dedicarte a la escritura?

- Trabajé como economista, luego como psicólogo y como algo paralelo iba escribiendo como hobby. La primera novela, cuando la acabé, me dio un escalofrío, fue una sensación muy tensa y agradable. Pensé que iba a dedicar toda mi vida a hacer eso pero como hobby, nunca pensé que podría ocupar todo mi tiempo. Es maravilloso: no tienes ningún límite, puedes hacer lo que quieras cuando escribes, es la creatividad pura. Eres una especie de Dios: creas vidas, las destruyes, haces lo que quieres. Además, en este caso, la tarea divulgativa es de lo más gratificante que hay. Mucha gente me escribe para decirme que está buscando más información sobre Grecia tras leer mi libro. Todo esto es lo que más feliz me hace. Cuando nació mi hija Lucía decidí hacer una novela súper ambiciosa para la que necesitaba escribir de sol a sol y gracias a eso podría tener más potencial. Fue en 2009, aparqué todo y me dediqué tres años solo a escribir. Gracias a eso salió "El asesinato de Pitágoras", que de otro modo hubiera sido imposible escribir en ratos libres. Como este libro salió bien decidí intentar algo más complicado: irme al centro, a lo más rico y a lo más interesante (y por lo tanto lo más difícil para mí como escritor) que son los años gloriosos de la época clásica con Sócrates. Ha sido un trabajo terrible, mortal casi, pero gracias a esto está aquí el libro.

- ¿Se podría decir que poder dedicarte a la escritura en exclusiva es un sueño hecho realidad?

- Sí, porque como te decía es lo más gratificante y te permite tocar todos los campos. Echo de menos ayudar a la gente con la psicología pero como está el tema también del Síndrome de Down, que hice un video al que di mucha difusión y veo que me ayuda a mucha gente, lo han visto 60.000 personas y me escribe gente diciéndome que le ha venido muy bien. Sigo teniendo la gratificación y el 10% de las novelas van para fundaciones. Con lo cual esa parte también está colmada con la literatura. Así que soy feliz escribiendo.

- ¿Estás pensando ya en una nueva novela?

- Sí, necesito mucho tiempo. Me echa para atrás el esfuerzo supremo que me ha supuesto esta novela, literal, física y mentalmente. Escribir tanto y ver a los niños solo para acostarles se hace un poco duro. El despacho en el que escribo le llamó la mazmorra. No me levanto ni para comer, me llevo un tupper y estoy catorce horas sentado. Es muy duro, entonces meterme otra vez ahí... me lo estoy planteando de otra manera, quizá sin trabajar los domingos. La primera parte de la novela, la documentación, es la más agradable, la que más aprende y te permite creatividad pura. Ahora estoy con Platón, voy a por él porque queda mucho por contar. Lo ideal sería una trilogía: Sócrates, Platón y Aristóteles y con eso cubro toda la Grecia Clásica porque son muchísimos años, si los dioses me dan salud seguiré con ello.

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Laura Latorre es graduada en Periodismo por la Universidad de Zaragoza. Ha trabajado en la sección de Cultura de El Periódico de Aragón y ahora colabora en RedAragón y en Zero Grados. Se define como lectora y escritora vocacional y melómana

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