Ocio y Cultura

Luces y sombras del panorama musical zaragozano

Un ocio musical cada vez más centralizado, la necesidad de crear nuevos públicos y de mejorar la regulación del sector, el cierre de salas y la alta calidad de los conciertos programados son algunas de las características de la escena musical zaragozana

Laura Latorre. 12/07/2017 - 19:31 h.
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Un ocio musical cada vez más centralizado, la necesidad de crear nuevos públicos y de mejorar la regulación del sector, el cierre de salas, la centralización del ocio y la alta calidad de los conciertos son algunas de las características de la escena musical zaragozana actual. Preocupados por los cierres de las salas y por las consecuencias que tiene la aplicación de la legislación vigente, planteamos el reportaje y hablamos con programadores, promotores y músicos para comprender mejor este mundo.

La Bóveda es uno de los escenarios con una programación más heterogénea de la ciudad. Aquí con los Ariday
Algunos datos para situarnos

Ir a un concierto es un plan habitual dentro de la oferta de ocio en Aragón. Según datos extraídos del Anuario de Estadísticas Culturales 2016 (editado por el Ministerio de Cultura), en 2015 (último año del que se tienen datos) hubo 6.097 conciertos en el 2015 por los 6.353 del 2014. Es la cuarta comunidad autónoma donde más actuaciones musicales hay, aunque en términos relativos es la cuarta ya que esas actuaciones son el 6,8% de las que hay en toda España a pesar de la escasa población en la comunidad. También es la quinta comunidad en la que más espectadores van a los conciertos con un total de 1.067.000 espectadores en el 2015, un 5,5% del total en toda España (clasificación donde también es quinta Aragón).

En cuanto a términos económicos, en el 2015, Aragón ingresó 6.218.000 euros en conciertos siendo la sexta comunidad donde más recaudó en términos globales. Eso supone un 5,8% del total de España que coloca a Aragón en la séptima posición en términos relativos.

Sin embargo, a pesar de ser una de las Comunidades Autónomas que más conciertos organiza y con más espectadores, es una de las que menos público tiene por evento: En 2015, hubo una media de 175 personas por concierto, lo que coloca a la comunidad en un nefasto decimosexto lugar sólo por encima de Madrid (154) y Baleares (65).

Qué programación ofrece Zaragoza

Respecto a las salas de música, nos encontramos en un momento cambiante donde no todo es blanco o negro y mientras algunas se mantienen y otras nuevas se consolidan, ya son varias son las que han tenido que cerrar en el último año y medio. La última en hacerlo fue la sala Creedence (ver noticia en Aragón Musical), que bajó la persiana el pasado mes de abril de 2017 tras seis años de actividad, ¿el motivo? la poca afluencia de público que había en sus conciertos. También este año, en marzo de 2017, cerró la sala King Kong, año y medio después de su reapertura. Pocos meses antes, a finales de 2016, había cerrado otra sala mítica: el pub Eccos. El cierre de estas salas y el traslado de La Lata de Bombillas a la calle Espoz y Mina (antes estaba en María Moliner), marcan una clara concentración de los escenarios musicales en el centro de la ciudad.

¿Qué hay de la programación musical? Para Sergio Vinadé, de Las Armas y Tachenko, la situación musical es buena: "Yo creo que ahora Zaragoza está prácticamente en todas las giras que pasan por España, de todo tipo de música. Si valoras la calidad y cantidad de conciertos que vienen y la cantidad de público que asiste, creo que estamos en la mejor época de la historia a nivel musical de Zaragoza, con diferencia", opina. Destaca también la gran cantidad de conciertos que hay actualmente los fines de semana con respecto a hacer diez años: "Se ha convertido en parte de la opción de ocio que es lo que siempre reclamábamos", añade.

Sergio Vinadé (Las Armas/Tachenko) "Si valoras la calidad y cantidad de conciertos que vienen y la cantidad de público que asiste, creo que estamos en la mejor época de la historia a nivel musical de Zaragoza, con diferencia"

Por su parte, Tomás Gómez Perry, programador de la Sala López, comenta que "solo el hecho de que haya público, salas y grupos es bueno. Como escena musical en la ciudad creo que hay mogollón de grupos y de salas y espacios donde darse a conocer, de todos los tamaños. También hay programas y concursos del ayuntamiento".

Chema Fernández, dueño de La Casa del Loco y Antípodas Producciones y representante de los promotores de música de Aragón, comenta que ya no vienen figuras como Michael Jackson o Dire Straits en su momento, "ni falta que hace" porque asegura que "la calidad de programación que hay ahora en Zaragoza es comparable a la que hay en cualquier parte del mundo". Con este tipo de programación, aunque sea "menos vistosa", se mantiene "un estrato cultural infinitamente más rico, diverso e interesante al que solo hay que hacer el esfuerzo de acercarse".

Al igual que los públicos "vienen y van", a los programadores les sucede lo mismo y ahora llega gente nueva con ideas nuevas. En Zaragoza ahora hay muchos casos de músicas independientes, internacionales de calidad como el ciclo Bombo y Platillo. Es minoritario pero es el tipo de cosas que merece la pena apoyar porque eso es lo que realmente lleva a la diversidad cultural porque, si no, solo tendríamos los 40 Principales", apuntilla Fernández.

La situación actual: los músicos opinan
Jesús Viñas en una actuación reciente en Las Armas

Para los músicos ¿hay oportunidades? El guitarrista de flamenco Alejandro Monserrat cree que no hay suficientes: "Esto está cada vez más difícil. Y cada vez es más difícil que los ayuntamientos contraten con la misma alegría que antes. Es comprensible. Y eso que músicos e ideas ha habido y habrá muy buenas en esta tierra. Tampoco soy de los de estar quejándome todo el día. Creo que tenemos que seguir trabajando y pensando todo el día, y luchando fuerte. Lo que sí hay son iniciativas, tales como Aragón Musical, Comunidad Sonora, Pablo Ferrer, Miguel Mena, etc. Sigue habiendo gente que apuesta por la cultura, por la música en esta tierra".

Los componentes del grupo Dadá, creen que "en Aragón hay muchísima afición por la música, muchísima cantera y oferta, aunque a veces nos falta valorarnos un poco". Añaden que muchos grupos pasan por la ciudad, además de que contamos con una "escena local muy potente. En lo que sería de primera división, ¿cuántas comunidades hay que tengan tres primerísimas filas como Kase.O, Bunbury o Amaral? Sin embargo, nos cuesta verlo y eso acarrea muchos males, falta de apoyo, una industria inexistente, dificultad de despegar...".

Alejandro Monserrat: "Tampoco soy de los de estar quejándome todo el día. Creo que tenemos que seguir trabajando y pensando todo el día, y luchando fuerte"

Para los miembros del grupo White Coven, "oportunidades hay, pero es complicado salir adelante. Aragón está bastante viciado y cuesta abrirse un camino que se salga del estilo o los cánones que rigen la escena aragonesa.  Como se suele decir: nadie es profeta en su tierra. Sin embargo creemos que el trabajo tiene sus frutos, y la única manera de salir adelante es con trabajo, trabajo y más trabajo. Al final, si las oportunidades no vienen, lo que hay que hacer es ir a por ellas".

El músico y compositor Jesús Viñas cree que el panorama musical en Zaragoza es bueno y que "hay ayudas que permiten que bandas que acaban de nacer consigan generar una buena imagen dentro de la escena musical aragonesa". Monserrat opina que "siempre hay subvenciones, alguna feria. Pero la mitad no son fácilmente accesibles", pero asegura que tiene "confianza en los gestores culturales que hay ahora".

¿Hay poco público para conciertos en Zaragoza?

Hay algo en lo que coinciden prácticamente todos los promotores y programadores: que en Zaragoza hay un porcentaje muy pequeño de público que asiste con regularidad a conciertos, en comparación con el número de habitantes que hay. "El público está muy poco receptivo a las ofertas que realizamos y casi siempre son los mismos quienes asisten a los conciertos" resume José Juste de la Bóveda del Albergue.

José Juste (La Bóveda): "El público está muy poco receptivo a las ofertas que realizamos y casi siempre son los mismos quienes asisten a los conciertos"

"Estamos recurriendo siempre a un pequeño grupúsculo de consumidores de música que siempre son los mismos. 1.000, 2.000 personas, 3.000 como mucho, de 700.000 habitantes. No podemos depender de eso, necesitamos que sean 5.000, 6.000, 7.000... los que vayan de vez en cuando", opina Tomás Goméz.

Por lo tanto ¿es difícil sacar a la gente de casa y llevarla hasta un concierto?. Para Sergio Vinadé, de Las Armas, "es difícil pero cada vez lo veo mejor. Llevamos unos años que la gente sale a más conciertos. Es una opción más incluso entre semana". Chema Fernández cree que "a la gente no le cuesta pagar una entrada, el que quiere ver un concierto sabe perfectamente que tiene que hacerlo, valoran el trabajo del artista y de la sala. El problema es que hay un porcentaje muy pequeño, difícil de establecer, para el cual ir a un concierto es parte de su ocio habitual cada semana o cada mes".

¿Qué piensan los músicos? La banda de metal Ariday no duda en responder: es complicado sacar a la gente de casa. Viñas piensa que "la actividad musical en Zaragoza lleva siendo envidiable desde hace muchos años en cuanto a la enorme variedad y cantidad de eventos programados cada fin de semana, lo que genera una oferta que es muy difícil de asimilar como público. Sumando el factor de que al público maño no le gusta salir a sorprenderse y la obligación de tener que darte de alta en la Seguridad Social con los gastos que eso conlleva, hace que salas de aforos reducidos se ahoguen entre los pagos que no pueden llegar a solventar con la poca afluencia de público". A pesar de que asegura "tener suerte en ese aspecto", el guitarrista Alejandro Monserrat cree que cuesta que la gente vaya a conciertos: "Hay algunos de una gran calidad que los ves medio vacíos y, claro, eso al que los programa le echa para atrás a la hora de programar más, o de jugársela".

Aunque aseguran que no pueden quejarse de su público y dicen tener "suerte en ese sentido", los miembros de White Coven creen que, por lo que han visto en conciertos de otros grupos,"es muy complicado atraer a gente a los conciertos, y más aún si hay que pagar una entrada, por mínima que sea. No creemos que sea algo específico de la escena musical, ocurre en todos los ámbitos: el pagar por algo cultural es algo que no entra en la mentalidad española".

El precio: conciertos de pago o conciertos gratuitos

Otro punto destacable del panorama musical es que en Zaragoza, históricamente los precios de los conciertos son de los más bajos del país, "son siempre 3,4 hasta 5 euros más baratas que en otras ciudades", explica Patxi. "Los promotores siempre defendemos que los precios aquí sean más bajos, precisamente porque nos apetece ver muchas cosas, nos gusta que haya diversidad cultural y sabemos que en tiempos de crisis, en los que todavía estamos y teniendo en cuenta los sueldos que manejamos, no puedes pedirle a alguien que se gaste 200 euros en conciertos al mes", explica Fernández.

Tomás Gómez Perry (La López): "si estamos diciendo que es difícil que la gente gaste dinero, atraer a la gente a la cultura a base de eventos gratuitos es contraproducente"

Gómez ve como un error hacer eventos gratuitos: "si estamos diciendo que es difícil que la gente gaste dinero, atraer a la gente a la cultura a base de eventos gratuitos es contraproducente. No digo que no tenga que haber cosas gratuitas, pero no creo que hacer las cosas gratuitas sea un gancho. Se pueden hacer más baratas, se pueden hacer ofertas, se pueden hacer miles de cosas y sobre todo no ponerlas caras y que los grupos no pidan más pasta de la que piden y que las salas no se vayan de madre, pero gratuito es un error", opina.

¿Exceso de programación?
Los White Coven (aquí en el CC Universidad) también han participado en nuestro reportaje

Con una cantidad de público habitual tan baja, ¿es necesaria tanta programación? "Igual hay que coordinar la programación", propone Gómez. "Yo siempre he dicho que la ciudad no está programando por encima de sus posibilidades, pero cada vez me estoy convenciendo de lo contrario, no porque haya mucha sino que se programa por rellenar los huecos. No entendemos que una sala un día no tenga un concierto", añade haciendo autocrítica. Aunque también insiste en que "esa sobre programación podría ser absorbida por la población si hubiera una educación, comunicación, preocupación, una política dirigida no a programar más, sino a que el hábito de consumo de cultura se generalice y se extienda más a la población".

Para Chema Fernández, sí hubo tiempos de sobre programación pero ahora "se está estabilizando". Antes "todos queríamos nuestro trozo de mercado y que fuera amplio, pero al final no daba para tanto. Nosotros estamos programando menos, hay menos salas y a tenor de los resultados de este año, en nuestro caso [en La casa del loco], no hay ninguna duda de que estamos en el camino correcto. Estamos teniendo mayor porcentaje de público por concierto".

José Juste opina que "podríamos hablar de sobreoferta que, aunque en principio podríamos considerar como negativa para las salas, creo que es sería muy positiva si estuviese bien encauzada y coordinada, ya que permitiría buscar nuevos mercados y ofrecer una imagen de ciudad "Friendly music", palabra muy de moda en estos tiempos, con el consiguiente prestigio para la ciudad". El origen de esta "problemática" está "en la absoluta falta de coordinación de los espacios que ofrecemos música en directo y el nulo esfuerzo de las administraciones locales por esa coordinación", añade Juste.

Los cierres y la legislación vigente

El año pasado la escena musical en la ciudad comenzó a complicarse pues el Ministerio de Trabajo empezó a realizar inspecciones en diferentes salas de conciertos, solicitando los contratos de alta de los músicos ya que, legalmente, se les considera trabajadores de la empresa. Una de las primeras salas en verse afectadas fue la Campana de los Perdidos (ver noticia en El periódico de Aragón) cuyo equipo original con José Ángel Rodicio a la cabeza, decidió traspasar la sala tras recibir una multa de 12.000 euros.

Según la ley, la sala es la "responsable subsidiaria", según explica Patxi, algo que desde las salas ven "injusto" porque deja a los promotores en situación de indefensión. "Desde las salas consideramos que estamos dando un espacio para que los músicos desarrollen su trabajo", explica Gómez Perry pero matiza que sus trabajadores "son los camareros, los empleados de seguridad y, en mi caso, el programador. Si tengo que contratar a todos los músicos que salen en mi sala no salen las cuentas. Otra cosa es que estuvieran en mi plantilla porque tocan todas las semanas". Para que un músico se dé de alta tiene que ser autónomo, tener una empresa o que su oficina de management le dé de alta. Pero "muchos músicos amateurs que no tienen empresa ni nada de esto, ¿cómo se dan de alta? Lo acabamos haciendo nosotros (las salas) y eso supone unos gastos que muchas veces ni la taquilla ni la sala genera ese beneficio", comenta Gómez.

DADÁ: "en una actividad comercial tan raquítica comercialmente, aplicar conceptos de empresas comerciales es casi surrealista"

Las salas "buscamos la solución intermedia: vamos a repartir el marrón. Mi postura como sala es que no es nuestra responsabilidad (dar de alta a los músicos). Creo que estamos cometiendo un error al hacerlo porque le damos la razón a Trabajo. De alguna manera podrías darle la vuelta: somos nosotros los que estamos trabajando para que el músico pueda tocar porque le ponemos un equipo de sonido, un técnico, espacio, promoción", comenta Gómez Perry. "Si sale de taquilla lo pagamos; si no, a pachas; si la barra va guay te lo pago yo. Pero no podemos decir que pagamos nosotros siempre porque entonces esto no va a evolucionar, hay que ser conscientes de que hay un problema. Los músicos no pueden ir a lo fácil y decir 'a mí que me contraten'. Si queremos que esto funcione tenemos que ser todos los que estemos a una y ser consciente de que es una excepción que las salas paguen o esto no va a cambiar nunca", apuntilla Gómez. Se trata de "un tema delicado, porque todo lo que implica legalidad no admite discusión. No sabemos qué va a pasar: estamos en un impass", reconoce Chema Fernández.

Al grupo White Coven, toda esta problemática les toca de cerca: "En los conciertos que hemos dado en el último año hemos tenido que darnos de alta en la Seguridad Social, con los gastos y el papeleo que ello conlleva. Siendo siete músicos no podemos permitirnos casi 200€ de pérdidas por concierto. Nosotros, y prácticamente la totalidad de los grupos amateurs de la ciudad, no obtenemos ingresos de esta actividad; es más, salimos perdiendo bastante dinero. Si aún encima tenemos dedicar la totalidad de los ingresos del concierto a las altas de la Seguridad Social, no podemos siquiera costear la gasolina de los coches. Peor todavía lo tienen las bandas que vienen de fuera y dependen de los ingresos del bolo para costearse el viaje y la estancia.

"A todos nos ha tocado sufrir las consecuencias. Nosotros llevamos ya muchos años siendo autónomos y dando de alta a todo el que se subía al escenario con nosotros. Pero de ahí a tener que hacer factura en sitios en los que apenas cobrabas, además de todas las altas, va un paso. Total: que acabas regalando tu trabajo. Que, aunque siempre hecho cosas, y seguiremos haciéndolas, por amor al arte (cuando la causa lo merece) al mismo tiempo tenemos que hacer valer nuestro trabajo", comenta Monserrat.

Aunque no han tenido problemas con este tema, los componente de Dadá creen que "en una actividad comercial tan raquítica comercialmente, aplicar conceptos de empresas comerciales es casi surrealista".

A vueltas con la legislación: músicos profesionales y músicos aficionados

Si hay algo en lo que parece haber un cierto consenso entre todos los promotores programadores y músicos, es que para empezar a regular esta situación de forma justa, la ley debería distinguir entre la figura del músico profesional y el aficionado o amateur. "Esto hay que regularlo porque es una realidad. El músico aficionado no genera la suficiente cantidad de dinero para que se le pueda exigir unas altas en la Seguridad Social o un IVA. Es imposible", explica Chema Fernández.

"El quid es diferenciar entre amateur y profesional", asegura Tomás Gómez Perry. "Pero si el profesional tiene que pagar impuestos y el amateur no, todo el mundo va a decir 'yo soy amateur' y no. Por eso es muy difícil diferenciar esto", opina Gómez. Sobre diferenciar entre profesional o amateur, el compositor y músico Jesús Viñas apunta que "la música no es una profesión en la que unos papeles definen tu capacidad creativa o interpretativa. Mi opinión es que la separación entre una categoría y la otra es muy difusa y generaría controversia en la decisión de en qué lado cae cada una de las propuestas. Hay que valorar la dedicación de un proyecto, pero tampoco se puede medir en el número de horas dedicadas al proyecto, número de discos en el mercado o número de seguidores en las redes sociales, por ejemplo, sino la profesionalidad que se arroje de un trabajo bien ejecutado en sus diferentes niveles".

"Si tu profesión es la música eres profesional, pero los músicos que viven de los bolos son un porcentaje ínfimo en comparación con el volumen de gente que se sube a un escenario a tocar. Hay que ver la realidad del sector y establecer distintas categorías. Tendrían que existir fórmulas para facilitar que la gente pueda empezar y pueda crecer. Ahí entran tanto los amateurs como los que quieren ser profesionales, como los que lo son pero no viven de actuar sino de dar clases... Si exiges altas de 30 euros por músico, estás haciendo muy inviable que la gente que no gana dinero con esto pueda llegar a ganarlo algún día. La cuestión es más diferenciar entre grandes cachés y cachés de supervivencia. Si tu sueldo por tocar en una sala no llega ni a los 50 euros no es lógico asumir un alta de 30 euros", opinan los componentes de Dadá.

El guitarrista Alejandro Monserrat

Para Monserrat, "es muy difícil establecer esa diferencia, y nunca nos íbamos a poner de acuerdo. En teoría, se es profesional cuando te dedicas a ello. Pero realmente hacer esa diferencia creo que no nos lleva a ningún sitio". Los miembros de la banda de metal Ariday opinan que la pauta para establecer el límite entre amateur y profesional podría ser un caché anual, es decir, "que hubiera un tanto neto al año y a partir de ahí, eres semiprofesional o profesional y tienes que declarar. Tendría que haber un contrato amateur para que, aunque no se declare porque es poca cantidad, quede patente", comentan. Añaden que "siendo que ahora parece que darse de alta en la Seguridad Social es obligatorio, una opción sería hacer un contrato para los grupos cada concierto, aunque se toque gratis o por poca cantidad. De esa manera se podría ver a final de año cuánto ha tocado y cobrado cada grupo". Sobre quién debería dar de alta a los músicos, creen que "lo mismo que la sala da de alta a camareros, seguridad, limpieza... el grupo debería ser uno más, no asumir ese gasto".

Al respecto, desde White Coven no creen que este gasto deba asumirse, "ni por las salas, ni por los músicos. Nosotros (los grupos amateurs) no estamos realizando una actividad profesional. No vivimos de ello ni generamos ingresos. Para la inmensa mayoría de grupos esto no es más que un hobby. El que piense que esto es un trabajo, o que tocar en una sala reporta más beneficios que gastos es bastante iluso. No deja de ser afán recaudatorio. Esta cacería debería parar, están matando la música de Zaragoza". Acerca de diferenciar entre amateurs y profesionales, creen que "es más labor de juristas que de músicos. Pero con solo echar un vistazo al panorama se puede saber que se están haciendo las cosas mal. No es de recibo que se esté exigiendo el alta a adolescentes que dan su primer concierto delante de amigos y familiares, por ejemplo", añaden.

Jesús Viñas es autónomo, por lo que siempre intenta "tocar de forma legal. Sé que es una cantidad de dinero injusta para los ingresos que podemos presentar, pero si se pretende hacer de una forma legal, es lo que hay que hacer", explica. "En los últimos años, intento transmitir una imagen de profesionalidad en la que no acepto conciertos en los que no cobre, pretendiendo transmitir el mensaje que muchos otros artistas también hacen de que el arte cuesta dinero y hay que valorarlo como tal". Desde su punto de vista, el coste de dar de alta a los músicos "debería salir de la organización del evento, pero sé que en muchas ocasiones, las salas de aforos reducidos son incapaces de hacer frente al coste que supone contratar una banda de cinco músicos dando de alta a todos en la Seguridad Social, para lo cual, creo, deberían apoyar a las pequeñas salas con una oferta bien programada desde entidades públicas", añade.

Jesús Viñas: "El músico ha estado desprotegido y mucho, hasta que se ha hecho necesario el darnos de alta para cada una de nuestras actuacione"

¿Está el músico desprotegido? "Lo ha estado y mucho, hasta que se ha hecho necesario el darnos de alta para cada una de nuestras actuaciones. Además, hay muchas actuaciones que se hacen en B completa o parcialmente en las que no se tiene ni siquiera la seguridad de qué se te va a pagar o cuándo, teniendo uno que adelantar costes que pueden llegar a ser demoledores para un proyecto que está empezando", explica Viñas.

¿Pueden las salas vivir de los conciertos?

Hoy en día, ¿se puede vivir de una sala de conciertos? Sergio Vinadé asegura que "el motor de Las Armas, en realidad, es el bar". Fernández comenta que "ninguna sala vive de los conciertos, viven de las copas. Dentro de eso, ahora mismo en general estamos en un momento de transición. Se está estabilizando un poco el tema". Gómez Perry es de la misma opinión: "de conciertos no se puede vivir. De hecho, difícilmente son rentables".

Es un trabajo al que se dedican muchas horas y "hay más trabajo del que se ve", comenta Patxi. "Tanto con la Ley Seca como con Rock & Blues, he tenido un negocio de hostelería conviviendo con la sala de conciertos. Al final un promotor no se puede centralizar en una sola cosa si quiere vivir solo de la música. Yo de los ingresos de la música no me puedo quejar pero siempre lo he hecho un complemento a mi otro trabajo que es en la hostelería", añade.

Y los músicos, ¿pueden vivir ellos de los conciertos?

Vivir de la música es un tema más difícil. Los miembros de Ariday aseguran que no es posible si no se compagina con un trabajo. Monserrat piensa que "es complicadísimo" y en su caso compagina sus actuaciones con la enseñanza en la Escuela Los Cabales, con Nacho Estévez.

Viñas cree que se puede vivir de la música pero "las opciones son limitadas. Si estás preparado para hacer orquestas y versionar canciones de otros, profesión que considero muy digna, se puede llegar a fin de mes. Simplemente, hay gente como yo que prefiere apostar por su propio material y es aquí donde es algo más complicado entrar en un circuito en el que se pueda vivir íntegramente de esto".

El desafío: en búsqueda de nuevos públicos
Los Tachenko (Sergio Vinadé y Sebas Puente), este año en el Slap!. Foto: Chus Marchador

A tenor de los datos y las charlas con promotores y programadores, se puede percibir que uno de los retos principales y primordiales hoy en día, además de trabajar por la regulación del sector, es la creación de nuevos públicos. "Los nuevos públicos son como el Santo Grial, siempre los estamos buscando", comenta Gómez Perry que añade que no cree que haya una fórmula, se trata de hacer un "trabajo continuo".

"La batalla es ese 90% de población que no se plantea todavía ir a un concierto, que como mucho se va a los conciertos gratuitos de las Fiestas del Pilar. Tenemos que pelear todos, con los medios de comunicación, con las instituciones", comenta Fernández. Para él hay un hecho sistemático: "el 99% de la gente que va a un concierto sale satisfecha. No digo que les guste con locura, pero sale suficientemente satisfecha".

"Todos vamos un poco perdidos porque antes la gente iba a conciertos porque era la leche e ibas a conocer. Ahora o lo vendes mucho o la gente sabe muy bien a lo que va o cuesta mucho hacer nuevos públicos", comenta Patxi de Rock & Blues. Y esto teniendo en cuenta que "hay una actividad musical como no ha habido nunca. La gente que vivimos la sequía, estamos encantados, los que tenemos de 30 para arriba. El gran reto es los de menos de 30 porque ha aparecido nueva cultura musical. Yo no me veo programando reggaeton pero, aunque a mí no me guste y no la entienda, no puedo discutir que es una música que le gusta a la gente joven", añade.

Gómez Perry: "Los nuevos públicos son como el Santo Grial, siempre los estamos buscando"

Sin nuevos públicos, no se puede avanzar. Para Gómez Perry hay dos maneras de conseguirlo: "Intentar hacer las cosas lo mejor posible, hacer una propuesta más atractiva en la que yo creo que casi todos estamos trabajando" y, por otro lado, "en vez de hacer lo que nosotros pensamos que es lo mejor, preguntarles qué es lo que quieren. Podemos saber mucho de música pero estamos un poquito desfasados y hay cosas que no alcanzamos a entender. Tenemos un déficit en esto. Hay que abrir unas vías de comunicación más directa para saber qué les gustaría. No creo que la música en directo se haya quedado desfasada, hay que cambiar la manera de hacerla", añade.

Para crear nuevos públicos y seguir difundiendo la música en vivo, "las relaciones con los medios de comunicación e instituciones son fundamentales. Tenemos que convencer a los medios para que nos ayuden a hacer ver a la gente lo mucho que se va a enriquecer yendo a ver estos conciertos, lo bien que se lo va a pasar. Es el único paso que nos falta", añade Fernández.

Gómez Perry también cree en la necesidad de que sea un "agente externo" (como podría ser la Administración o los medios de comunicación) el que venda la idea de que "merece la pena gastar ese dinero". La administración "podía desarrollar mejores políticas culturales destinadas al fomento del consumo de conciertos, de la música en vivo. Potenciar los grupos locales para promocionar la ciudad y eso enriquecería mogollón la escena", comenta Gómez Perry.

Mirando a largo plazo, Jesús Viñas cree que "debería cambiar la educación artística en general en el plan de estudios de las próximas generaciones para conseguir que la gente valore de otra manera tener la posibilidad de disfrutar del arte. Ya sea en museos, librerías o salas de conciertos se ve que no se apuesta por descubrir nuevas propuestas".

Laura Latorre es graduada en Periodismo por la Universidad de Zaragoza. Ha trabajado en la sección de Cultura de El Periódico de Aragón y ahora colabora en RedAragón y en Zero Grados. Se define como lectora y escritora vocacional y melómana

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