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Gonzalo Giner: "La edad media no es solo el caos este que nos han vendido, todo lo contrario"

Su novela "Las ventanas del cielo" fue protagonista en la sesión de abril del club de lectura de Ámbito Cultural de El Corte Inglés

Redaragon. 05/05/2017 - 9:26 h.
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Gonzalo Giner. Foto: Laura Latorre
Las ventanas del cielo se centra en la construcción de vidrieras en catedrales góticas, ¿se trata de un reconocimiento a unos artistas que están un poco olvidados?

Por supuesto. Los maestros vidrieros han sido considerados desde hace mucho tiempo como artesanos cuando realmente son auténticos artistas. Así como conocemos nombres de pintores, escultores, arquitectos, en el caso de las vidrieras los artistas son totalmente desconocidos. Yo cuando empecé a meterme en este mundo era el primero que no sabía decir ni un solo nombre de los maestros que, por ejemplo, crearon las vidrieras de la Catedral de León. Pero en la época sí que se conocían los nombres de los buenos maestros vidrieros.

Lo sorprendente es que cuando tenían un encargo no solamente estudiaban las medidas, sino que calculaban las horas de luz iba a recibir cada vidriera según la orientación... cuando ya sabían la temática, pensaban qué colores iban a ser los dominantes según la escena... Por ejemplo, para escenas alegres como la Resurrección, utilizaban colores claros, azules suaves... Cuando eran escenas de la Pasión usaban colores oscuros y los ubicaban en la zona del poniente porque había menos horas de luz... En los contratos se especifica incluso hasta la cantidad de vidrio de determinado color que la vidriera debía llevar porque unos vidrios eran más caros que otros... Todo eso era una obra de arte solo en la concepción.

¿Cómo comienza tu fascinación por las vidrieras?

Pues el primer encuentro fue en París en la Saint Chapelle, la primera vez que entré tendría 23 ó 24 años y me quedé perplejo. Además hacía un día precioso con una luz espectacular... el aire estaba como teñido de colores malvas, azules, rojos, amarillos y fue impresionante. Entras ahí y ves todo vidrio, casi hasta el suelo, con el rosetón detrás... Eso me dejó muy impactado. Luego, por trabajo he tenido que ir muchas veces a León, que es el ejemplo máximo de las vidrieras más antiguas, el templo con más riqueza de vidrieras en España. También me afectó mucho la de Milán porque estaba visitando a mi hija que estaba haciendo un Erasmus allí y cuando la visité era la hora del día en la que entraba el chorro de luz por el rosetón y el color iba por el pasillo central que parecía que iba entrando cada vez más... Me dio en toda la cara y en ese momento pensé ¿por qué no intento investigar qué hay detrás de estos artistas que hacían maravillas de este estilo?. Ese fue el origen para pensar en una trama relacionada con este mundo.

Uno de los escenarios principales de la novela es la Cartuja de Miraflores, de Burgos. ¿Por qué esa en concreto?

Digamos que en el arte de la vidriera en España hay como dos grandes momentos: uno es el inicial que coincidió con la construcción de las primeras catedrales góticas en el siglo XII y XIII. En este momento los dibujos de las vidrieras están hechos más a través de los plomos. Los vidrios eran más pequeños y se rompían mucho, no podían cortarlos con diamante porque esa tecnología no se había inventado. Tenían que cortar los vidrios, que son de un milímetro y medio de grosor, finísimos, con un hierro incandescente y se rompían un montón. Eran carísimos de hacer. Digamos que ahí existía un arte más basado en el color, en el efecto de la iluminación, en el juego de los grosores de los cristales para conseguir una gama u otra de colores.

Pero cuando llega el siglo XV, que es cuando se desarrolla la novela, hay una coincidencia de una entrada del arte flamenco y sobre todo de la zona de Lovaina, Amberes, donde se establecen unos talleres de maestros vidrieros que trabajan con vidrios más grandes, no hay tanto plomo e inventan unos pigmentos (que ya empezaban a trabajar unas décadas antes) que eran amarillo plata y que les permitían conseguir una mayor riqueza en el colorido... Empiezan a poder pintar más... En España, ese salto de lo anterior que era más simbólico, a lo pintórico, se produce en la Cartuja de Miraflores. Es un proyecto que encarga la reina Isabel para enterrar a sus padres. Encarga a un mercader de lanas, muy conocido de la época y que tenía delegaciones por toda Europa, esas vidrieras que están empezando a aparecer en Flandes. Por eso las primeras que llegan a España son esas y son una barbaridad de bonitas. Hay expresividad en los rostros... las ves y podrían ser cuadros colgados en una pinacoteca.

Cuando descubro toda esta historia con un comerciante de lanas se me va creando ya la historia. El protagonista es el hijo de un comerciante de lanas que tiene sus problemas con su padre, huye de su destino y emprende un viaje que, inicialmente, es el viaje que hace la lana hacia Flandes y entre medias tiene una serie de incidencias: se embarca en un barco ballenero, aparece en un desierto en Túnez queriendo hacer negocios con la sal...

¿Qué países eran los más destacados en el oficio de las vidrieras en el siglo XV?

Sobre todo los franceses. En España aparece el primer taller de vidrieras en Burgos en 1480 y el dueño se llamaba Arnau de Flandes, vino de allí. Pero los talleres más importantes estaban sobre todo entre Lovaina, Amberes, Dante... lo que es la Bélgica actual, y Alemania y Francia. Francia fueron los primeros. En Inglaterra también había grandes vidrieristas. En España fuimos más retrasados, comprábamos las vidrieras hechas o las encargábamos y venían por barco desde todos esos destinos hasta los mismos puertos cántabros por donde salía la lana.

Todo el mundo reconoce la importancia, la majestuosidad de las catedrales pero ¿y las vidrieras que le aportan tanta belleza y color?

Las catedrales se pretendía que fueran centros que dignificaran la presencia de Dios en ellos pero también que ayudaran a los fieles a elevar su espíritu hacia a Dios. Para la época eran edificios muy altos. La gente vivía en una planta y de pronto se encontraban con eso tan enorme... Las vidrieras te daban doctrina (para eso se hacían, porque te explicaban la Biblia) y el conjunto buscaba elevar el espíritu. En Saint Chapelle en concreto tuve la sensación de flotar. Y es verdad que no nos hemos fijado mucho en ellas. A veces están muy altas y no se distinguen bien los dibujos. Todo eran técnicas, desde fuera no tienes la misma percepción de las vidrieras que desde dentro. Desde fuera las ves como sucias y dentro es pura luz como si tuvieran luz eléctrica. Hay técnica detrás porque los dibujos interiores solo se dibujaban en la parte interior, en la otra no. Salvo cuando aprenden la técnica del amarillo plata que empiezan a dibujar fuera y eso hace un efecto espectacular y modifica el color del vidrio interior. 

¿Cómo ha sido la documentación?

Amplia. Yo creo que en castellano me he leído casi todo lo que está escrito sobre vidrieras, todos los tratados. Pero la parte más importante es el contacto que tuve con un maestro vidriero actual español que es leonés y se llama Luis García Zurdo. Es un sabio, un enorme sabio y el mayor conocedor de la vidriera medieval en España. Ha restaurado algunas de las de León y otras ciudades, me explicaba cuáles eran las técnicas reales, cómo lo hacían. A veces puedes leer en un libro que para soplar un vidrio hay que hacerlo de una manera determinada pero si no lo ves no acabas de entenderlo Me enseñó hornos, cómo se diluyen los pigmentos... Todo no sale en la novela, si no sería un ensayo, pero el que la lea entenderá bien cómo se hacían y trabajaban. Todas estas vidrieras que están tan altas, de alguna manera simbólica se las voy a bajar al lector para que las vea muy cerquita, las toque y entienda quién, cómo y por qué lo hacían.

Y, ¿quedan más maestros vidrieros en España?

Hay unos cuantos talleres. Últimamente, por razón de la novela, se han puesto en contacto conmigo algunos que yo ni conocía. Hay un taller muy famoso en Europa que está en Burgos, Los Hermanos Barrio, y son muy activos. Están restaurando vidrieras de bastantes catedrales conocidas europeas. El día último que estuve con ellos estaban restaurando unas vidrieras de la catedral de La Habana en Cuba y tienen un taller muy activo, funcionando muy bien. Hay bastantes más, pero pocos. La mayor parte se dedican más a la restauración que no a la creación porque la creación es muy cara. Imagínate, ya en ese momento (siglo XV) era prohibitivo, cada pieza lleva un trabajo enorme.

Comentabas antes que el mercado de la lana fue muy importante en España…

Sí, en toda España y en Aragón también porque tenía un consulado de comerciantes de lanas en Brujas. Esta se convirtió en la ciudad comercial más importante del norte de Europa en todo este mundo relacionado con lo textil. Entraban casi todas las lanas por ahí y casi todos los tejidos, paños etc. salían de ahí. El mercado de lana fue enormemente importante antes de la conquista de América. Los mercaderes de lana castellanos, que no eran muchos, eran unos 20, ganaban casi dos veces y media más lo que generaba la propia Corona de Castilla.  De hecho financiaron muchas construcciones de catedrales, muchos templos, financiaron incluso el viaje de Colón.

Tu profesión de veterinario te ha llevado a incluir animales en tus novelas, en este caso nos encontramos con un halcón, ¿Por qué un halcón?

Fue una cosa indirecta. No tenía mucha intención de meter en esta novela muchos animales, de hecho no entran casi, tienen menos protagonismo que en otras. Mientras me documentaba supe que a los vidrieros les llamaban "los alquimistas de la tierra" porque trabajaban con los cuatro elementos (agua, fuego, tierra y aire) que en esa época se creía que formaban todas las cosas en su equilibrio. Pensaba sobre esto y me vino la imagen de un halcón, que es el rey del aire, de la caza. Empezó a gestarse un animal que es un gerifalte, un halcón blanco, que el personaje de la novela encuentra en un escenario insólito para estas aves: el desierto. Coincide que él también está en el desierto mercadeando con sal y él es un cristiano de Burgos en una zona musulmana y entre ellos se establece una conexión muy especial...

A veces asociamos la Edad Media con sombras, oscuridad, ¿es equivocada esa imagen?

En el comienzo de la Edad Media quizá fue más, pero en esta novela hablamos casi del final de la Edad Media y es todo lo contrario: es una época de luz, estaba todo muy organizado. Cuando estudiaba el mercado de la lana estaba todo hilvanado, había oficios muy concretos en los lavaderos, el transporte lo hacían organizaciones de hermandades de carreteros que tenían unos trabajos muy concretos para poder llevar los bueyes a pastar en una zona, organizar los arreglos de la carreta... Todo el recorrido lo verá el lector, hay muchos oficios y estaba todo pensado y trabajado. La Edad Media no es solo el caos éste que nos han vendido, que va, todo lo contrario.

El club de lectura de Ámbito Cultural propone la lectura de un libro cada mes. En mayo la novela elegida es El beso que no te di de Magdalena Lasala

No sé si la calificarías de novela histórica.

Es una novela de aventura histórica. Novela de aventuras con un trasfondo histórico importante y con una trama que es historia. Hay también amor, traiciones, pasiones, hay todos los ingredientes de una novela.

¿Crees que este tipo de novelas de carácter histórico está en auge?

Yo creo que sí, hay seguidores para todo tipo de novelas pero la histórica sigue teniendo muchos seguidores. A mí me sorprendió que no hace mucho tiempo se montó en Facebook un grupo de novela histórica y a la semana que volví a mirar había 7.500 apuntados. A la gente le gusta, quizá porque te asoma a determinados periodos históricos que tú no has estudiado quizá con mucha atención cuando eras pequeño, o porque son curiosos, asombrosos. También te apetece aprender y conocer cosas pero no con un ensayo sino a través de una historia agradable que te lo haga pasar bien.

¿Qué te gustaría que sintiera el lector al acabar la novela?

Me encantaría que con el último capítulo, que es muy impactante, se emocione. Que sientan que se les encoje el corazón. Por supuesto que se lo pasen bien leyendo la novela pero sobre todo, lo que me gustaría es que a partir de ahora cuando vayan a ver cualquier catedral se fijen mejor en las vidrieras, que las miren y las aprecien. Que las miren con otros ojos.

¿Qué comentarios estás recibiendo de los lectores?

Pues impresionantes, sinceramente me están apabullando. No he visto ninguno que me diga que no le ha acabado de convencer. Al revés, todo es maravilloso: "me has emocionado", "me ha parecido una novela preciosa". Todo son adjetivos de este estilo. 

¿Cómo compaginas ambos trabajos? Porque siempre comentas que te sientes más veterinario.

Sí, sigo sintiéndome más veterinario. Lo compatibilizo porque he elegido una parte de la profesión que no es la clínica, que me permite organizarme un poco mejor. Trabajo en nutrición, como los dietistas humanos pero para animales. Tengo mis clientes y voy trabajando de una forma más organizada de lo que podría hacerlo si fuera clínica. Por eso me puedo mover en ambos ámbitos aunque hay momentos, como son estos de promoción, que voy un poco más pillado. Trabajo con el ordenador donde puedo y ya no sé a veces cómo pedirles perdón a los clientes... Son las dos profesiones más bonitas del mundo.

Visita: www.facebook.com/KaseOficial/

Laura Latorre es graduada en Periodismo por la Universidad de Zaragoza. Ha trabajado en la sección de Cultura de El Periódico de Aragón y ahora colabora en RedAragón y en Zero Grados. Se define como lectora y escritora vocacional y melómana

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