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Paseos de otoño por el Pirineo

Los senderistas pueden gozar de un mundo multicolor en el reino de la lluvia y de las brumas

Ricardo Martí. 07/11/2017 - 17:52 h.
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Caen las primeras nieves en las cumbres del Pirineo pero aun podemos aprovechar las últimas semanas del otoño para realizar bonitas caminatas por el monte. Los senderistas pueden gozar de un mundo multicolor en el reino de la lluvia y de las brumas. Es una sinfonía de rojos, anaranjados, amarillos, ocres, verdes mientras se anda en soledad. El Pirineo es el lugar ideal para realizar estas atrayentes caminatas. Hemos elegido seis recorridos por Zuriza, Labati, el Betato, la Pardina del Señor, Ordesa y Chistau. El introductor es el pirineista, naturalista, fotografo y escritor Eduardo Viñuales gracias a sus textos del libro titulado Los Tesoros Naturales del Pirineo Aragonés.

EL VALLE DE ZURIZA

Caminantes en Linza. Foto: Eduardo Viñuales

Zuriza, Linza, Gamueta, Tacheras, Aztaparreta...son algunos de los nombres de los bosques que tapizan el Pirineo de Huesca más occidental, lindando con Navarra y con Francia. Tan denso y tupido es aquí el arbolado que no es extraño que estas húmedas masas forestales de esbeltas hayas, pinos y abetos reciban locamente el calificativo de selvas o selbas.

Zuriza, en la intimidad del bosque, huele a humedad. La lluvia y las nubes bajas resultan abundantes en estos valles norteños donde aún se respira un cierto ambiente a norte, a cantábrico, a clima atlántico.

En el bosque de Gamueta todo indica que la intervención humana ha sido más bien escasa, y que por tanto atesora las características estructurales originales que son propias de este tipo de enclaves naturales. Por eso es único y singular. Se salvó, in extremis, de ser talado entre los años 1993 y 1995.

Vamos a escoger un itinerario ecológico por el bosque de Gamueta que tiene 400 metros de desnivel y se realiza en dos horas y media. En el Plano de la Casa, donde está el refugio guardado de Linza, se cruza el barranco de Petrechama y se inicia el recorrido circular de un itinerario ecológico que ha marcado la asociación Fondo Natural para concienciar sobre la protección del bosque de Gamueta. Hay que seguir las señales verdes y amarillas.

La senda sube al llamado Paso del Salto de caballo y discurre ya de forma más suave entre prados, hayedos y arroyos para salir al encuentro del final de la pista restringida del barranco o torrente de Gamueta. En todo momento, el recorrido permite ir descubriendo, a través de diversas balizas y paradas, el interés natural de esta masa forestal que todavía conserva árboles monumentales y una rica biodiversidad.

Desde el final de la pista se desciende a la carretera de Zuriza a Linza, muy cerca de la Fuente de los Clérigos, donde habrá que regresar al inicio del recorrido.

EL BOSQUE DE LABATI

Bosque de Labati. Foto: Eduardo Viñuales

Erase una vez un rincón perdido del Parque Natural de los Valles Occidentales llamado Labati. Un entorno de bosques mixtos, prados y bordas en el que los montañeses del valle de Aragüés del Puerto guardaban la hierba cortada y donde cuidaban sus animales. Un espacio mágico del alto valle del río Osia que desde hace siglos componen un dosel forestal como hay pocos en los Pirineos.

Es en el otoño cuando los bosques que quedan al pie del Bisaurín, y que van desde el puente de Labati hasta el refugio de Lizara, se transforman en una auténitca fiesta de color y de vida salvaje: aparecen multitud de setas en el suelo y en los troncos inertes, los arbustos exhiben sus carnosos frutos, y muy especialmente las especies vegetales caducifolias viran de color hacia tonos, matices y combinaciones codiciadas por la creatividad de cualquier artista.

El recorrido elegido es el barrando de Gabás. En una hora de trayecto se realiza un desnivel de 250 metros. La carretera que va de Aragüés del Puerto al refugio de montaña de Lizara salva el río Osia mediante el puente de Labati, poco después de haber rebasado la Casa Forestal. Allí tomamos un ancho camino en ascenso que enlaza con el Puente de los Corralones y el Plano de Lizara, siguiendo el antiguo camino del valle.

La pista por la que avanzamos va ganando altura sobre el río que queda a mano derecha. Dejaremos a la izquierda un primer desvio y obviaremos el viejo camino del valle cuando la pista dibuja una cerrada curva que permite adentrarse a través de un bosque mixto en el interior del barranco lateral de Gabás. El bosque de pinos de Espelungueta en la ladera solana por la que caminamos, es diferente del que se halla en la umbría que tenemos enfrente, al sur, con orientación norte, en el llamado Paco Sanchorromano y el cerro Turnolo, donde abundan las hayas, los abetos y diversas especies de tipo caducifolio. Arriba, en lo más alto del valle, se perfila la Peña de Gabás.

La pista finaliza en una recogida rinconada, dominada por las hayas y por la humedad. La humedad de horajarasca que cubre el suelo invita al descanso y a la observación de los muchos matices vivos propios de estos bosques de montaña media.

EL BOSQUE DEL BETATO

Bosque del Betato. Foto: Eduardo Viñuales

Entre Piedrafita de Jaca y Tramacastilla de Tena hay un bosque de hayas donde se cuenta que hasta no hace muchas décadas se reunían en secreto las brujas del Alto Gállego. Es el Betato, el bosque vedado, el hayedo prohibido del barranco del Gorgol. Allí se refugiaban brujas y diaples para celebrar sus ritos y aquelarres, con hogueras clandestinas, usando pócimas de plantas mágicas como el estramonio y la belladona, con las que volaban, saltaban eufóricas y llegaban a tener relaciones intimas con el demonio.

En los Pirineos el haya es uno de los árboles considerados por la tradición como mágicos, pues se asocia a escenario de hadas y otros seres fantásticos. Quizás porque los hayedos, amantes de cierta humedad ambiental y de lluvias generosas se han recluido en las montañas del norte peninsular, en rincones y valles donde el progreso moderno y la culturización del hombre también han ido arrinconando los misterios, las creencias, y los mitos de sociedades humanas fuertemente vinculadas a la tierra y la naturaleza.

Proponemos la excursión de Tramacastilla al Betato. Tiene un desnivel de 150 metros en hora y cuarto. Es un recorrido muy fácil que se puede realizar con niños, en familia.

Desde la plaza de entrada a Tramacastilla tomamos la pista que nos llevará a salir del pueblo junto a unos chalets y caserones. Se atraviesa una zona de praderas y bosques mixtos. Abajo, en el fondo, a mano izquierda, descansa el largo embalse de Bubal. Las montañas de Telera y de Tendeñera cierran el hermoso horizonte.

El paseo boscoso nos va a llevar a cruzar por un puente el cauce escabroso del barranco del Corgol. Al poco de cambiar a su margen derecha, un sendero a la diestra se adentra en el bosque mágico. Una pendiente subida nos lleva a unos pequeños prados donde algunos dicen que se celebraron aquelarres. Merece la pena cruzar arroyos y perderse por las veredas secretas del hayedo para empaparse del misterio de estas frondas visitadas por las nieblas.

LA PARDINA DEL SEÑOR

La Pardina del Señor en Fanlo. Foto: Eduardo Viñuales

Durante gran parte del año el verde bosque de la Pardina del Señor, cerca del pueblo de Fanlo, puede pasar desapercibido para la mirada de los hombres que por allí cerca transitan. Pero todo cambia cuando, en un anuncio del frío, el otoño le saca los colores a estos parajes que están considerados como la mejor masa forestal mixta del Pirineo de Huesca.

Es para finales de octubre y en los primeros días de noviembre el momento especial en el que la Pardina del Señor - o de Ballarín – se transforma en un cuadro multicolor donde salen del anonimato las distintas especies de árboles caducifolios: los avellanos, chopos, abedules, robles y fresnos se vuelven amarillos en sus follajes. Los arces, serbales, cerezos silvestres y álamos temblones viran hacia colores naranjas y rojos, y en ocasiones casi ardientes. Las hayas, sin embargo, van mudando del verde al amarillo, y hacia un dorado cada vez más envejecido. Y, mientras tanto, dos coníferas permanecen impasibles a toda esta transformación y combinación pictórica: los verdes pinos silvestres y los abetos blancos de porte piramidal. Todos juntos, en suma, componen un perfecto orden de cromático aspecto revuelto.

La paleta pictórica del bosque de la Pardina del Señor de Fanlo adquiere en su momento álgido tal espectacularidad, que puede llegar a volver medio loco a los amantes de la fotografía y el pincel, o simplemente a quienes disfrutan con la contemplación del hermoso espectáculo gratuito que es el transcurso de las estaciones y los ciclos naturales en las laderas de nuestras montañas.

Realizaremos el recorrido del G.R.-15 que atraviesa el bosque de Fanlo. La llamada Senda Prepirenaica se abre paso desde el valle de Vió hacia el valle de Broto por la margen orográfica derecha del barranco del Chate, atravesando el corazón de este bonito bosque.

Partimos de las eras de Fanlo. Siguiendo al principio el asfalto de la carretera que baja a Sarvisé, pronto veremos que el sendero G.R.-15 desciende hacia el fondo del barranco que sale del interior de la garganta de las Gloces. Seguidamente se remonta la ladera opuesta, de orientación sur. La ruta se convierte en un delicioso paseo forestal que cruza dos barrancos que bajan de la Punta Trallata.

Se llega a las ruinas de la Pardina del Señor, casa de campo donde antaño vivió una familia con su ganado. El G.R.-15 sigue las curvas de nivel del monte y nos lleva a las inmediaciones del barranco del Baño, donde hay un manantial de aguas mineromedicinales.

A esta altura abandonamos el G.R. para salir por una pista forestal que en dirección sur desciende a la carretera de Fanlo a Sarvisé, muy cerca del área de acampada del Chate. Por la carretera podremos regresar a Fanlo.

EL VALLE DE ORDESA

Bosque de las Hayas de Ordesa. Foto: Eduardo Viñuales
El río Ara en Torla. Foto: Eduardo Viñuales

El valle de Ordesa pronto despertó la admiración de los viajeros y pirineístas decimonónicos que venían de Francia y de otros países a contemplar sus maravillas naturales. El más activo y entusiasta de todos ellos fue Lucien Briet, que dedicó a esta parte del Alto Aragón unos veinte años de excursiones, escritos y artículos que serían ilustrados gracias a la realización de más de 1.600 placas fotográficas. De Ordesa, entre otras muchas cosas, decía: “Cuan extremados son la sencillez, el arte, el lujo y la elegancia con que estas crestas, estas montañas y estos colores se diversifican en un espacio limitado por rocas inmensas”.

Briet, con sus palabras que fueron un canto de amor a la naturaleza de los Pirineos, sembró la simiente para que Ordesa fuera un valle protegido de forma pionera en el año 1918. Ahora, un siglo después sigue siendo una delicia caminar por el fondo del gran cañón del río Arazas, atravesando sus praderas abiertas al bosque, asomándose a los saltos de agua de Arripas, Estrecho y la Cueva, cruzando en silencio el hayedo, bordeando las Gradas de Soaso, observando a los sarrios…y, finalmente, alcanzando el cierre del Circo de Soaso donde se desploma la cascada de la Cola de Caballo.

Realizaremos el recorrido clásico desde la pradera de Ordesa hasta el Circo de Soaso. Tienen un desnivel de 400 metros y su duración es de cuatro horas. Es el itinerario más trillado y conocido de todo el Parque Nacional. Es la forma más accesible de llegar al refugio de Góriz. Al fondo de la Pradera de Ordesa tomamos una pista a mano izquierda que discurre por la margen derecha del río Arazas. Nos adentramos en la fronda tupida del fondo del valle con pinos silvestres, hayas, abetos y sotobosque de bojes. Al cuarto de hora llegamos al desvio de Cotatuero y Soaso donde hay una imagen de la virgen del Pilar. Cogemos la de Soaso.

Pasamos por la cascada de Arripas y después la del Estrecho. La pista va ganando desnivel mediante el trazado de algunas curvas y discurriendo por la oscura umbría del Bosque de las Hayas, espectacular en los meses otoñales. Al pie de un resalte rocoso se localiza la pequeña oquedad de la cueva de Frachinal. A partir de aquí el bosque se pierde paulatinamente y se abre el valle con el fondo de las Gradas de Soaso. A partir de ahora el sendero se torna con algo más de pendiente, hasta alcanzar la amplia llanura que desemboca en el Circo de Soaso, al fondo del cual se divisan el Cilindro, el Monte Perdido y el Soum de Ramond. El camino llega al rincón de la Cola de Caballo, punto final en el recorrido.

EL VALLE DE CHISTAU

Valle de Chistau. Foto: Eduardo Viñuales

El valle de Chistau, recorrido por el curso agitado del río Cinqueta, se nos muestra como un lugar pirenaico que todavía parece estar alejado del mundo moderno. O, al menos, así ha sido hasta no hace muchos años.

Y es que en este impresionante espacio cerrado por montañas tan altas como Posets, Cotiella o Punta Suelza, la naturaleza aún convive en su mejor estado de salud con el hombre y sus obras. ¿Por imperiosa necesidad, por aislamiento secular o por cariño a lo propio?, se preguntan algunos turistas. Es difícil dar una respuesta objetiva, pero lo cierto es que una vez aquí a veces se llega a tener la sensación de haber retrocedido en el calendario, e incluso se podría llegar a plantear el que no se está en el Pirineo del siglo XXI.

La imagen típica del valle de Chistau incluye un delicado mosaico de bordas y cabañas de piedra, de rebaños de ovejas y de cabras que hasta hace unas décadas practicaban la trashumancia, de fajas o bancales, de paredes de piedra, de lindes y setos, de todo tipo de hierbas creciendo en los prados de siega…y de espigados chopos lombardos que amarillean espectacularmente al llegar el otoño hacia ese cielo azul. Todo aquí está, estaba, perfectamente cuidado y ordenado. Todo es muestra de un equilibrio irrepetible de tiempos remotos.

Vamos a realizar un recorrido por la ribera del Cinqueta. Tiene un desnivel de 400 metros y una duración de dos horas y media. Junto a la carretera entre San Juan de Plan y Gistain, a mano derecha, está el llamado Puente de los Pecadores. Nos fijaremos en el grupo de grandes tilos que aquí crecen, y pasaremos a la orilla orográfica izquierda del valle, caminando por el sendero de L’Ausera.

Entre bosques mixtos, fresnos, robles y prados de siega se llegará al Puente del Molin, donde enlazamos con la pista de la Ribereta que sube hacia el corazón del alto valle de Chistau, el rincón de Viadós. Continuamos por la pista que ahora coincide con el sendero GR-19.

Con cada paso que aquí demos nos iremos enamorando del paisaje y sus múltiples detalles naturales. Todo el rato iremos por ese ambiente en el que se conjugan bosques, prados, bordas, ganados y montañas hermosas.

Antes de alcanzar el Puente del Hospital podemos seguir por otro camino a la derecha, también señalizado con las marcas rojas y blancas de gran recorrido, para así llegar por la margen izquierda del valle hasta el final, en las praderas de la Virgen Blanca y los llanos de Es Plans, donde justo antes habremos de cruzar al otro lado del río.

- . ©Foto: MonrasinRicardo Marti. Nacido en Zaragoza hace 55 años. Ha trabajado en Melilla Hoy, Diario 16 de Aragón, El Punto Deportivo, Stadio Sport, Marca, Atletismo Español y El Periodico de Aragón. Publicó los libros Historia del Atletismo Aragonés y Los Olímpicos Aragoneses.

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