Ocio y Cultura

Fernando Martínez de Baños: "Canfranc nunca fue ocupado por los alemanes, siempre fue territorio español"

El próximo jueves 27 de septiembre Fernando Martínez de Baños presenta Objetivo Canfranc en la sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Zaragoza. El trabajo cuenta los sucesos ocurridos en el valle del Aragón entre los años 1936 y 1945

Sandra Alquézar. 26/09/2018 - 13:18 h.
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Fernando Martínez de Baños Carrillo. Foto: Ángel de Castro (El Periódico de Aragón)

-¿Por qué escoges investigar la historia de Canfranc?

-Este es el segundo libro que escribo sobre Canfranc -el primero se llamaba Canfranc en la encrucijada-, así que este es una especie de complemento del primero. Este libro, Objetivo Canfranc, está basado solamente en el tema militar, en la vida militar de Canfranc de acuerdo con el terreno. La idea fundamental es definir el territorio de la estación del valle de Canfranc en relación con todo lo que ocurre en España desde el año 1939 hasta el año 1945. Me interesaba mucho coger ciertas cosas del primer libro y complementarlas con otras que habían ocurrido en este espacio de tiempo, desde que acaba la Guerra Civil hasta 1945, que es cuando se marchan los alemanes y el periodo peligroso para Canfranc termina. Digamos que todo lo que ocurre, militarmente hablando, en el valle de Canfranc durante esos años lo plasmo en el libro.

-¿Cuáles dirías que son las novedades que aporta este libro respecto al primero?

-En Objetivo Canfranc cuento bastantes cosas que me quedaron pendientes en el anterior. Por ejemplo, hablo sobre las acciones militares de la Guerra Civil por parte del ejército republicano en la zona de Jaca, Sabiñánigo y un poco más hacia el sur, con la intención de cortar o conquistar la carretera de Jaca-Canfranc. De este modo, la estación de Canfranc hubiera sido un punto de conexión con la frontera francesa y el ejército de la república tendría una ayuda más, un posible suministro de armas, alimentos, etc.

También trato el tema de la cantidad de personas que pasaron por la estación de Canfranc después de la Guerra Civil, huyendo de la Segunda Guerra Mundial. E insisto en un tema bastante novedoso: los niños judíos que escaparon por Canfranc. Esos niños huían desde Alemania, Bélgica, Holanda y otros países con sus familias y, aunque las familias quedaron por ahí, organizaciones clandestinas francesas y norteamericanas sacaron a los niños de Francia. Se hacían unas expediciones que nacían de Montpellier y pasaban por Touluse, Pau y Oloron, para acabar entrando por Canfranc en tren. En el año 1941 hubo tres expediciones y pasaron más de trescientos niños. En una parte del libro cuento cómo se desarrolla toda esta situación, cómo embarcan después en Lisboa hacia Norteamérica, e incluyo la lista de todas las criaturas que pasaron.

-La parte en la que hablas sobre estos niños que escaparon por Canfranc puede ser una de las que más llamen la atención a los lectores.

-Sí, porque es un tema que creo que es novedoso. Además, también intento hacer un homenaje a esas personas que se jugaron el cuello en Francia para salvar a esos niños, personas como Andrée Salomon, una mujer norteamericana que hizo una labor impresionante. Hay que tener en cuenta que estas personas estaban en la Francia de Vichy, que era colaboracionista de Hitler, del ejército alemán, y hay muchos franceses, e incluso el gobierno francés, que también ayudaban a mandar judíos a los campos de concentración. De hecho, también hago mención al campo de Gurs, al otro lado del Pirineo, donde estuvieron metidos muchos españoles después de la Guerra Civil y donde fueron a parar también muchas de las familias de los niños judíos que pasaron por Canfranc.

Por otra parte, trato también el tema de la relación entre los españoles y los alemanes, por ejemplo los alemanes que estaban en el lado francés de las aduanas se hacían fotos con la gente civil que vivía en Candanchú, iban al puerto las tardes de verano y se encontraban con los alemanes. Y también quiero romper ciertos mitos, como el de que Canfranc fue ocupado por los alemanes y que el control de la estación lo llevaban los alemanes. Eso es mentira, todo el territorio de la estación de Canfranc era español y toda la autoridad era española, así que desmiento todo lo que se está diciendo acerca de eso.

Y también hablo sobre el paso de oro y obras de arte por las aduanas, el paso de armamento, que se hacía de una forma muy natural, de una forma lógica en relación con lo que estaba pasando en la Guerra Mundial que estaba a nuestro lado.

PRESENTACIÓN DEL LIBRO

Fernando Martínez Baños presenta Objetivo Canfranc el jueves 27 de septiembre en la sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Zaragoza. El autor es teniente coronel de Artillería retirado y licenciado en Filosofía y Letras, especialidad Geografía e Historia, y Doctor en Historia por la Universidad de Zaragoza. Ha compaginado su actividad castrense y docente con la investigación, lo que ha dado como resultado cuantiosos artículos y diversos libros, entre ellos La Academia General Militar a través de la fotografía. Algunos de sus libros son Maquis y guerrilleros. Del Pirineo al Maestrazgo, El Maquis. Una cultura del exilio español y Canfranc en la encrucijada, todos ellos en Delsan Libros.

Objetivo Canfranc, de Fernando Martínez Baños

Objetivo Canfranc
Autor: Fernando Martínez Baños
Editorial: Delsan
Edición: rústica
Precio: 21 euros

-Otra de las historias más llamativas que aparecen en Objetivo Canfranc es la del alemán que habló en latín con el padre de Labordeta.

-Así es. En el libro continúo la investigación de ese posible alemán que habló con Labordeta padre en latín. Este tema se empieza a conocer cuando José Antonio Labordeta escribe sus memorias y cuenta que cuando él tenía unos seis años y veraneaba en Canfranc Estación, su padre vino un día diciendo que había hablado con un alemán en perfecto latín y que habían estado paseando por los andenes, junto con un sacerdote amigo suyo. Al parecer, los tres hablaban en latín porque el alemán era profesor de Clásicas en la Universidad de Heidelberg, en Alemania; Labordeta porque era también profesor catedrático de latín y el cura porque las misas antes se hacían en latín, por tanto la única manera de entenderse era hablando en latín. A mí es algo que me fascinó desde el principio. ¿Quién era ese alemán?

Más tarde, la propia familia de Labordeta contó que ese oficial alemán fue herido, que lo llevaron a Zaragoza y que al cabo de dos años les envió una postal. En principio parece un cuento de hadas, pero yo empecé a investigar la figura de ese posible alemán, que decían que era un oficial o el jefe de la guarnición alemana. Me puse en contacto con la Universidad de Heidelberg para ver si había algún profesor de Clásicas que se llamase Tadeusz Wagner, que es el nombre que Labordeta le dio, pero la Universidad me contestó que no había ninguno. Así que les pedí una lista de los profesores de Clásicas que había en Heidelberg desde los años 30 o 40 e investigué los diez o doce nombres que aparecían en ella. Fui descartando: uno era judío, otro era muy mayor, otro muere enseguida, y otros tenían familias judías. Al final, me quedé con dos nombres que correspondían a dos oficiales más jóvenes, ambos pertenecientes al partido hitleriano, destinados en el Sur de Francia -uno en Carcassonne y otro en Burdeos-, pero en función de las misiones de cada uno de ellos, que también conseguí en los archivos alemanes, me decidí por uno. Este era hijo de un pastor religioso, e imaginé que había estado en Canfranc por alguna razón, porque iban y venían muchos oficiales; como este hombre era teniente en los servicios logísticos, que es una especialidad más tranquila que los servicios de guerra, igual fue un día a Canfranc y de repente vio a dos personas, una de ellas con sotana, que pudo recordarle a su padre. Aquí ya estoy fabulando, pero yo creo que este oficial podría ser Tadeusz Wagner.

-Tal y como lo cuentas parece una labor casi detectivesca.

-Es una cosa policial. También investigué en la historia de los aduaneros alemanes, porque cuando se produjo el desembarco de Normandía ellos no recibieron la orden de ir hacia el norte, sino de meterse en España. Más de 2.000 aduaneros entraron en España por Canfranc, y en el libro recojo una lista de todos ellos, que fueron recogidos en el fuerte de Rapitán, en Jaca, y desde allí los llevaron al campo de concentración de Miranda de Ebro. Los nombres de todos esos alemanes están controlados en el archivo militar de Guadalajara, tengo todas las listas y en ellas no aparece ningún Tadeusz Wagner. Es más, me comuniqué incluso con la Universidad de Berlín, donde me dijeron que no había nadie con ese nombre, y también con la Universidad de Friburgo, donde me contaron que el nombre de Tadeusz era polaco, no alemán. En la lista que yo tenía aparecían cuatro o cinco Tadeusz, de los que tres eran polacos y uno canadiense; también había Wagner, pero no Tadeusz, y todas las variaciones posibles del apellido Wagner. Así que no puedo afirmar que fuera él, pero creo que puede ser.

-¿Crees que la historia de Canfranc es desconocida para los aragoneses?

-Creo que ahora, con el tema del papeleo que se encontró el conductor de autobús Jonathan Díaz y con los trabajos de Campo y otros investigadores, la novela de Rosario Raro y mi trabajo, se está conociendo más la historia. Lo que ocurre es que en la novela inventas, en los trabajos periodísticos la rapidez de la noticia no permite asentar la información, y a veces se confunden las cosas. Yo estoy cansado de escuchar en las visitas guiadas a la estación de Canfranc que este fue el único municipio español ocupado por los alemanes. Mentira, Canfranc nunca fue ocupado por los alemanes, la jurisdicción fue siempre española. Entonces intento desmitificar todo esto, dentro de la importancia que tiene, porque eso mismo que pasó en Canfranc pasó en múltiples pasos de carreteras que colindaban con Francia.

En el libro también hago un resumen un poco más largo de los posibles agentes de espionaje que trabajaron en Canfranc. De todos ellos, destaca por ejemplo Josephine Baker, una norteamericana de color que cantaba muy bien, fue maltratada en Estados Unidos y se fue a París. Ella siempre decía que Francia le dio la vida y cantaba canciones muy exóticas, fue una de las primeras en actuar en topless, con un cinturón de plátanos. Esta mujer, que vino a España a cantar un par de veces, se metió en el servicio de espionaje y, abusando de su calidad de vedette, iba a las embajadas y a los consulados y sacaba información, que apuntaba en las partituras de música con tinta invisible u otras veces en su propia ropa interior. Una de las veces que pasó por Canfranc está muy bien documentada; ella vino como una estrella, todos querían hacerse fotos con ella, y detrás de ella iba su agente artístico, que en realidad no lo era, sino que era el jefe del servicio de espionaje, que llevaba en su maletín cierta documentación.

Para finalizar trato el tema de los maquis. La invasión que se hizo en 1944 en el valle de Arán, también se pensó en hacerla en Canfranc, entonces hago un supuesto táctico, militarmente hablando. Y también he encontrado una lista de a quién tenían que asesinar en Canfranc cuando se produjese una invasión. En fin, muchas historias para ir descubriendo.

-Para documentarte sobre todas estas historias, ¿consultas los archivos o prefieres entrevistarte con personas que puedan contarte sus experiencias?

-Hablar con las personas ya lo hizo muy bien Ramón J. Campo, el periodista. A mí la historia oral es algo que me complementa, pero no me gusta, porque desvirtúa todo. Si tienes la información que te cuentan apuntada en un papel y luego la contrastas con documentos primarios, bien, pero si no te pueden llevar al huerto, como han llevado a más de uno. Lo que yo he hecho ha sido visitar archivos: el archivo militar de Barcelona, el de Ávila, el de Guadalajara, el archivo municipal de Canfranc lo he machacado mucho, también he consultado en Internet, me he comunicado con Francia… También he intentado sacar documentación de Francia, sobre todo libros franceses que relatan las acciones de los maquis en contra de los alemanes. Además, he investigado en los archivos del Bundesarchiv alemán, que me ha proporcionado bastantes cosas, y en las Universidades de Heidelberg, Friburgo y Berlín.

También empleé una fórmula que me ofreció el archivo militar del ejército alemán, que consistía en la figura de un documentalista al que le dices qué estas buscando y él hace la investigación y después te envía la información. Ahora mucha gente busca a sus abuelos, dónde murieron, qué actividad tuvieron, entonces todo este tema está muy caliente, se utiliza mucho. Yo le dije lo que quería y después de un primer sondeo aceptó el trabajo, pero aunque me mandó bastante información no era lo que yo buscaba. Así que seguí buscando y consulté en archivos del Holocausto, en el archivo norteamericano, en los archivos del Congreso de los Estados Unidos… Todo lo que pillaba me servía como información, o al menos como un testimonio que tenía ahí por si podía encajar alguna pieza. En realidad, todo el libro es como una tesis doctoral, y el primero también.

-¿Cuánto tiempo ha pasado desde que empezaste a investigar hasta que se ha publicado el libro?

-Entre los dos libros llevaré unos tres o cuatro años. Es trabajo, pero hay muchas cosas interesantes. Por ejemplo, en el tema de los niños judíos que se salvaron saliendo por Canfranc, la figura principal de la organización que se encargó de sacarlos era Eleanor Roosevelt, la mujer del presidente norteamericano. Ella era la presidenta de la asociación, y eso es algo que me interesó muchísimo y sobre lo que he investigado mucho. En estos casos ya sabes que abrimos una puerta de la ignorancia y aparecen siete más, por las que hay que ir rebuscando. Aquí no hay nada novelado, es todo científico, que es como a mí me gusta trabajar el tema de la historia, y más el tema de la historia militar de España.

-Habiendo escrito tanto sobre Canfranc, ¿cómo valoras la situación de la estación y el pueblo en la actualidad? ¿Crees que se están revitalizando?

-Canfranc se está revitalizando mucho y ojalá lo haga del todo, pero la pena es que haya un edificio tan grande y tan mal utilizado. Yo no soy ferroviario ni entiendo del tema, pero hay que ser realista y el problema de esta estación no es España, sino Francia. Por lo que yo sé, el asunto de la diferencia de nivel entre Canfranc y Olorón es realmente complicado, parece ser que es viable llegar desde Zaragoza a Canfranc, pero es muy complicado llegar desde Canfranc hasta Olorón y Touluse, lo difícil es abarcar el desnivel. A mí me gustaría que se revitalizara y pudiera haber una conexión ferroviaria, pero soy incrédulo al respecto.

-¿Cómo han acogido el libro los lectores? ¿Percibes interés de la gente en conocer este tipo de cosas sobre su historia?

-Sí, y además este tipo de libros son para siempre, son libros para tener en la estantería y que alguien después, cuando trabaje sobre el túnel de Canfranc, o si se escribe una novela o una película, pueda tirar de estos trabajos que hemos hecho de una manera profunda y, al menos por mi parte, intento que también sea muy exquisita.

De hecho, hay unas fotos que saqué de Internet del señor Le Lay, el jefe de aduanas, que circulaban por la red pero no conseguí encontrar la raíz, así que acabé poniendo como fuente Internet. Más tarde me llamó el nieto del señor Le Lay para decirme que esas fotos eran suyas, del archivo de la familia, y que le gustaría que pusiera una etiqueta para indicarlo. A mí me gusta ser muy riguroso con estos derechos de autor, por eso vamos a poner la etiqueta correspondiente.

-Rosario Raro, autora de la novela Volver a Canfranc, escribe el prólogo de tu libro. ¿Cómo surge esta colaboración?

-Al salir los libros de J. Campo yo me interesé por el tema, militarmente hablando, y empecé a leer y a ver cosas que no me cuadraban mucho, así que empecé mi propia investigación. Hice el trabajo de Canfranc en la encrucijada y justo un mes antes salió publicada la novela de Rosario, un libro con un éxito tremendo, pero a mí ella me dijo algo que me halagó mucho y es que si hubiese leído mi trabajo antes de escribir la novela, seguramente le hubiera dado otro tratamiento. La conocí en persona en una Feria del Libro y ella siempre ha sido muy amable y simpática conmigo. Después, ella convocó unas reuniones de lectores de la novela en Canfranc, estuvimos allí dos días y me pidió que diese una charla sobre la visión de conjunto del valle desde el Coll de Arenas, y yo acepté encantado. A partir de entonces hemos mantenido el contacto por escrito y cuando surgió este trabajo le pedí a Rosario si lo quería prologar. Ella me dijo que le apetecía mucho, le mandé el libro, le encantó y lo prologó; a mí me da incluso un poco de pudor, porque me pone demasiado bien. Rosario va a venir también a la presentación de Objetivo Canfranc este jueves, pero no puedo contar nada más por ahora.

-Después de tantos libros escritos sobre Canfranc, ¿crees que sigue habiendo todavía cosas por contar e investigar?

-Yo diría que sí, creo que falta por hacer un trabajo más intimista, contar la vida personal de los protagonistas. Por ejemplo, una introspección en la vida del señor Marraco, el que dirigía la casa de comidas y el hotel Marraco, y de otras personas que vivieron allí. De hecho, el otro libro me lo prologó Santiago Marraco, el que fue presidente de la DGA, y me riñe un poco; mientras Rosario me alaba, Santiago me riñe, porque no está de acuerdo conmigo en ciertas cosas. Yo trato de desmitificar un poco algunos temas de la posguerra, porque desde el punto de la memoria histórica siempre se pretende endemoniar al bando vencedor de la Guerra Civil y alabar un poco la figura de todos los demás. Por eso Santiago me riñe, pero hemos hablado y todo lo que él me decía en nuestras conversaciones yo lo he plasmado para poder escribir la historia objetivamente, que es lo que interesa.

Por ejemplo, en el libro cuento que Canfranc está al lado de la frontera, así que en la Segunda Guerra Mundial teníamos el frente al lado, por lo que era un sitio en el que guerrilleros, maquis, pilotos aliados y espías de unos y de otros pasaban, iban y venían, y cuando las cosas ya estaban calientes con los maquis en otros países hubiesen cogido a todo el pueblo de Canfranc y lo hubiesen echado a Jaca. En otros países todo eso se hubiera quedado vacío, todo civil fuera de allí, porque ya se sabía que había gente que tenía familiares en Francia, en el otro lado, y que podían llevar a cabo acciones, golpes de efecto, golpes de mano, y estas cosas que se hacen en las guerras. Sin embargo, en España, durante los años más duros de la dictadura de Franco, en Hecho estaban viviendo tranquilamente los habitantes de allí. Es cierto que los que eran de izquierdas eran más vigilados por la policía y chequeados más veces, pero cuando la policía, la Guardia Civil o el Gobierno percibía que iba a haber alguna alteración de orden público, iban a casa de los que estaban fichados y les pedían que hicieran la maleta y que escogiesen a qué punto a 100 kilómetros de allí querían que los llevaran. No se les fusilaba, como pasaba en otros países; es algo incómodo, es una faena, pero los sacaban del lugar y después los dejaban volver tranquilamente a su pueblo. Eso, en un estado de guerra, parece que seamos hermanos de la caridad. Eso yo ya lo planteaba en el otro libro y Marraco me decía que lo pasaban mal, pero es que en una situación de guerra todo el mundo lo pasa mal.

Por todo eso yo entiendo que sí se debería continuar investigando toda la vida intimista de Canfranc, pero aunque siempre puede salir algún tema curioso y muy particular, la visión global de Canfranc ya la tenemos.

Sandra Alquézar es Graduada en Periodismo por la UZ. Trabaja en la sección digital de El Periódico de Aragón y colabora en Redaragon. Lectora voraz, escritora aficionada, consumidora incansable de música y cinéfila.

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