Ocio y Cultura

Sonsoles Ónega: "Sabernos y sentirnos queridos es un sentimiento absolutamente universal"

La periodista y escritora Sonsoles Onega presentó el pasado jueves en Zaragoza su quinta novela, "Después del amor", con la que ganó este año el Premio Fernando Lara. Narra la historia de amor entre Carmen Trillo y Federico Escofet en los años 30

Laura Latorre. 10/07/2017 - 18:28 h.
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Sonsoles Onega en el Gran Hotel de Zaragoza, poco antes de la presentación de su novela en la sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés. Foto: Ángel de Castro (El Periódico de Aragón)
Enhorabuena por el premio Fernando Lara, ¿qué supuso para ti?

Pues muchísima ilusión porque cuando empecé con esta historia no tenía ni idea de dónde llegaría el libro, ni siquiera tenía la seguridad total y absoluta de poder terminarlo por la envergadura de la historia, por lo que iba a requerir de trabajo de documentación, de compatibilizarlo con el periodismo, la familia, los niños y el largo etcétera de las ocupaciones del día a día. Así que supone un salto importante en mi carrera literaria y me está permitiendo llegar a sitios donde no habría llegado de otra manera, por ejemplo estar aquí en Zaragoza, sin duda.

La novela está basada en hechos reales, ¿cómo llega a ti esta historia?

Llega a través de las hijas de Carmen, que en un momento dado de su vida, ya siendo mayores, buscaban a alguien que contara la historia de amor de su madre. Fue casual, un familiar que las conocía me las presentó y fui a verlas, un poco resistente al principio porque acababa de terminar la anterior novela y la verdad es que no estaba muy convencida de querer meterme en otra aventura literaria. Al final fue escucharlas y la forma en la que contaban lo que sufrió su madre y decidí que esa historia merecía ser contada.

¿Cómo te metes en la piel de los personajes para narrar sus sentimientos?

Eso es lo maravilloso de la literatura, incluso en novelas que llevan esa etiqueta de "basado en hechos reales", al final tú hurgas en sentimientos, buceas en emociones, expones a los propios personajes ante sus propias preguntas y ante sus vértigos y el abismo de muchas decisiones que tienen que tomar a lo largo del texto y lo que intentas es que sea el lector el que se haga luego esas mismas preguntas y sienta lo mismo. Esa es la magia de la literatura, incluso en estas novelas que tienen un itinerario muy fiel con la realidad.

Además de la historia que te cuentan las hijas de Carmen, la documentación habrá tenido que ser exhaustiva...

Libros y hemeroteca, sobre todo la hemeroteca de la Vanguardia que lo tienen todo digitalizado. El grueso de la arquitectura de la novela es la historia de amor, aunque está ficcionada en cada uno de sus capítulos, los hechos son hechos y están ampliamente escritos y documentados por historiadores, incluso por escritores. Por ejemplo en capítulos sobre la guerra civil o el exilio. Todo lo demás está en la crónica periodística de todos esos años, de los años 30. Me importaba mucho que esta novela tuviera textura, que no fuera un relato plano, sino que el lector pueda recrear con la lectura los escenarios en los que habitaron esos personajes, que puedan incluso oler, tocar, taconear la tarima de aquel piso en la calle Roselló. Y en todo eso, hay una parte de fabulación, pero también está en la prensa de la época, en los anuncios por palabra, el pequeño parte meteorológico del día ya te permite suponer si llovía o no llovía, cómo podía ser el estado de ánimo.

En esta historia es muy curioso por quién era el amante de Carmen, que fue un personaje público, un militar de la época de la Segunda República. Muchas veces me lo he encontrado en crónicas que me daban pie al siguiente capítulo porque... ¿no podría haberlas leído también Carmen? ¿y de qué forma hubiera reaccionado ella al leer determinados pasajes de aquella actualidad que configuran también esa historia de amor?. Sin el marco histórico que nosotros tenemos, Carmen hubiera reaccionado de otra manera, sin duda.

Leer esta historia da pie a creer en aquello de que la realidad supera la ficción...

Sin duda, de hecho la primera vez que yo escuché a las hijas de Carmen, había momentos en los que yo pensaba que esto solo lo podría haber visto en una película o leído en un libro, pero no: ha ocurrido en realidad. Estos personajes han vivido la historia en sus propias carnes y ahora tienen hijas que lo cuentan, nietos que lo recuerdan. No sé si le pasará el lector pero a mí me pasó que Carmen me empapó de una manera brutal, me generó complicidad su historia porque aunque haya ocurrido hace 90 años muchas de las situaciones están vigentes: los miedos, las inseguridades, la traición, el arrepentimiento, el sentimiento de culpa de una madre cuando se ve obligada a abandonar a sus hijos... Todo eso tiene toda la vigencia, ¿por qué no va a ser posible que eso ocurra hoy en día?, solo que el marco histórico lo complica aún más por las dificultades que tenían las mujeres en aquella época (pese a los avances de la Segunda República), para poder tomar las riendas de su vida.

Carmen ¿fue una mujer adelantada a su época?

Sí, necesariamente había en ella una semilla de rebeldía que fue germinando. Sin duda ella no se hubiera dejado conquistar de la manera que se dejó, primero si no hubiera sido víctima de una traición por parte de la hermana, porque una cosa lleva a otra: vengó la infidelidad de su marido con otra, de alguna manera. Pero sin duda ella intentó cambiar lo que no le gustaba de su entorno haciendo cómplice incluso a la gente que trabaja en su casa. El papel de la criada en esta novela (y no me gusta usar la palabra criada pero es lo que era) tiene una importancia clave por cómo actúa como conciencia de su señora, cómo Carmen es capaz de romperle esas barreras de clase que establecemos los humanos sin ser del todo conscientes de lo absurdas que son. Carmen intentó cambiar su entorno con pequeños granitos de arena que al final hacen grandes montañas. El hecho de empujar a todas las mujeres de Roselló para ir a votar, la forma en la que se dirige a ellas, la complicidad que alcanzó, las ansias de formación y de libertad que insufló en sus hijas... Todo es forma parte de la lucha de las mujeres. Son pequeños granos de arena que contribuyen a cambiar el mundo, a los hechos me remito: sus hijas son dos mujeres de 87 años, absolutamente modernas, que entienden perfectamente la sociedad en la que viven, que han tenido ambiciones culturales, que se han formado... Todo eso está en su madre y en su legado.

La novela se sitúa en un momento histórico en el que empieza a haber más derechos para las mujeres, pueden votar y se aprueba el divorcio. Hemos avanzado desde entonces pero ¿quedan muchas cadenas por romper?

Sin duda sí. La Segunda República empezó a perfilar nuestros derechos, consumándolos en algunos casos como el derecho al divorcio, el matrimonio civil o el derecho a votar, que es como la combinación máxima. Luego todo se fue a negro con la guerra civil y la dictadura y ahora en cuarenta años de democracia tenemos un catálogo de derechos y libertades amplísimo que nos equipara en todo a los hombres. Sin embargo, sigue habiendo un poso de inercia en las sociedades que nos perjudica, pero tendrán que ser las sociedades las que cambien, no creo que tengamos un problema legislativo como pudieron tener las mujeres de décadas anteriores pero sí una forma de ver el mundo que aún no se ha completado. Seguimos siendo víctimas de eso que ahora se llama micromachismo y que en mi anterior novela yo llamaba "barreras transparentes". Barreras que no se ven pero que están ahí.

¿Cuál es el principal objetivo del feminismo actualmente?

Sobre todo cambiar las inercias de las sociedades, no dar por hecho las cosas porque sí, porque somos mujeres no nos tenemos que ocupar de según qué cosas. Eso sigue ocurriendo (estadísticamente es así) que la mujer se sigue haciendo cargo de las tareas dentro del hogar y yo no lo juzgo, pero pesa en la mochila de una mujer. Una mujer cuando está en casa está currando, de la misma manera que un hombre en una oficina. Eso está ahí, no digo que haya que renunciar a eso, pero la que quiera tiene que tener la posibilidad de hacerlo. Sobre todo, si hay algo que me irrita es que las leyes de conciliación se han hecho para hombres y mujeres y parece que solo las usan las mujeres. ¿Por qué cuando hablamos de reducción de jornadas, son las mujeres las que la cogen mayoritariamente? ¿Por qué renunciar a la carrera profesional es un verbo que conjugan las mujeres?.

En la novela hablas de los españoles que fueron al exilio durante la guerra y la dictadura, ¿se puede establecer algún paralelismo con el drama actual de los refugiados?

En el drama de los refugiados me sorprendió encontrar tanto paralelismo con aquel exilio nuestro del 39. La forma en la que los españoles fueron tratados a veces se parece a la forma en la que tratamos a esos sirios, por ejemplo, que quieren abandonar su país por obligación, no porque quieran.

¿Hay algún parecido en la relación entre Cataluña y el resto de España en la Segunda República y ahora?

Respecto a Cataluña hay similitudes en cuanto a las ansias territoriales y poco más. Las sociedades no son las mismas. Cataluña en 1934 se divorcia definitivamente de España, declara la independencia de forma totalmente unilateral pero no venía precedida de 40 años de democracia y convivencia, de tal forma que es un marco que en esta novela está retratado porque el amante de Carmen lo vivió y tuvo una participación directa, pero hasta ahí. ¿Nos deja enseñanzas? Sí, sin duda: la forma en la que se encauzó tres años años antes, en 1931, pero poco más. La convivencia que ha tenido Cataluña con España en estos 40 años es el mejor ejemplo para solucionar el presente.

¿Cómo influían entonces las presiones sociales y la Iglesia en las parejas y matrimonios?

De manera determinante. Hasta en una cosa tan importante y elevada, al menos a mi juicio, como un debate parlamentario, cuando discutían el derecho al sufragio femenino, una mujer como Victoria Kent llegó a alegar que no se podía otorgar ese derecho a las mujeres porque maridos y confesores ejercerían sobre ellas una influencia determinante hasta el punto de condicionar su voto. Por otra parte, la propia sociedad actuaba como una espada de Damocles sobre las mujeres, juzgándolas hasta límites insospechados. Y dentro de las familias esos juicios también existían: la propia madre de Carmen no ve con buenos ojos que su hija se haya divorciado, es más, le parece una deshonra para toda su familia y poco menos que una maldición para sus hijos. Creo que en el caso de la Segunda República las leyes avanzaron más rápido que la sociedad. Siempre se suele decir que es al contrario pero yo creo que en ese caso fue distinto.

Carmen y Federico tuvieron formas distintas de ver su relación...

Sin duda ellos vivieron la historia desde ópticas muy distintas. Ella dividida entre el amor a Federico y el amor a sus hijos y Federico, también amaba a su familia, pero sin duda el sentimiento de culpa que a ella le atenazó hasta el fin de sus días quizá él no lo tuvo. Carmen en 1937 se divorcia porque no tuvo miedo en hacerlo y Federico no. No sé si esto retrata a todos los hombres y mujeres del mundo, pero el caso es que en esta novela sí vemos dos formas distintas de enfocar la misma historia. La huella del abandono está más presente en la vida de ella que en la de él.

¿Qué tienen las historias de amores imposibles para atrapar tanto y llamar la atención a tanta gente?

En el fondo a todos nos mueve lo mismo: sabernos queridos, sentirnos queridos es un sentimiento absolutamente universal, ahí sí que puedo ser taxativa. Yo creo que no hay emoción más poderosa que esa para levantarte por la mañana: saber que alguien te quiere, que para alguien eres importante, que vais a envejecer juntos. Creo que son sentimientos muy esenciales, incluso te diría primarios y todos tenemos esa parte de aspiración a conseguirlo.

¿Qué comentarios estás recibiendo de la novela?

De momento muy satisfactorios, me produce cierto pudor contarlo. Ahora las redes sociales te permiten tener un contacto muy directo con los lectores que te escriben y te dicen si han acabado y es muy emocionante descubrir el contenido de todas esas miradas, que es lo que más emociona a un escritor. De momento está siendo positivo.

Después del amor es muy visual, ¿acabará en la gran pantalla?

No lo sé, no es la primera vez que me lo preguntan y siempre contesto lo mismo, así que voy a ser poco original: no depende de mí. La verdad es que la editorial ha hecho un booktrailer y he visto algunas imágenes inspiradas en la novela y me ha emocionado mucho. No sé qué va a pasar, me dicen que es un novela muy visual y yo creo que es parte de deformación profesional: los periodistas de tele tendemos a ver previamente lo que escribimos. Pero insisto en que no depende de mí, no sé escribir guiones ni tengo una productora con lo cual ni idea.

Como periodista ¿cómo ves la situación del oficio? ¿Qué es lo que más te preocupa

Me preocupan las condiciones laborales de nuestros colegas. Yo creo que estamos en un momento complicado de cierta transformación, de poca valoración por parte del ciudadano de la información, hay más canales de nunca y en cambio yo creo que estamos más desinformados que nunca. Pero sobre todo me preocupan las condiciones en las que trabajamos.

¿Se abusa mucho de la posibilidad de contratar becarios?

Es una pregunta difícil de responder. Yo he sido becaria durante todos mis años universitarios, creo que empecé a cobrar algo en la Cadena Ser con una beca. El becario es un estado maravilloso durante un tiempo, el problema es cuando las becas y los contratos temporales se alargan más allá de lo admisible. Pero las becas están para lo que deberían estar: completar una formación de un futuro periodista pero nada más, las empresas no deberían abusar de ellas.

¿Cómo compaginas todo?

Con organización germana en casa y parcelando mucho cada ocupación. He podido organizarme con una tribu que me acompaña y a la que cuido y mimo porque sin ellos no sería nada.

¿Estás trabajando en una nueva novela?

Ahora estoy muy centrada en la promoción que está siendo muy intensa, está bien que sea así, y luego ya veremos. De momento nada en mente.

Laura Latorre es graduada en Periodismo por la Universidad de Zaragoza. Ha trabajado en la sección de Cultura de El Periódico de Aragón y ahora colabora en RedAragón y en Zero Grados. Se define como lectora y escritora vocacional y melómana

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