Ocio y Cultura

Ana Alcolea: "Las óperas no dejan de ser cuentos"

La autora zaragozana Ana Alcolea presentó en la sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés su último libro: "El maravilloso mundo de la ópera", con el que trata de acercar este género a los más pequeños

Sandra Alquézar. 24/12/2018 - 10:52 h.
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Ana Alcolea presentó 'El maravilloso mundo de la ópera' en la sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés el viernes 21 de diciembre

- En primer lugar, ¿qué vamos a encontrarnos en este libro?

- Este es un libro de iniciación y disfrute de la ópera. En un principio, la idea surgió de la editorial Anaya. Como sabían que a mí me gusta mucho la ópera me lo ofrecieron y contesté que sí enseguida. Lo primero que encontramos es una introducción que explica un poco por qué se ha hecho el libro y qué es lo que hay en él, y lo que hay son comentarios sobre 30 óperas que yo he elegido. Cada comentario se divide en tres partes; primero, una llamada de atención que intenta acercar la ópera al lector de una manera cotidiana, por ejemplo, "nunca un corte de pelo salió tan caro": Sansón y Dalila. Después cuento el argumento lo mejor que he podido, y para terminar hay una especie de reflexión, un acertijo o incluso algunas preguntas que planteo al lector. Por ejemplo, en Turandot, de Puccini, comento que hay un tenor español y además aragonés que estrenó la obra: Miguel Fleta. O El trovador, de Verdi, está basada en una ciudad española. ¿Sabes en qué ciudad hay una Torre del Trovador? En Zaragoza. Al final intento acercarme o jugar con el lector y que investigue un poco también. Además, cada una de las óperas va acompañada de una ilustración de Óscar Pérez, que es magnífico, y de un código QR que permite enlazar a un vídeo de Youtube donde se puede ver y escuchar algún fragmento de las óperas.

He intentado contarlas de manera muy sencilla para hacer que se pierda el miedo a la ópera, porque mucha gente cree que es algo muy difícil, algo elitista, pero no es así. La ópera cuenta la misma historia con tres lenguajes: el visual, el musical y la palabra, con lo cual no es tan elitista, y además económicamente es más barato ir a la ópera que fumar. Yo no voy mucho a la ópera porque en Zaragoza, lamentablemente, no tenemos, pero cuando estoy fuera y voy no me gasto ni de lejos lo que se gasta un fumador de un paquete diario. O el fútbol, también es mucho más caro, así que yo creo que la ópera no es elitista.

- ¿Por qué crees que la editorial plantea la idea de acercar la ópera a los niños?

- Porque muchas de las óperas al final son cuentos, de hecho tenemos Cenicienta, tenemos La flauta mágica… Algunas son muy truculentas, pero otras no dejan de ser cuentos. Mi primer contacto con la ópera fue cuando era muy pequeña, tendría unos cinco o seis años, y no fue en el teatro, que entonces sí era muy caro, sino que fue a través de los discos. Recuerdo que los primeros discos que entraron en casa cuando mi padre compró el tocadiscos fueron un montón de vinilos de 45, aquellos pequeños, y había algunos de los cantantes de moda de la época, pero había uno de Alfredo Kraus que era el que más me gustaba. En cuanto aprendí cómo se manejaba el tocadiscos me lo ponía una y otra vez, y me fascinaba aquella voz maravillosa. Por eso yo creo que no es tan difícil que la ópera guste a los niños, lo que pasa es que ahora los medios no nos la enseñan apenas, o lo hacen a horas intempestivas. Parece que es algo muy minoritario y repito que no hay ningún arte que te cuente algo en tres lenguajes, por lo que es muy asequible intelectualmente, te está contando una historia en música, en imagen y en palabra. Aunque sea en otro idioma, lo subtitulan, o puedes leer la historia, o para eso tenemos el libro, para contar la historia y que luego no nos parezca tan raro cuando lo escuchemos en alemán.

- Es decir, que crees que de esta forma, contando estas historias, se puede acercar la ópera a la gente más joven.

- Claro, la intención es acercarla y que se pierda el miedo, que los niños se acostumbren a escuchar el instrumento más alucinante del mundo, que es la voz. La voz la lleva consigo el propio cantante y por supuesto hay que tenerla y educarla, lo que requiere también mucha disciplina. Pero al igual que un niño puede entrar en el mundo del ballet o en el mundo del cine, también puede hacerlo en el mundo de la ópera, no es tan complicado. Yo creo que hoy en día más que nunca es necesario acercar a los niños al mundo de la cultura en general: la literatura, la música, la ópera, la danza... Porque ahora los niños son muy estáticos, se les está educando para que estén quietos con el aparato tecnológico que sea y no molesten, lo cual es un error absolutamente brutal, los que saben dicen que antes de los tres años esto es una barbaridad. Por eso hay que educarlos en la búsqueda de la belleza, en un mundo como este en el que pasan cosas tan terribles yo creo que es importante. No sé si van a ser mejores por escuchar ópera, los nazis oían mucha ópera y desde luego no eran mejores, pero por lo menos tendrán esa posibilidad de conocer que existe algo más allá, que existe y siempre ha existido la búsqueda de la belleza, que yo creo que es lo que nos diferencia de otros seres. Como decía Platón, verdad, bondad y belleza están unidos, entendiéndose por belleza no el hecho de tener los ojos bonitos y las piernas muy largas, sino la necesidad de sublimación, de buscar lo absoluto, lo que decían los poetas en la época del Romanticismo.Y en eso estamos.

- Hablas de la búsqueda de la belleza como una de las claves de la ópera. ¿Otra de ellas puede ser la transmisión de emociones?

- Sí, yo creo que eso es fundamental en cualquier disciplina, no solo en la artística, sino en todo. Yo he sido profesora muchos años y mis alumnos disfrutaban más El Quijote que las oraciones subordinadas sustantivas de complemento directo, que a mí me emocionaban más bien poco. Transmites lo que te emociona. Beethoven decía que más que a las emociones había que llegar al espíritu, pero aunque él era un sabio de la música y yo no, yo creo que las emociones son fundamentales para transmitir. En la ópera están presentes todas las emociones: hay alegría, dolor, angustia, amor, desamor, búsqueda, tragedia, envenenamientos, suicidios... Hay de todo, es como la vida, de hecho yo creo que la ópera es un reflejo de la vida. En el último siglo también se han hecho óperas sobre ambientes socialmente complicados, sobre temas proletarios, corrupción política, corrupción policial, terror, intolerancia... Son los temas del día a día, si echas un vistazo a las óperas que hay en el libro parece el telediario.

- ¿Cómo has seleccionado las 30 óperas?

-Eso ha sido muy difícil. Hay muchas óperas que se han quedado en el tintero, incluso algunas de mis favoritas. Lo que yo he intentado hacer ha sido un recorrido desde la primera ópera que se conoce (Orfeo, de Monteverdi), hasta la última cuando yo escribí el libro, que es María Moliner, de Antoni Parera Fons. Esta ópera de 2016 trata un tema aparentemente muy poco operístico, que es la historia de cómo ella hace el diccionario, es decir, trata sobre el amor a las palabras. Digo que es la última cuando yo escribí el libro porque hace poco se estrenó otra, La casa de Bernarda Alba, basada en la tragedia de Lorca.

Mi libro quiere ser también un recorrido por los mitos, por los temas bíblicos, es decir, por lo que son las bases de la literatura occidental y en parte la operística también. Además, hay óperas en diferentes lenguas (ruso, español, italiano, francés, alemán...) y de diferentes compositores. Los compositores de los que más óperas se incluyen en el libro son Wagner y Verdi, porque son también los que más hicieron y los más famosos, dos de los grandes junto con Mozart y Puccini, pero también hay óperas menos conocidas del siglo 20. Algunas de ellas son Otra vuelta de tuerca, de Benjamin Britten, que está basada en una novela de terror psicológico de Henry James y es un pedazo de ópera, o West Side Story, de Leonard Bernstein, que es el acercamiento de Romeo y Julieta en el siglo XX y es una ópera norteamericana bellísima. En ese sentido, también quería que hubiera representación de diferentes países, porque parece que la ópera es solo Italia o Alemania, pero hay ejemplos importantes en Rusia, en Estados Unidos, en España no tantos pero también, en Francia, o en Inglaterra, de donde son algunas de las primeras.

- Esta última ópera que mencionas, María Moliner, es muy moderna en comparación con todas las demás. ¿Se aprecian diferencias en ella?

-Se nota cierta diferencia, y eso que es bastante melódica, pero aún así hay otras menos modernas como La ópera de tres peniques u Otra vuelta de tuerca que musicalmente son más rupturistas que María Moliner. Yo creo que la época de mayor ruptura fue en los años 40 o 50, con Benjamin Britten o Alban Berg, al que no he incluido en las óperas pero sí he mencionado al final. En la última parte del libro hay un anexo de compositores que me da pie a hablar de otros músicos contemporáneos que no he podido introducir y que quien tenga curiosidad puede buscar.

- ¿Qué otras óperas hubieras incluido si hubieras podido?

-Hay unas cuantas que ha sido como una puñalada dejar fuera, por ejemplo Tannhäuser, de Wagner, o El anillo del nibelungo, que es una tetralogía tremenda pero muy difícil de contar. También he tenido que tener eso en cuenta, el hecho de que fueran fáciles de contar, porque hay algunas óperas que no entienden ni los propios cantantes. También me habría encantado poner la Lucía de Lammermoor, de Donizetti; Otelo, de Verdi, e I puritani, de Bellini.

- Y de las que sí están, ¿cuál es tu favorita?

-Esta pregunta sí que es difícil. Es que hay óperas tan bonitas que cogería un trozo de cada una. Por ejemplo, la obertura de Lohengrin creo que es una de las piezas más espectaculares jamás escritas, y en cambio no la he elegido para el QR, sino que he escogido la marcha nupcial, que casi nadie sabe que es de Wagner. Me he dejado cosas en aras de cierto didactismo, a lo mejor. También me gustan mucho las obras de Puccini, además estuve en su casa hablando con su nieta y fue algo muy emocionante. Otra de mis favoritas es Eugene Onegin, una ópera rusa de Chaikovski, que es incluso algo feminista y esto está muy bien; en la ópera ella le declara su amor a él, que va un poco de sobrado, y cuando ya han pasado unos años y ella empieza a parecerle fascinante ya está casada y le dice "ahí te quedas, no voy a dejar a mi marido por ti", no le dice cantamañanas, pero casi. Además, Chaikovski es muy melódico y muy fácil de seguir, sus óperas son preciosas. También me gustan mucho las clásicas: Madame Butterfly es preciosa, Tosca, de Puccini, o Aída, de Verdi, todas son óperas que no tienen ni un segundo de descanso en el que puedas aburrirte, son muy intensas.

El maravilloso mundo de la ópera

El maravilloso mundo de la ópera, de Ana Alcolea

Editorial: Anaya Infantil y Juvenil
Edición: Cartonado
Precio: 19,95 euros

- Antes mencionabas los códigos QR, que en este libro son un plus porque permiten escuchar fragmentos de las obras. ¿Cómo se os ocurrió incluirlos?

- Fue idea mía. Es la primera vez que los he utilizado y aunque yo soy muy poco tecnológica creo que aquí son absolutamente necesarios. Yo no sabía cómo funcionaban, pero sabía que existían y que se podían añadir, y en la editorial enseguida les pareció muy bien. Es una manera de que a la vez que lees el libro y ves las ilustraciones, puedes escuchar la música. Es el fundamento de la ópera, que como decía Wagner es la obra de arte total porque incluye los tres lenguajes: el visual, el musical y el linguístico o literario. Tampoco ha sido fácil elegir los fragmentos de las óperas, porque hay cosas tan bonitas y versiones tan maravillosas que es muy complicado. He intentado incluir algunas versiones antiguas y algunas modernas; la más antigua es la de Tristán e Isolda, de los años 40 con Birgit Nilsson, que era una sueca maravillosa, y las versiones más modernas son de cantantes como Jonas Kaufmann o Anna Netrebko, las estrellas del momento, o de algunos clásicos como Alfredo Kraus, Plácido Domingo, José Carreras o Montserrat Caballé.

- A Montserrat Caballé, además, le dedicas el libro.

-Sí, ella venía a Zaragoza a hacer un concurso maravilloso que desapareció y unas clases magistrales maravillosas que también desaparecieron y a las que se podía asistir como oyente. Yo asistía a estas clases y aprendía tanto, disfrutaba tanto, que desde el primer momento tuve claro que el libro sería un homenaje hacia ella, una manera de darle las gracias. Parece ser que lo llegó a ver, según me confirmaron, y eso me produce cierta alegría, porque yo quería darle las gracias por tantas cosas que los artistas hacen con nosotros, los desconocidos. Los artistas nos regalan tantos momentos de belleza sin sospecharlo siquiera. Así que hay dos fragmentos de los códigos QR que son de ella: uno es el de Salomé, una obra de Richard Strauss que está basada en un texto de Oscar Wilde, y otro es el de Norma, de Vicenzo Bellini. Hay una versión de Montserrat Caballé interpretando esta ópera en Francia que dicen que es lo más hermoso jamás grabado, la versión operística de un aria más alucinante de toda la historia. Desde luego, si la ves es impresionante, cómo se puede cantar así, al aire libre, con el viento de cara además, es increíble.

- ¿Cómo ha sido la colaboración con Óscar Pérez, el ilustrador?

- Trabajábamos por separado, de hecho yo nunca antes había trabajado con él, aunque sí conocía cosas suyas que me parecían maravillosas. El editor tenía muy claro que el ilustrador tenía que ser él, pero hasta que no tuvieron todas las ilustraciones a mí no me mandaron nada. Recuerdo que la primera que me mandaron fue la de Tosca y me quedé alucinada, porque es una escena que muestra como si su cinta de pelo fuera la sangre de un cuchillo con el que acaba de matar al barón Scarpia, y es una cosa tremenda. Es una escena en la que tiene que captar muchas cosas, como la desesperación muy teatral del personaje, que es una cantante de ópera y además acaba de matar a este hombre que la quería violar. Por eso digo que ha captado la esencia de cada ópera de una forma alucinante, los personajes son así, tal cual se ven: tímidos en La Bohéme, o crueles como Turandot, que tiene que dar miedo. Las ilustraciones son muy bonitas y además muy diferentes, juega mucho con las texturas, con las telas, tiene una delicadeza extrema. A Óscar lo conocí en la presentación del libro aquí en Zaragoza y antes de eso habíamos intercambiado algún correo pero yo no le dije en ningún momento cómo tenía que hacer las cosas ni que escena tenía que elegir, sino que él eligió lo que quiso, que creo que es lo que tiene que hacer un ilsutrador. Yo nunca me meto en el trabajo de los ilustradores porque ellos tienen que dar su visión del texto, la mía ya está en las palabras.

- Has escrito literatura infanil, juvenil y adulta. ¿Con cuál te quedas?

- Esta pregunta también es difícil. Para empezar, yo creo que los libros no tienen edad, un libro infantil lo puede leer un adulto sin problemas; uno para adultos no siempre lo puede leer un niño pequeño, pero yo con 12 años leía La Ilíada y cosas así. Es más fácil escribir para adultos porque no tienes ninguna cortapisa lingüística, puedes escribir lo que quieras, el pensamiento que le das al personaje sale como un torrente. En cambio, en el libro infantil tienes que condensar en una frase lo que en una novela para adultos pueden ser cinco capítulos y tiene que ser algo que además le interese a un niño pequeño. Hay que captar la atención del niño mediante el lenguaje, que tiene que ser muy metafórico, muy simbólico, porque los niños tienen un pensamiento poético mucho mayor que los adultos, que ya hemos perdido muchas cosas. Además, los niños se lo creen todo y hay que ser muy cuidadoso en todos los sentidos. Así que es muy bonito escribir para niños, pero es más difícil. Yo ahora estoy escribiendo un libro para adultos y sale solo, mientras que escribir para niños es como hacer un poema, hay que mimar mucho las palabras.

- Tu libro es una propuesta diferente y original. ¿Está teniendo buena acogida?

-Sí, los libreros me dicen que va fenomenal. También ha aparecido en muchos blogs y está teniendo muy buenas críticas, así que estoy muy contenta. Ademas, me lo he pasado muy bien escribiendo, porque he tenido que discurrir poco (risas). He tenido que pensar sobre cómo contarlo, cómo acercar las historias, pero realmente estas ya estaban hechas, los novelistas, dramaturgos y libretistas me han hecho el 90% del trabajo, entonces ha sido muy bonito centrarse en cómo contarlo y cómo acercarlo a los más pequeños.

- ¿Qué proyectos tienes ahora entre manos?

-Saco una novela infantil en marzo con Anaya, El abrazo de la sirena, que es la continuación de El abrazo del árbol, que tuvo muy buena aceptación. También saco una edición de Don Juan Tenorio con comentarios y demás, y luego un libro juvenil también con Anaya en otoño. Además, estoy escribiendo un libro para adultos que no sé a dónde llegará. También tengo muchas charlas que dar, este año me han invitado a la feria de Bogotá y estoy muy ilusionada porque es la primera vez que voy a ir a una feria internacional. Tengo un libro publicado en una editorial latinoamericana y por eso me han invitado, así que allí que me voy.

Sandra Alquézar es Graduada en Periodismo por la UZ. Trabaja en la sección digital de El Periódico de Aragón y colabora en Redaragon. Lectora voraz, escritora aficionada, consumidora incansable de música y cinéfila.

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