Trébede   Artículos del mes.
   Diciembre de 2002

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Mensual Aragonés de Análisis, Opinión y Cultura.

 
Los comienzos de la industrialización aragonesa
Artículo Completo!!

Con esta primera entrega y bajo el indicativo genérico «Producto industrial y diseño» Trébede inicia una nueva sección dedicada a la divulgación y análisis de la rica tradición industrial e innovadora en Aragón. Se trata de una reinterpretación, en clave de divulgación periodística, del trabajo Evolución, un excelente y pormenorizado estudio sobre el tema, propiciado y conducido por el Centro Aragonés de Diseño Industrial (CADI) dependiente del Departamento de Industria, Comercio y Desarrollo del Gobierno de Aragón, del que son autoras Mari Sancho Manjón (textos) e Isabel Soria (documentalista).

El pasado 13 de octubre, EPS, el suplemento semanal de El País, publicaba un reportaje sobre Zaragoza en el que podía leerse: «Tras vegetar durante décadas, Zaragoza se despereza con vigor; bulle de ideas, proyectos y obras para incorporarse a la modernidad (…). El desencadenante es la llegada del AVE (tren de alta velocidad) a Zaragoza a finales de este año. Zaragoza quedará de Madrid a una hora y cuarto en el más cómodo y veloz de los ferrocarriles. Y cuando el AVE alcance Barcelona, en la primavera de 2004, a otra hora y cuarto de la capital catalana, habrá llegado la oportunidad para que Zaragoza saque partido de su estratégica situación geográfica...».

Publicado en un medio nacional de tanta difusión como es ese suplemento2, es como si lo dicho quedara consagrado y pudiéramos creérnoslo de una vez. De ese modo parece que por fin, más de siglo y medio después, empieza a hacerse realidad el sueño de un alcalde, el liberal Miguel Alejos Burriel, que en 1841 imaginaba la capital del Ebro como una magnífica urbe industrial a partir del aprovechamiento, precisamente, de su estratégica ubicación en la Península. Aunque, eso sí, para ello hacía falta tender vías de comunicación que uniesen la ciudad con Francia, con Levante, con el Cantábrico, con Portugal.

Aquel alcalde publicó en ese año 1841 un folleto titulado Porvenir industrial de Zaragoza si se aprovecha la fuerza motriz que hoy se pierde de las aguas del Canal Imperial, donde proponía la instalación de fábricas textiles en los terrenos próximos al Canal; fábricas que se multiplicarían con otras muchas de fundición y metalúrgicas, que abastecerían de herramienta a las primeras...

Visionario y casi utópico en aquellas fechas, el proyecto de ese alcalde sirvió, sin embargo, para favorecer la creación de varias industrias junto al Canal. Aunque no fueron factorías textiles, como él pretendía, sino harineras. Ésa fue la industria que prosperó en el Aragón de mediados del siglo XIX, y la que dio los primeros pasos para la creación del inicial tejido fabril en la región.

A lo largo del ochocientos la economía aragonesa fue sobre todo agraria. Pero, poco a poco, el sector industrial avanzaba. Y aunque la mayoría de las fábricas estuvo dedicada a la transformación de productos agrícolas, entre las iniciativas más tempranas también se cuentan algunos talleres metalúrgicos, ramo que llegaría a tener una importancia decisiva en la historia industrial aragonesa. Sus emprendedores, a menudo extranjeros (sobre todo, franceses), hubieron de confiar en las posibilidades de desarrollo futuro que ofrecía una tierra industrialmente «virgen» para decidirse a materializar sus proyectos. Así ocurrió con la primera empresa de fundición que se instaló en Zaragoza, la Sociedad Maquinista Aragonesa, creada en 1853 por iniciativa de Antonio Averly.

Poco después, con el tendido de las primeras líneas de ferrocarril y la llegada del tren a Zaragoza (en 1861 los de Barcelona; en 1863, los de Madrid) se empezó a hacer realidad la idea de esta ciudad como nudo de comunicaciones y se propició el establecimiento de nuevas fábricas.

La Exposición de 1868

En la década de 1860 se inició la revitalización del sector industrial en Aragón En 1858 se había creado el Casino Mercantil, Industrial y Agrícola, donde se reunieron los miembros de la burguesía zaragozana, que por entonces despuntaba, para aportar y recibir propuestas de interés público y ofrecer nuevos enfoques sobre la realidad y el futuro. Otro rasgo significativo es la iniciativa, surgida en 1863 en el seno de la Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, de preparar una Exposición Aragonesa de la Agricultura, la Industria y las Artes; celebrada en 1868, la mayoría de los expositores concurrió con productos agrícolas, pero también hubo ya una cantidad no despreciable de productos industriales. La exposición, no obstante, tuvo que cerrar sus puertas apenas inaugurada, debido a los sucesos revolucionarios que acabaron con la monarquía de Isabel II ese mismo año.

Proliferaron también, en la segunda mitad del XIX, las bancas locales, indicativas de que la actividad económica tenía cierto impulso emprendedor.

En 1868, los Villarroya y Castellano crean la fábrica de papel La Montañanesa, y dos años más tarde el francés Jean Mercier abre el que llegaría a ser un destacadísimo taller de fundición. Otras empresas iniciaban también por entonces su actividad en territorio aragonés; es el caso del jaqués José Lacasa Ipiéns, que comienza a fabricar chocolates y cafés en la que será, con el tiempo, una emblemática industria del sector.

El abrupto final de la Exposición de 1868 determinó a la Sociedad Económica Aragonesa a promover una convocatoria similar que sirviera de escaparate y ofreciera nuevas posibilidades de negocio a las empresas. El certamen abrió sus puertas en 1885 y a él acudieron algunas fábricas con una trayectoria ya consolidada: las harineras, que eran los establecimientos más destacados, pero también talleres metalúrgicos como los de Averly, Mercier o Martín Rodón; y empresas especializadas en otras actividades como la de Laguna de Rins, de aparatos de precisión para la geodesia o la topografía, y la de Basilio Paraíso (La Veneciana), fundada en 1876 y cuyos espejos se distribuían ya por todo el territorio nacional.

En 1888 se creó la Cámara de Comercio e Industria de Zaragoza, con el objeto de promover exposiciones, informar al Gobierno de la situación económica mediante memorias anuales y potenciar las enseñanzas técnicas. Presidida desde 1893 por Basilio Paraíso, defendió los intereses de las empresas industriales, singularmente los de las harineras, afectadas por la dura competencia de las factorías catalanas. En breve tiempo, sin embargo, el predominio de este sector decaería en favor del impulso adquirido por las azucareras.

Ya en 1881 se había creado la Granja Agrícola de Zaragoza, que estudió la aclimatación de nuevos cultivos en el campo aragonés, en especial el de la remolacha azucarera. Sus buenos resultados determinaron la creación de la Azucarera de Aragón en 1893. Pero la verdadera proliferación de azucareras se produciría tras la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898, pues acabaron con ello las importaciones de azúcar de caña. Hasta los primeros años del siglo XX, las numerosas azucareras que se implantaron en los valles del Ebro y del Jalón convirtieron a Zaragoza en una de las primeras provincias productoras de azúcar en España. El sector azucarero aceleró la industrialización zaragozana; para cubrir sus necesidades de máquinas, herramientas, reparaciones y, desde luego, energía. Surgieron nuevas empresas metalúrgicas (entre ellas, Maquinista y Fundiciones del Ebro, fundada en 1911 por Alberto Bressel), de fabricación de maquinaria, etc. También se crearon instalaciones extractivas de los lignitos turolenses (en 1900, la Sociedad Minas y Ferrocarril de Utrillas y la Compañía Minera de Sierra Menera), sociedades productoras de electricidad (Fuerzas Motrices del Gállego o la Electra Peral, nacida ésta en 1894 y que sería la firma matriz de Eléctricas Reunidas de Zaragoza), alcoholeras e industrias químicas, como la Industrial Química de Zaragoza (1899), para abastecer de fertilizantes a los cultivos remolacheros.

Otras factorías surgidas en estos años no estuvieron vinculadas, sin embargo, al pujante sector azucarero; entre ellas destacan La Zaragozana, fábrica de cerveza, malta y hielo creada en 1900, o la Sociedad Española del Acumulador Tudor, primera empresa multinacional instalada en Aragón (1897) y que sería, hasta el último tercio del siglo XX, la que generaría mayor número de puestos de trabajo en la región.

Texto: Mari Sancho Menjón
Documentación: Isabel Soria

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