Ocio y Cultura

Santiago Díaz: "¿Quién no quiere que los criminales paguen por sus pecados?"

El conocido guionista presentó el pasado jueves, 21 de junio, en la sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Zaragoza su primera novela, Talión, en la que cuenta la historia de una mujer a punto de morir que decide tomarse la justicia por su mano

Sandra Alquézar. 25/06/2018 - 11:48 h.
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Santiago Díaz en el Gran Hotel de Zaragoza. Foto: Jaime Galindo (El Periódico de Aragón)

El guionista presentó el pasado jueves, 21 de junio, en la sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Zaragoza su primera novela, Talión, en la que cuenta la historia de una mujer a punto de morir que decide tomarse la justicia por su mano. Díaz, que ha sido guionista de multitud de series de televisión de éxito, se estrena en la literatura con un espeluznante thriller que nos planteará más de un dilema moral.

- Talión plantea un dilema ético al lector nada más empezar: el de si es lícito matar a alguien que ha cometido terribles crímenes. ¿Pretendes que el lector se haga esa misma pregunta?

- Pretendo poner al lector en un aprieto, porque yo sé perfectamente que la respuesta que todos damos a esa pregunta inicialmente es 'no'. Sin embargo, conforme vamos leyendo, vamos conociendo a los malos, a las víctimas que han ido dejando y a las que dejarán, empatizamos con ellas, y llega un momento en el que llegamos a sentir un gran desprecio por esos criminales. Además, vamos de la mano del personaje principal, Marta Aguilera, y cuando ella se encuentra frente a frente con el malo tenemos que tomar una decisión como lectores. Esa decisión nos va a sorprender, porque quizá nuestra seguridad inicial de que no es lícito matar a nadie se tambalea un poco, porque en ese momento queremos no solo que le mate, sino que se ensañe con él.

- ¿Dirías entonces que al terminar la novela cambiará nuestra respuesta a la pregunta que inicialmente planteas?

- Sí, aunque no sé si en la vida real daríamos esta respuesta. Todos queremos que se coja a los malos, que se les juzgue, condene y se les meta en la cárcel todo el tiempo que se pueda. Pero en el momento en el que estamos en ficción la respuesta va a cambiar, porque, ¿quién no quiere que los criminales paguen por sus pecados y que los buenos salgan indemnes? Así que la respuesta es sí, en lo relativo a la ficción la respuesta va a cambiar, pero si lo trasladamos a la vida real es más difícil.

- La situación de la que parte la protagonista, Marta, es también muy dura, porque acaban de decirle que le quedan dos meses de vida. ¿Es esta una segunda pregunta para el lector, qué haría él en esa situación?

- Exacto, pero no solo qué harías si te dicen que te quedan dos meses de vida, sino qué harías en las circunstancias de la protagonista. Ella es una mujer sin ataduras, no tiene familia, no tiene hijos, no tiene nada. Si tú tienes a alguien y se te plantea esa situación lo más probable es que quisieras pasar tu tiempo con esas personas, pero ¿y si eliminamos eso de la ecuación? Entonces te planteas: ¿te irías a tomar el sol y beber caipiriñas o tratarías de dejar tu huella? No sé si la manera que elige Marta es la adecuada, pero sí que toma una decisión para dejar cierta huella y que se la recuerde.

- Con estas preguntas incómodas, ¿intentas sacar al lector de su zona de confort?

- Sí, pretendo que Talión no solo sea una novela sobre una asesina y una policía que la persigue, sino que también nos haga pensar, plantearnos cosas, y que cuando cerremos el libro siga en nuestra cabeza, que no se olvide fácilmente. Lo que he pretendido es que no sea solo una novela de acción, sino ir un poco más allá.

- ¿De dónde surge el germen de la novela?

- De donde imaginamos todos: de ver en la vida real casos que nos indignan, en los que vemos que los criminales no pagan lo suficiente, y en nuestros momentos íntimos, con nosotros o nuestras personas más cercanas, decimos "se merece que lo maten o que le hagan lo mismo que ha hecho él". En el momento en el que pensamos esto sabemos que no podemos hacerlo, porque nos iríamos a otra época que ya hemos superado hace mucho. Pero yo me dije "sé que no se puede hacer, sé que tenemos que respetar la justicia, pero voy a crear un personaje que se rebela contra esto y decide aplicar su propia ley del talión". Así, esa gente que vemos que en la vida real se va de rositas o cumple una pena muy pequeña, no tendría la misma suerte con Marta Aguilera. Y ahí es donde está el germen de la novela, en una mujer que decide rebelarse contra todas estas injusticias.

- ¿Consideras que la ley del talión está dentro de la naturaleza humana y que nos reprimimos por la sociedad?

- Quiero creer que nos sujetamos nosotros mismos, no solo por el temor a las consecuencias, sino porque creemos que no se debe hacer así. Pero la verdad es que el sentimiento es muy real, está muy presente, y es que aunque no estemos de acuerdo con la protagonista ni con lo que hace, yo puedo asegurar que todas las personas han tenido ese sentimiento en algún momento. Esa indignación que sentimos al ver crímenes horribles y familias sufriendo, cuando nos ponemos en su lugar y pensamos "si me pasara a mí no sé lo que haría". Después realmente no ocurre nada, porque cuando vemos en el telediario cómo están llevando a un asesino confeso de un crimen horrible, las familias que les esperan en la puerta se limitan a insultarles, a expresar toda su rabia con palabras. Pero no pasan más allá, porque sabemos contenernos. Por eso creo que está dentro de nosotros, pero hemos evolucionado lo suficiente como para saber dominarnos. Aun así, cualquiera se pone en la piel de un padre o una madre al que le han matado a su única hija, como ocurre en el primer capítulo de Talión con la pequeña Lucía, pero si te fijas no son sus padres los que se toman la justicia por su mano, sino Marta Aguilera. Y es que aunque sea ficción he intentado hacerlo lo más real posible.

- ¿Te has inspirado en casos reales para construir los crímenes que aparecen en la novela?

- No es que me haya inspirado en casos reales, pero es inevitable que lo que aparece en la novela nos recuerde a casos reales que suceden todos los días. De los cuatro o cinco casos que aparecen en Talión, en todos ellos si te paras a pensar encuentras similitudes con un caso real. Esto es así porque yo he querido retratar a auténticos canallas, pero que no por ser tan extremadamente malos sean irreales; de hecho, son gente que existe y que está a nuestro alrededor. Por eso, en ese momento en el que te enfrentas a un auténtico monstruo puede que acabes pensando que igual está mejor muerto. A lo mejor tú no aprietas el gatillo, pero si pasa un coche igual dices "bueno, voy a mirar para otro lado y no le aviso". Y eso es lo que procuro que el lector piense: "vale, yo no voy a matarlo, pero si le tuviera que salvar a lo mejor tampoco lo haría". Y es un momento que igual incomoda, pero también es interesante que ocurra eso al leer un libro.

- ¿Crees que hoy en día la gente sigue confiando en la justicia o que algunos preferirían volver a la ley del talión?

- Es que fíjate lo que ha pasado hoy (haciendo referencia a la libertad provisional de la Manada), me parece indignante. Y todos sabemos que no nos podemos tomar la justicia por nuestra mano, pero esto tiene que cambiar de alguna manera. Yo no quiero ni pensar qué pasaría si fuésemos más allá, pero lo que sí que hay que seguir haciendo es salir a la calle y protestar, gritar a los jueces y avergonzarlos. Aunque también es verdad que intentando analizarlo fríamente llegas a pensar que a lo mejor el juez se está sujetando al código penal y que si pudieras hablar con él te diría "yo le metería treinta años, pero es que tengo que hacer esto". Por eso, quizás no haya que ir solo contra ese juez, sino contra todo lo establecido, pero hay que hacerlo de manera legal: protestando, poniéndolos en un aprieto y a partir de ahí todo lo demás. Los de hoy ya se han escapado, pero a lo mejor los siguientes no; desgraciadamente hay que ir poco a poco. Es una desgracia que todavía estemos así, pero estamos avanzando, porque hace quince años nadie le hubiera dado ninguna importancia a esto, se hubiera dicho que son chavales y ya está, pero ahora ya dices "oye, perdona, son chavales que tal vez no sean unos monstruos en su naturaleza, pero han hecho algo monstruoso". Lo que está claro es que tenemos que seguir intentándolo y que no podemos tomarnos la justicia por nuestra mano.

- Otra de las claves de Talión es que los personajes están llenos de grises, especialmente la protagonista, porque pese a ser la heroína no deja de ser una asesina. ¿Cómo consigues que el lector empatice con un personaje así?

- Principalmente porque es una mujer que ha caído en el lado bueno, por decirlo de alguna manera. Igual que los malos han caído en el lado malo debido a sus circunstancias sociales, a su entorno, a su familia, a su educación o a lo que sea, Marta ha caído en el lado bueno. Hay varios momentos en los que la conocemos de niña y adolescente y con ellos quiero mostrar que ella tenía una sociedad a su alrededor que le decía lo que estaba bien y lo que estaba mal, pero siempre fue una mujer muy especial. En esas escenas vemos que a pesar de lo que hace después, ella está a favor de los débiles, y en el momento en el que identificamos a una persona débil y a alguien que la protege, nunca podemos ir en su contra. Creo que eso es lo que hace que empaticemos con ella, además del hecho de que las víctimas que vamos conociendo son personas que podrían haber hecho muchas cosas, pero cuya vida se ha visto truncada por un canalla que se les ha cruzado en el camino. Entonces vamos con Marta porque no podemos ir de otra manera, aunque en un momento dado no estemos de acuerdo con que ella mate. Ese es el quid de la cuestión realmente, que en el fondo, aunque intentemos resistirnos, vamos con ella, y creo que nos acaba cayendo bien.

Talión, de Santiago Díaz

Talión
Autor: Santiago Díaz
Editorial: Editorial Planeta
Páginas: 448
Edición: Tapa dura / Ebook
Precio: 19,5 euros (12,9 ebook)

- ¿Puede ser que la lucha de Marta contra la injusticia también sea una forma de luchar contra la injusticia de su tumor?

- Lo que ocurre con su tumor es que la cambia. Al principio, la presento como una mujer fría, vacía de sentimientos, que pertenece a ese 2% de la población mundial que no siente empatía. Esto es así, no me lo he inventado yo, estamos rodeados de gente que no siente esa empatía, pero la mayoría de ellos han crecido en una familia y una sociedad que los ha educado y les ha hecho saber lo que está bien y lo que está mal, lo que los mantiene en el lado bueno. Eso es lo que ha ocurrido con Marta. Sin embargo, a raíz de su tumor empieza a sentir cosas que nunca había sentido: comienza a ponerse en el lugar de los demás, a arrepentirse de cosas que nunca se había planteado… Al principio de la novela ella dice que nunca se ha arrepentido de nada de lo que ha hecho en su vida, y de repente se empieza a arrepentir de cosas que hizo, empieza a sentir la necesidad de pedir perdón. Más que rebelarse contra su tumor, lo que le causa es una tragedia interna, porque cuanto más cerca está de su muerte más humana se siente.

- Los dos personajes más potentes de la novela -Marta Aguilera y la inspectora de policía que la persigue- son mujeres. ¿Te ha costado ponerte en su piel?

- No me ha costado en el sentido de que llevo más de veinte años escribiendo guiones y los últimos ocho escribiendo El secreto del puente viejo, que es una historia protagonizada básicamente por mujeres. Como guionista estoy acostumbrado a ponerme en el papel de las mujeres, pero eso no significa que no haya tenido momentos de duda en los que no sabía cómo reaccionaría una mujer. Pero también he procurado no hacer un personaje común, sino ir un poco más allá y pensar en cómo reaccionaría una mujer si no la viera nadie y, sobre todo, si sus actos no tuvieran consecuencias. Espero haber acertado en algunas cosas, que una mujer esté leyendo y piense: "yo ahora mismo no lo haría porque no corresponde, pero en determinada situación sí". Pero también es un juego en el que tampoco tienes que identificarte al cien por cien con todo, porque como digo he procurado pensar como una mujer pero no hacerlo de una manera absolutamente común, sino yendo un poco más allá.

- Talión también muestra algunos de los escenarios más oscuros de Madrid: la drogadicción, la prostitución… ¿Intenta también reflejar el lado más oculto de la sociedad actual?

- Sí. A mí me han encantado desde siempre la novela negra y los thrillers y, aunque parezca muy cursi decirlo, soy muy seguidor de Agatha Christie. Las suyas son novelas de enigma: hay un asesinato, unos sospechosos, y el lector acompaña al detective para descubrir quién es el asesino. Pero después está esta otra parte: el thriller, en el que el autor ayuda al lector a introducirse en ambientes marginales, consiguiendo que se sienta a salvo. Esto es lo que yo he procurado; por ejemplo, quería enseñar cómo es la Cañada Real, que es el supermercado de la droga más grande de Europa, y para eso fui allí, asustadísimo, para conseguir que al escribirlo los lectores me acompañen, lo vean todo, despertar su curiosidad, pero a la vez que se sientan a salvo. Y creo que aunque en películas y series puede hacerse bien, con la lectura puedes entrar mucho más en la descripción de los detalles, puedes exprimir ese ambiente que a mí me ha encantado desarrollar. Tanto los escenarios de drogas, prostitución, como la trata de blancas o ETA, son cosas que creo que a todos nos despiertan curiosidad y he intentado que fueran lo más reales posibles en la novela.

- ¿Por qué decidiste dar el salto de la escritura de guiones a la literatura?

- Yo tenía muchas ganas de escribir una novela desde siempre. Mi hermano, Jorge Díaz, es también guionista y ha escrito cinco novelas. Él, desde que empezó la primera, siempre me decía que escribiese una novela, pero sinceramente yo no me veía capaz; no me veía ni con la preparación ni la paciencia suficiente como para escribir 500 páginas sobre una misma historia y encontrar una idea que las sostuviera. Cuando encuentras una idea, en la cabeza todo funciona, pero luego hay que ponerlo sobre el papel y eso ya es otra historia. Por eso, yo me dije que quería escribir una novela, pero cuando estuviera preparado y sobre todo cuando encontrase una idea que la sostuviera. Después, cuando encontré esa idea, estuve un tiempo madurándola, y creo que esa ha sido la clave para mí, el hecho de no precipitarme, sino de pensarla bien y escribirla cuando tuve la necesidad de soltarlo todo.

Por eso decidí pasar, porque era una cosa que siempre había querido hacer y fue cuando encontré la idea cuando me decidí a hacerlo, aunque jamás pensé que lo conseguiría. Sobre todo me preocupaba escribir 500 páginas sobre una misma historia, porque a veces con guiones de 50 ya estoy deseando acabar, pero la verdad es que me puse a escribir y fueron surgiendo situaciones que me gustaban, personajes que me gustaban y que podían ser explotados. Por ejemplo, el personaje que más me gusta es Jesús Gala 'el Pichichi', un yonki de la Cañada Real que creo que causa una ternura tremenda y te hace pensar "cómo no vamos a matar a estos malos cuando le han hecho estas cosas a este pobre chico". Este personaje surgió de la nada, ni si quiera lo había pensado, sino que tenía que hacer una víctima y salió él. Pero lo primero es saber hacia dónde vas, porque si no te metes en un lío enorme y en la página quince ya se te ha acabado la historia.

- ¿Qué ha aportado tu trabajo como guionista a la escritura de la novela?

- Todos los conocimientos que yo tengo como guionista, lo que he aprendido a lo largo de 23 años de carrera, he procurado trasladarlo y aplicarlo a la novela. Yo escribo en imágenes, de una manera muy audiovisual, y una de las cosas que quería hacer es no aburrir, que la historia siempre avanzase. Al igual que en cada página de un guion tiene que pasar algo porque cuesta mucho dinero rodarlos, tampoco quería desaprovechar aquí ninguna página ni enrollarme, porque además tampoco sé hacerlo. Otra de las cosas que he trasladado de mi carrera como guionista es el hacer capítulos cortos, como si fueran escenas de película, para que vayan enganchando; también intentar manejar las tramas y mezclarlas bien, que te consigan engatusar y que tengas ganas de seguir con distintas historias, además de que los diálogos sirvan para revelar al personaje y no como simple adorno. Todo eso son cosas que he aprendido en la escritura de guiones y he aplicado aquí, intentando hacer una novela lo más dinámica posible.

- Después de esta experiencia, ¿piensas seguir escribiendo novelas?

- Me encantaría, porque me lo he pasado genial. Cuando escribes un guion formas parte de un equipo y cada vez que llegas a una encrucijada lo consultas con otras personas y es más sencillo salir, pero en una novela te encuentras solo, y esa es una de las dificultades que he encontrado. Pero escribir novela tiene un montón de cosas que a mí me han dado la vida, y es que al hacer guiones estás totalmente limitado por cosas como el presupuesto, los actores, los decorados, etc., pero aquí me he encontrado con una libertad absoluta para hacer lo que quisiera. He podido hacer una persecución por San Sebastián con coches y motos que en una película no hubiera sido posible porque el productor me hubiese dicho que era muy bonito pero muy caro. Y aquí he podido hacer lo que me ha dado la gana, así que me lo he pasado genial y espero poder hacer más novelas. No sé si mi intención sería hacer una segunda parte de esta novela, puede que sí, porque el personaje de la inspectora de policía es muy fuerte y creo que podría valer para otra historia, pero aún no lo sé. Pero seguir escribiendo novelas es algo que voy a intentar, claro que sí.

Sandra Alquézar es Graduada en Periodismo por la UZ. Trabaja en la sección digital de El Periódico de Aragón y colabora en Redaragon. Lectora voraz, escritora aficionada, consumidora incansable de música y cinéfila.

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