Ocio y Cultura

Julio Álvarez Sotos: "Las fotos las compras por un impulso del corazón, te enamoras de esa imagen"

Hablamos largo y tendido con Julio Álvarez Sotos que este año celebra el 40 aniversario de la galería y Escuela de Fotografía Spectrum Sotos, que él mismo fundó en Zaragoza

Laura Latorre. 07/06/2017 - 13:30 h.
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Julio Álvarez posa en la galería Spectrum. Foto: Laura Latorre
- La primera pregunta es obligada, ¿cómo te sientes al celebrar el 40 aniversario de Spectrum Sotos?

- Pues me siento feliz por un lado y curiosamente no me siento cansado de los cuarenta años. El año pasado no sabía si tenía muchas ganas de hacer fiestas y celebraciones. Pero parece ser que sí, se han renovado las ilusiones. A lo mejor sí que te podría decir que cuando cumples fechas como 10, 20, 40 años es inevitable echar una mirada hacia atrás. Es normal que mires la trayectoria que has llevado. En esa mirada que he hecho hacia atrás veo que todas las actividades tienen sus luces y sus sombras pero en la balanza pesa más lo que he hecho bien y en lo que he acertado que en lo que me he equivocado, con lo cual el balance es positivo.

- ¿Cómo empezó todo?

- Fue una propuesta que me hizo Albert Guspi, que entonces era director de la galería Spectrum de Barcelona, que fue la primera galería de arte especializada en fotografía que hubo en nuestro país. Conocí a Albert Guspi como organizador de los Talleres de Fotografía del Mediterráneo que se hicieron en Cadaqués en 1976. Él firmaba un concierto económico con la firma Canon y estos querían abrir más galerías especializadas en fotografía y financiadas por ellos. Albert me llamó para ver si la quería abrir. Me cogió con pocos años, con muchas ilusiones, con ganas de hacer cosas. También te coge, y eso es muy importante, sin saber qué quieres hacer con tu vida. A los 26 años no había definido cuál iba a ser mi profesión, sí sabía que posiblemente iba a estar relacionada con la fotografía pero no la había concretado. Fue un reto, una serie de coincidencias. Si me lo hubieran preguntando cinco años antes o después hubiera dicho que no.

- ¿Fueron duros los comienzos?

- Los comienzos son duros siempre. En aquel entonces, abrir una galería de arte, sobre todo especializada en fotografía, era algo no entendible porque si ya no se vendía pintura... Aparte era una época complicadita porque hacía solamente dos años que había muerto Franco y eso era bueno y malo: bueno porque todo estaba por hacer y malo porque nos encontrábamos con un público en general al que todo le parecía marciano. Hoy abres una galería y la especializas en fotografía y nadie lo cuestiona, es lógico normal porque la fotografía está presente, introducida en el mercado del arte, se hacen muchas exposiciones de fotografía durante todo el año durante todo el mundo. La fotografía está totalmente aceptada como una de las disciplinas plásticas más importantes etc. pero hace 40 años me pasó muchas veces que entraba la gente por primera vez en la galería y se quedaba extrañado de que hubieran fotos colgadas porque relacionaban las galerías de arte con la pintura pero no con la fotografía. La fotografía para ellos era una técnica que permitía hacer fotos de viajes, recuerdos y esas cosas. Entonces incluso se volvían incrédulos cuando veían que las fotos de un paisaje tenían un precio. Por eso sí fue complicado, porque tuve claro que tenía que ir educando al público de que la fotografía era una disciplina plástica más, que aunque en España estábamos en pañales en ese respecto, en el resto del mundo había galerías de arte especializadas en fotografía. En 1977, cuando abre Spectrum, en Nueva York había cerca de 100 galerías y en España solo estaba la de Barcelona y yo que fui la segunda. Fue complicado porque se tuvo que educar al público y no solo a que las personas que entraran no se extrañaran, sino que también hice la labor didáctica de ir explicando quién era cada fotógrafo, los estilos, las tendencias, porque todo era nuevo. Los críticos de arte que hacían críticas de exposiciones en la prensa aragonesa humildemente te preguntaban quién era quién, no tenían conocimiento técnico ni histórico. Utilizaban, y funcionaba bien, los mismos valores estéticos y parámetros que para la pintura. Tenía que explicar muchas veces que la fotografía tenía un valor, que estaba a la venta y que los fotógrafos eran artistas como otros artistas plásticos. Hoy, eso es tan obvio que ya no se dice. La cultura fotográfica es otra cosa, otro apartado.

- ¿Qué recuerdos tienes de la cultura en Zaragoza de hace cuarenta años?

- Cuando abre Spectrum, había el lógico interés, avidez por todo lo que era nuevo y moderno, lo que se podía asociar con lo más contemporáneo. Nuestras referencias culturales, sobre todo cuando somos jóvenes, las marcan muchas veces los grupos de música que se escucha en esa época. Cuando haces un repaso cultural a una época escuchas la música que se oía en esa época y eso es una síntesis de toda esa cultura. Empezó el pop español de la movida, con Kaka Deluxe y todo esto. No teníamos la gran suerte de poder traer grandes conciertos de música, no había festivales. Para la gente de veintitantos o treinta y pocos nuestros puntos de reunión, creo que tampoco hemos cambiado mucho, eran los bares y en algún sitio, como era El Modo, escuchabas los últimos discos etc. Tuve un pasado relacionado con la música porque con 18 años pinchaba discos en una discoteca, tengo una gran colección de discos. Mi aficción por la música es anterior a la de fotografía. La música era esa goma que nos iba pegando a todos. Alrededor de eso giraba todo lo demás: el arte, el cine, la pintura, la literatura etc. No era muy distinto a lo que puede ser hoy.

Entonces teníamos que buscar las cosas y ahora tienes que escogerlas porque tienes una gran oferta y ahí eliges. En aquella época tenías que buscar porque no había oferta. Prácticamente en todo: exposiciones, cine etc. estábamos ávidos de saber qué se hacía fuera de España. Yo tuve la suerte de que solo aguanté a Franco 25 años pero fíjate tú, es cuando tienes ganas de conocer cosas en la adolescencia y aquí no había nada. Por eso teníamos tanto interés por lo que se hacía fuera. En lo que se refiere a la fotografía, no era un estanco aparte. Todo estaba en el mismo saco.

- Una vez que abres Spectrum, ¿qué pasa con tu carrera de fotógrafo?

- Ya había apostado por la fotografía, prueba de ello es que era el vicepresidente de la sociedad fotográfica de Zaragoza. Yo tenía claro que había apostado por ser fotógrafo, trabajaba la fotografía profesional sin dedicarme de lleno. Mi interés no estaba en la fotografía profesional comercial sino en la de creación artística. Igual me hubiera montado un estudio fotográfico pero como me propusieron eso cambié. Aparte pensé que si tenía que montar una galería y una escuela puedo utilizar las instalaciones de la escuela para mí. Pero me interesó que la propuesta fuera promocionar la fotografía como obra de arte.

- ¿Alguna vez te has arrepentido de seguir este camino?

- No, no. Yo tuve la gran suerte de que Albert Guspi me llevaba cuatro años de experiencia. Aprendí mucho tanto de las cosas que había que hacer como de las que no. Me ahorraba caer en el mismo error. La profesión de galerista de arte no se estudia, así que obligatoriamente tienes que aprender en tu experiencia diaria. Con lo cual te formas a fuerza de trabajar en la profesión que en un principio desconoces cómo funciona el mercado, una galería, ni qué tienes que hacer. Se aprende mucho más de los errores que de los aciertos.

- ¿Qué tiene que tener un buen galerista para poder estar 40 años en el oficio?

- Para mí el galerista de referencia es el fallecido Leo Castelli. Fundamentalmente si tienes dinero fenomenal, pero si no, tienes que tener olfato, aunque es algo que puedes educar, te sirve cuando ves el trabajo de un artista saber si tiene futuro o visos de que pueda ser importante. La galería tiene que ser un espacio que tenga su propia propuesta estética y conceptual. En mi espacio tengo que elegir artistas, obras y trabajos que a mí me gustan y que al final lo que yo expongo es mis gustos, con mi criterio. Mi personalidad como galerista la tengo que estar constantemente reflejando en todo lo que expongo porque de esa forma soy sincero. Cuando muestro un trabajo y no otro es porque tengo el convencimiento de que avalo completamente ese trabajo. Un buen galerista es el que no hace bueno al mal artista, porque no le expondrá nunca, pero sabe descubrir, a lo mejor, a artistas buenos desconocidos. Ahí sí que la labor del galerista es importante. En el riesgo de qué exponer, a veces hay que apostar por gente joven que está empezando, que no ha expuesto nunca y es un riesgo que tú tienes que asumir y si crees en el artista y en el trabajo que está haciendo, aunque no tenga referencias, es tu apuesta personal y lo apoyas. Yo lo digo muchas veces, el galerista expone lo que quiere porque la galería es mía, privada, entonces yo no tengo condicionamiento para exponer a uno o a otro. Tengo el gran lujazo de exponer lo que me gusta, un privilegio increíble. Yo nunca digo que no al artista sino al trabajo o propuesta.

Actividades 40 aniversario galería Spectrum Sotos

- En Zaragoza, las galerías Antonia Puyó, A del Arte, Kafell, Cristina Marín, Pilar Ginés y Finestra Estudio incluirán en su programación de este año una muestra de fotografía con fotógrafos de la galería.

- Además, el Centro de Arte y Exposiciones de Ejea de los Caballeros expondrá la colección de Julio Álvarez y los festivales Barabastro Foto y Teruel Punto Photo organizarán muestras para celebrar las cuatro décadas de Spectrum.

- ¿Hay algún fotógrafo por el que hayas apostado desde el principio, como comentas?

- Te voy a contar el último: es un chico que se llama Kike Aspano, es arquitecto y cuando empezó a hacer fotos me las trajo para que se las viera, sin intención de exponer. Él quería que le comentara como las veía. Como no quería exponer en Spectrum, vino solo para que yo le dijera qué me parecía su trabajo. Vino con actitud de aprender, que no siempre es frecuente. Al cabo de un tiempo vino con un trabajo nuevo aplicando mis consejos, le dije según mi criterio cuestiones mejorables de composición, de estética, conceptuales. Eso fue repitiéndose durante un tiempo y cuando ya tuvo un trabajo le dije que me gustaría exponerlo. Le hice el hombre más feliz porque no tenía esa intención. Su primera exposición fue en Spectrum, la gran suerte es que ahora es un fotógrafo que está en la cresta de la ola, está en relación con la agencia Magnum porque lo quieren fichar, le invitan a dar charlas en festivales internacionales de fotografía, le van a editar libros. Además, como es un encanto de persona, siempre me menciona como la persona que más o menos le ha ido indicando el camino. En ese aspecto estoy muy contento porque él viene con actitud de aprender y a partir de ahí, va corrigiendo. Esto me ha pasado en más de una ocasión. Hay veces que ya te vienen artistas ya hechos como García-Alix, Chema Madoz, y a ellos no les voy a decir nada, lo que hago es exponerlos porque me gustan mucho. Lo bueno que tiene un trabajo como es una galería de arte es que no todos los galeristas somos iguales. Yo no me quiero poner ningún merito pero igual soy un espécimen raro porque algunos de mis colegas son un poco tontos y engreídos. A mí siempre que un fotógrafo viene y me enseña su trabajo yo siempre le doy las gracias por tener la deferencia de enseñarme su propuesta. Cuando no me gusta puedo estar hasta tres horas haciéndole la crítica más constructiva para que mi "no" ni lo recuerde, que se vaya con la sensación de que le he hecho una lectura de su trabajo donde veo que puede mejorar, qué camino tiene que tomar. Es mi criterio, yo no estoy pontificando.

Siempre me preguntan si me he hecho rico con la fotografía, si mi pretensión hubiera sido esa en algún momento, ahora tendría una sensación de fracaso y de frustración increíble pero nunca lo fue. Más bien he perdido el poco dinero que tenía pero sí que he conseguido que muchos de los fotógrafos que han expuesto aquí hoy son amigos personales míos. Eso es una satisfacción.

- ¿Por qué no se vende fotografía en Zaragoza?

- No solo en Zaragoza, prácticamente en España no se vende arte. En Zaragoza se puede agudizar un poco más. ¿Por qué no se vende la fotografía en nuestro país? Es una cuestión cultural. Las personas que estudian Historia del Arte no llegan a veces a la asignatura de Arte Contemporáneo, en los bachilleratos cuando estudian arte se quedan a principios del siglo XX. Con lo cual ni se contempla la fotografía como una disciplina plástica. Es complicado que una persona que cuando ha estudiado nunca le han dicho que la fotografía es una disciplina artística, pues lo entienda. Entonces valorarlo le va a costar más. Hoy sí que es verdad que muchas personas a lo mejor no entienden de pintura contemporánea pero saben que tiene un valor y que es una de las disciplinas del arte y no la conoce pero la respeta. Con la fotografía es más complicado, es una cuestión de educación y de cultura.

- ¿Por qué se ha revalorizado tanto la fotografía en las últimas décadas?

- Pues simple y sencillamente porque partió de muy bajo. Hace unos 50 años grandes fotógrafos que hoy son maestros de la historia de la fotografía (norteamericanos como Walker Evans), exponían su primera exposición en Nueva York y no vendían ni una foto. Hoy Walker Evans es uno de los maestros como en pintura pueden ser Velázquez o Bacon, está en los museos y no se pueden comprar ya fotos porque los precios son altísimos. Los Estados Unidos han hecho mucho a favor de la revalorización de la fotografía como obra de arte. Es una nación relativamente joven con poco más de 200 años de historia, no tienen Renacimiento, Barroco ni nada parecido. El nacimiento de la fotografía, curiosamente, coincide con el nacimiento de la nación americana. Ellos no tienen pintores pero tienen fotógrafos. Tanto el cine como la fotografía acompañan al nacimiento de los Estados Unidos. Valoraron la fotografía desde el principio, la han hecho suya. Eso hace que en los museos de los Estados Unidos haya salas de fotografía. Los niños están educados para valorar y conocer obras de fotografía. Eso en Europa no existe, reconocemos pintura y tenemos una cultura de pintura superior a la de los americanos. Eso hace que, como el mercado inicial de la fotografía se genera en los EEUU, ellos son los que van viendo que la fotografía es el testimonio gráfico de la historia de su país, la valoran y se empieza a cotizar y eso se traslada a todo el mercado del arte que es trasversal e internacional. Una fotografía que hace 40 años costaba 1.000 euros ahora cuesta 10.000 o 50.000 euros. Por eso esa revalorización no se ha dado en ninguna disciplina más: la pintura empezó alta y sigue alta, pero la fotografía se ha revalorizado de 5 a 1.000.

- La fotografía hoy en día es una forma más de comunicación que utilizamos todos con internet y las redes sociales. ¿Cómo afecta esto a la fotografía como disciplina? ¿Esta sobreexposición hace que no se valore el trabajo de un fotógrafo profesional?

- Es muy pronto para hacer una reflexión sobre eso. Es una cuestión que me preocupa pero quizá es pronto porque las tecnologías van mu rápido, evolucionan mucho, entonces no sé si ahora la reflexión que yo pueda hacer sea válida para dentro de 10 años. La popularización no tiene que ser en un principio mala. Hace muchos años la fotografía es una técnica muy complicada y muy cara, tenías que saber mucho de química etc. Estaba al alcance de personas con un cierto nivel adquisitivo y no se producían masivamente cámaras de fotos. El proceso técnico para hacer una foto era complicado y tenías que tener conocimientos. A principios de 1900, Kodak hace una cámara sencilla que cuesta un dólar. Fue la primera cámara del mundo automática y fue el principio del imperio de Kodak. No había que saber nada de fotografía, solo había que disparar. Es un poco como los teléfonos de ahora, no hemos inventado mucho. Hemos inventado a lo mejor el soporte pero lo de hacer la fotografía sin medir la luz, sin nada, ya lo inventaron hace unos 100 años. Eso supuso la popularización de la fotografía. En aquella época eso no supuso el final del fotógrafo artista, al contrario, fue el nacimiento del fotógrafo artista casi. Entonces el artista tiene que tener, lógicamente, siempre muchos más conocimientos de las herramientas fotográficas para saberlas usar para expresar emociones e ideas, cosa que nadie intenta hacer con el teléfono o con aquella primera Kodak. Entonces, hoy en día se hacen millones de fotos al día, ¿eso va a perjudicar a la fotografía como disciplina de expresión artística? Yo creo que no, sinceramente. ¿Lo beneficiará? No lo sé, pero perjudicar yo creo que no.

'Mirar el mundo otra vez' (2002), exposición en la Lonja conmemorativa de los 25 años de la galería Spectrum Sotos. Julio Álvarez con el alcalde José Atarés, entre otras personalidades. Foto: Eduardo Bayona (El Periódico de Aragón)
- Además de la exposición de la galería Spectrum, habrá otra en el Centro de Historias en junio en homenaje a la escuela, ¿qué nos puedes adelantar sobre ella?

- He celebrado los 10 años de la galería con una exposición retrospectiva en la galería. Los 25 se celebraron con una exposición en la Lonja en las fiestas del Pilar en 2002 y quedé contentísimo porque el 60% de las fotos eran de mi colección. Quedó magnífica. A los 30 años volví a hacer una pequeña celebración también con una celebración en Spectrum y no hubo más actividad. Con los 40 años me he despeinado y además de hacer una exposición de los 40 años en Spectrum, que me ha permitido rendir un pequeño reconocimiento a los coleccionistas, he considerado hacer más cosas fuera de la galería. Una de ellas es la exposición que habrá en junio en el Centro de Historias. Creo que era justo hacer un reconocimiento a la escuela de fotografía porque por ella han pasado muchos de los que hoy son artistas, muchos empezaron como alumnos, luego profesores y después artistas. Sobre todo es que si la galería ha cumplido 40 años ha sido gracias a la escuela que ha financiado las actividades de la galería al, tristemente, no ser rentable la galería de arte por la sencilla razón de que no hay un mercado del arte que justifique que las galerías tengamos una vida tan longeva. La escuela ha hecho también una labor de mecenazgo cultural porque ha sido el patrocinador y el mecenas de la galería porque además tiene al mismo director (risas). La escuela no había estado en la celebración de los 10, 25 y 30 y ya era hora.

Como fin de fiesta, a finales de año se hará una exposición del artista Alberto García-Álix que asume la representación de todos aquellos fotógrafos españoles que a lo largo de estos 40 años han expuesto en Spectrum Sotos y que posteriormente han tenido la gratificación de que sean reconocidos con el Premio Nacional de Fotografía. Entonces lo hago recaer en su figura como podría haber sido Chema Madoz o cualquier otro.

- ¿Por dónde pasa el futuro de la galería Spectrum? ¿Lo has pensado?

- Fundamentalmente la galería va a tener vida mientras mis ilusiones sigan. No puedo decir que la galería existirá mientras sea rentable económicamente porque eso no lo ha sido nunca. ¿Por qué sigue la galería? Pues porque yo quiero que siga, al final le coges cariño (risas). Te da más pérdidas y problemas que otra cosa pero también te da muchas satisfacciones. Mientras yo tenga ilusiones y me lo pase bien seguirá abierta. Tampoco puedo decir si eso va a ser 5, 10 años más. No creo que mucho más de 10 años, pero entre 5 ó 10 años yo creo que puedo mantenerla. Todavía me lo paso bien organizando exposiciones, descubriendo y avalando a gente emergente, todavía me sigue ilusionando ver trabajos como el que conocí en BFoto el año pasado de la fotógrafa belga, Laura van Severen. Cuando veo un trabajo fotográfico que me gusta mucho me apasiona y lo quiero exponer y quiero que se cuelgue en mi galería, aún a sabiendas que a lo mejor no me resulta rentable económicamente pero bueno, es un placer.

- ¿Cuáles son tus gustos, tus referentes, lo que más te gusta dentro de la fotografía?

- Dentro de la fotografía hay una época que me apasiona y me vuelve loco que son las vanguardias históricas, que también se llama periodo entre guerras. Toda esa época es la que me interesa más y me sigue emocionando cuando lo veo y no deja de sorprenderme. Si hoy naciera como coleccionista, mi colección sería solamente de fotografía de ese periodo artístico porque soy un fan. Después autores para mí hay uno de referencia que tengo la gran suerte de tener una foto suya es Richard Avedon, porque dentro de los géneros de la fotografía hay dos temáticas que me gustan mucho: el retrato y la naturaleza muerta. En el retrato, el mejor retratista que ha tenido la historia de la fotografía es Richard Avedon, tuve la gran suerte de exponerlo hace casi 40 años y de tener una fotografía suya en mi colección que es emblemática y es la que me representa muchas veces cuando se publicita mi colección (un retrato de Groucho Marx, de 1972). Hay otro gran fotógrafo que es el que me gustaría, antes de cerrar la Spectrum hacer una exposición suya, que es Robert Frank, para mí el mejor fotógrafo de la historia. Es un fotógrafo suizo que ha vivido casi toda su vida en EEUU y su obra la ha hecho prácticamente allí, empezó haciendo fotografía de reportaje, luego cine experimental y acabó haciendo las imágenes más innovadoras y rompedoras que se han podido hacer, dibujando y escribiendo sobre las propias fotos. Cuando ves una retrospectiva generosa de Robert Frank estás viendo la historia de la fotografía desde lo más clásico hasta lo más contemporáneo pero a través de un mismo artista. Esa es la exposición que todavía no he podido hacer después de 40 años y espero hacerla antes de que cierre.

El 'Groucho' de Richard Avedon, una de las fotografías favoritas de Julio Álvarez. Foto: Laura Latorre
- ¿Qué tiene que tener una obra para que decidas comprarla y añadirla a tu colección?

- Las fotos las compras por un impulso del corazón: te enamoras de esa imagen. Es cierto que yo ahora estoy muy contaminado por mi cultura fotográfica porque sé valorar los iconos de la fotografía, los géneros, las épocas, las historias, muchas cosas, con lo cual mi mirada ya no es inocente. Tengo una mirada ya resabiada. Pero a pesar de eso, cuando adquiero una fotografía la compro siempre por un impulso, una corazonada porque me transmite unas emociones o lo que sea pero nunca, evidentemente, por el valor o por el precio que tienen.

- Has comentado alguna vez que veías superficialidad en la fotografía actual, banalidad y falta compromiso.

- Nunca se puede generalizar porque no sería justo ni cierto decir que la fotografía actual es banal. Que hay mucho de banalidad y superficialidad, sí. La fotografía hoy es un recurso que han encontrado muchos artistas plásticos para resolver propuestas suyas y a veces a lo mejor no tienen conocimiento ni referencia de lo que se ha hecho antes en la historia de la fotografía. Por ese desconocimiento a veces repiten propuestas que ya estaban hechas hace años y mejor. De los 190 años de la historia de la fotografía, se puede decir que ha habido grandes conflictos y ha tenido puntos de inflexión importantes como las vanguardias históricas, porque artistas plásticos que no son fotógrafos empiezan a hacer experimentos y descubrir posibilidades de expresión que da la fotografía como Man Ray. Eso hace que sea un revulsivo para la estética fotográfica y a partir de esa inclusión de artistas que no son fotógrafos, la fotografía se descubre que tiene muchas más posibilidades de las que parecía porque hasta entonces solo hacían fotos los fotógrafos. Siempre es importante que las disciplinas sean transversales, el mestizaje es muy bueno siempre. La fotografía sigue su andadura pero al final la siguen haciendo los fotógrafos. Desde hace unos 30 años la fotografía se empieza a enseñar en facultades de Bellas Artes, incluso en España. Hace unos años salen licenciados en Bellas Artes que se van a expresar con la fotografía y nacen con unos conceptos nuevos, distintos y entonces eso también es otra bocanada de aire fresco para la fotografía como medio de expresión. Es bueno que venga gente de fuera. Las últimas obras fotográficas son producidas con gente con una formación artística mucho más amplia. Esto hace que las propuestas que se pueden ver dentro de lo que llamamos Fotografía Contemporánea, muchas veces no están hechas por fotógrafos, también la tecnología fotográfica ayuda mucho a esto.

A lo mejor hoy la fotografía está presente en todas las galerías de arte, prácticamente. Lo que observo es que falla el filtro del galerista. El galerista no tiene conocimiento de fotografía, de los géneros, de su evolución, de todo. Como el que falla es el filtro del galerista pues les venden gato por liebre y exponen ingenuamente cosas que a lo mejor yo no expondría porque me parecería que es una cosa bastante floja porque ya se hizo hace 80 años y 100 veces mejor. Esto en fotografía se da mucho porque el resto de mis colegas galeristas de arte no especializados en fotografía, no tienen los conocimientos necesarios para ser críticos. Esa parte de cultura fotográfica es extensible también a los propios fotógrafos que tendrían la obligación de saber qué es lo que han hecho antes de que él cogiera una cámara de fotos y no lo sabe. Lo mismo para son músicos y escritores, esa cultura es básica para la creación, te ayuda a no repetir cosas.

Laura Latorre es graduada en Periodismo por la Universidad de Zaragoza. Ha trabajado en la sección de Cultura de El Periódico de Aragón y ahora colabora en RedAragón y en Zero Grados. Se define como lectora y escritora vocacional y melómana

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