15. Setas y frutos del bosque aragonés.

Los hábitat

Rubus ulmifolius.
Cyathus olla.
Crataegus monogyna.
Helvella fusca.
Tricholoma aurantium.
Boletus aereus.
Boletus satanas.
Madroño Arbustus unedo.
Lactarius sanguifluus.
Hygrophorus gliocycus.
Mycena pura.
Hydnellum ferrugineu.
Tremiscus helvelloides.
Tricholoma terrum.
Crucibulum laeve.
Hygrocibe coccinea.
Amanita rubescens.
Boletus aestivalis.
Oudemansiella mucida.
Tremella mesenterica.
Rubus idaeus.
Prunus espinosa.
Cantharellus subpruinosus.
Stropharia auriginosa.
Piptoporus betulinus.
Boletus edulis.
Bosque de ribera Siempre cercano a ríos y zonas húmedas donde podemos ver árboles y arbustos tan variados como el majuelo o espino albar (Crataegus monogyna) de crecimiento lento y frutos de color rojo intenso que no son comestibles para el hombre pero sí para las aves. Los chopos (Populus tremula, P. nigra, P. alba) también forman parte del entorno, bajo su frondosidad podemos encontrar las plantas del regaliz (Glycyrrhiza glabra) y las zarzamoras (Rubus ulmifolius) que cuando maduran, adornan con su colorido y alimentan a las aves de la zona.

El tamariz (Tamarix gallica), el fresno (Fraximus angustifolia) el olmo (Ulmun minor), se hayan presentes en los sotos, así como carrizos, cañas y aneas que ayudan a mantener la humedad y la vida animal. Las setas también se encuentran presentes en este hábitat.

Si observamos en la época fría entre los restos de cañas (Arundo donax) medio enterradas, podemos ver unas setas muy pequeñas con forma de olla diminuta que contiene dentro unas bolitas aplastadas (Peridiolos lenticulares) con un vistoso aspecto, se llama Cyathus olla, carece de valor culinario.

En los troncos cortados de los chopos (tocones), cuando la primavera está un poco más adelantada, podemos encontrar las llamadas "setas de chopo" (Agrocybe aegerita) muy buscada para su consumo y que también fructifica en otoño.

No es ésta la única seta que crece sobre este tipo de árbol, también hay otros hongos que se desarrollan sobre los chopos como la seta de ostra (Pleurotus ostreatus) ampliamente cultivada y conocida por su comercialización y que tiene un reconocido valor gastronómico, pero no crece sólo en estos árboles, también en otros tipos de madera y sobre paja compactada.

También en primavera podemos ver en las zonas más húmedas los calabacicos (Helvella acetabulum). Tienen forma de copa con el pie muy corto, su color varía del pardo gris al pardo ocre, no tiene interés culinario.

Otras Helvellas aparecen en los bosques de ribera como el bonetillo o monachela (Helvella spadicea) que tiene el pie blanco y el sombrero negro replegado en forma de silla de montar. Algo más escasa es la Helvella fusca, de color pardo ocre con el pie surcado. Las colmenillas (Morchella vulgaris) y (Morchella rotunda var. rigida) merecen una mención especial por ser excelentes comestibles, son muy buscadas y en ocasiones salen en grupos muy numerosos. Es necesaria una prolongada cocción para consumir todas estas especies.

Encinar o carrascal

Dejamos el bosque de ribera para visitar el carrascal (Quercus ilex) representativo del bosque mediterráneo. La actividad fúngica de este hábitat es muy prolífica. Entre la gran variedad de setas que podemos encontrar están las llamativas y apreciadas colmenillas (Morchella elatoides) que salen en la época primaveral, algunas veces de manera abundante, en ocasiones crecen al lado de preciosas orquídeas. Gastronómicamente están consideradas como un comestible excelente y llegan a alcanzar en los mercados precios muy elevados.

Ya en verano encontramos la que se considera el manjar más exquisito del reino fungi, la cesárea (Amanita caesarea), conocida como la amanita de los Césares, pues en la antigüedad eran consumidas por tan ilustres personajes. Son setas termófilas que dependen en gran medida de las tormentas de verano, de una belleza espectacular, con el sombrero de color naranja y las láminas y el pie de color amarillo. Sale de una volva blanca que le da el aspecto de un huevo, su calidad gastronómica es excelente y puede consumirse cruda.

A su lado casi siempre encontraremos el hongo negro (Boletus aereus) también muy apreciado gastronómicamente por su carne blanca y dura y su sabor a frutos secos ligeramente dulzón.

Ya en el otoño, en nutridos grupos podemos ver los tricolomas dorados (Tricholoma aurantium) que carece de valor culinario, pero de una belleza notable.

Poblando estos bosques encontramos también un tricoloma con olor a jabón (Tricholoma saponaceum) que también carece de valor gastronómico y cuyo nombre popular le viene dado por su intenso olor a jabón de tajo del que se hacía en casa antiguamente.

Una seta temida por su nombre es el boleto satanás (Boletus satanas) pero de espantoso sólo tiene el nombre, pues es tóxico pero no mortal ya que en individuos sanos no provoca la muerte.

Otra seta que podemos ver en las encinas es el boleto agradable (Leccinum lepidum) que es comestible pero su carne ennegrece al cocinarla.

La gayuba o uva de oso (Arctostaphylos uva-ursi) tapiza los taludes y claros con su manto de hojas carnosas.

A la misma altitud, podemos encontrar un árbol que también es típico del área mediterránea, no llega a ser muy grande pero es de notable belleza, se trata del madroño (Arbutus unedo) sus flores en ramilletes y sus frutos rojos de sabor delicado, no pasan desapercibidos. Por la cantidad de azúcares que contienen estos frutos no se recomienda comer gran cantidad de ellos, al fermentar se convierten en alcohol y pueden provocar molestias, su nombre latino ya nos indica prudencia, unus 'uno', edo 'comer', comer sólo uno.

Durante el verano y el otoño podemos encontrar la temida amanita faloides (Amanita phalloides) seta tóxica y mortal que debemos conocer a la perfección para evitar su consumo. Es muy cosmopolita, habita en bosques de frondosas, encinas, en castaños, alcornoques y también en hayedos por lo que debemos estar atentos a la hora de recolectar setas ya que podemos confundirla con otras parecidas. Esta seta tiene buen sabor y no provoca rechazo.

Desde mediados de la época estival hasta bien avanzado el otoño es posible que encontremos algún rebozuelo (Cantharellus cibarius). Esta apreciada seta crece también en otros hábitat y es muy buscada por su calidad gastronómica. En la época fría podemos encontrar el higróforo escarlata (Hygrophorus russula) que se presta a su conservación en vinagre y ya terminando el invierno, cuando la nieve se va derritiendo, podemos ver la vistosa peziza escarlata (Sarcoscypha coccinea) pequeña copita de color rojo intenso por dentro y pálida por fuera, no tiene valor culinario.

El pinar

Otro hábitat muy interesante es el pinar que nos ofrece numerosas especies de setas y de frutos. En Aragón hay varios tipos de pinares, en algunas zonas predomina el halepo o pino carrasco (Pinus halepensis) también están los bosques de resinero (P. pinaster), pino negro (P. nigra), silvestre (P. sylvestris) y piñonero (P. pinea).

Si visitamos un pinar joven encontraremos los conocidos rebollones o níscalos (Lactarius deliciosus) seta muy buscada y comercializada en la época otoñal.

A veces encontramos unos lactarios muy parecidos pero con un látex (leche) de color rojo vinoso que también es comestible y de mejor calidad, es el Lactarius sanguifluus. Siguiendo por los pinares encontraremos la llanega blanca (Hygrophorus gliocyclus) y la negra (Hygrophorus latitabundus) de buena calidad gastronómica, al igual que el boleto de pino (Boletus pinophilus) de carne dura y blanca.

Algunas setas no tienen valor culinario aunque su belleza nos invita a fotografiarlas como el Hydnellum peckii que parece un pastel, el hongo nido (Crucibulum laeve), el Hygrocybe coccinea de un vistoso color rojo, la Aleuria aurantia, la pequeña pero preciosa micena (Mycena pura) y la vistosa cresta de gallo que algunas personas consumen en ensalada (Tremiscus helvelloides).

Ya en la época fría encontramos los morricos de corzo o negrillas (Tricholoma terreum) muy buscados para elaborar estupendas recetas y las trompetas amarillas (Cantharellus lutescens) muy valorados en la cocina, que salen con abundancia y se conservan fácilmente.

Si además de las setas nos gusta observar la vegetación, encontraremos espino albar (Crataegus monogyna), escaramujo (Rosa canina), zarzamoras (Rubus ulmifolius) y más escaso pero de original belleza el rusco (Ruscus aculeatus).

El hayedo

Si decidimos visitar un hayedo, podremos disfrutar de las transparencias y luces que nos ofrecen los rayos del sol atravesando las hojas de las hayas (Fagus silvatica) dando al ambiente armonía y vistosidad. Algunos hayedos tienen leyendas de brujas y misterios que se cuentan de una generación a otra haciéndolo más interesante. Caminando entre estos majestuosos árboles encontraremos los rebozuelos (Cantharellus cibarius), seta de excelente calidad gastronómica. También goza de buena fama el boleto de verano (Boletus aestivalis) de sabor suave y carne blanca. A lo largo de nuestro paseo micológico veremos distintas especies de rúsulas (Russula cyanoxantha) considerada buen comestible y (R. mairei) sin valor culinario por su sabor acre. También nos sorprenden con su color amatista la Laccaria amethystina. En el hayedo podemos encontrar el hongo calabaza (Boletus edulis), que goza de reconocido prestigio gastronómico por su excelente sabor que recuerda a las avellanas, algunas amanitas comestibles también están presentes como la Amanita rubescens.

El Lycoperdon echinatum, el Phallus impudicus y la vistosa tremella (Tremella mesenterica) son muy fotografiados por su colorido y vistosidad aunque ninguna de las tres sea comestible. Pero la que podríamos calificar como la más bonita del hayedo y exclusiva de este hábitat es la Oudemansiella mucida, posiblemente la más inmortalizada por fotógrafos de naturaleza.

En los hayedos también podemos encontrar frutos que son aprovechados por los animales para su alimentación y otras veces es el hombre el que los usa para distintas utilidades, como el acebo (Ilex aquifolium) que ha servido de ornamento navideño durante generaciones, actualmente no puede recolectarse, sus frutos resultan tóxicos para el hombre pero inocuos para los animales. En los claros y laderas encontraremos estupendas y dulces frambuesas (Rubus idaeus) de frutos rojos llamativos y muy recolectados por su exquisito sabor, por las mismas zonas veremos a ras del suelo las fresas silvestres (Fragaria vesca).

Prados

Si tenemos preferencia por los prados de montaña podemos visitar cualquiera de nuestros maravillosos valles y al ir subiendo veremos, en las lindes de los pastos, los endrinos o pacharanes (Prunus espinosa) cuyos frutos se emplean en la elaboración del licor pacharán. Es en los prados donde encontramos los llamados corros de brujas, son círculos o setales hechos por los hongos y que han dado pie a numerosas leyendas y creencias, una de las setas más conocida y buscada en estos corros es el usón o perretxico (Liophylum gambosum) excelente comestible y que su localización era guardada como un secreto por sus dueños pasando de una generación a otra en herencia, también aparece de esta curiosa manera la senderuela (Marasmius oreades) que se recolecta y seca para su venta por ser buen comestible.

Desde lejos veremos los exquisitos parasoles (Macrolepiota procera) de notables dimensiones. Tanto en prado como en las lindes de caminos podemos ver el serbal silvestre (Sorbus aucuparia) cuyos frutos rojos son un reclamo en otoño para numerosas aves, así mismo podemos encontrar a las setas barbudas (Coprinus comatus) deliciosas aunque efímeras, pues duran poco tiempo pasando a licuarse convirtiéndose en un líquido oscuro. Se dice que Hitler firmaba sus escritos con tinta de esta seta y para poder comprobar la autenticidad era examinado al microscopio para ver las esporas.

Bosque mixto

Si nos decantamos por un bosque mixto de pino y abedul también podemos ver gran variedad de setas, arbustos y frutos, como la madreselva cerecillo (Lonicera xylosteum) adornando con sus brillantes frutos rojos que no debemos consumir por ser tóxicos para el ser humano. A los pies de los abedules podemos ver otra especie de rebozuelos (Cantharellus subpruinosus) de excelente calidad, y en alguna rama, tronco dañado o débil, algún yesquero (Pictoporus betulinus) hongo de la madera que antiguamente se empleaba para encender fuego.

Si además de abedul hay álamo temblón (Populus trémula) es posible que veamos los boletos anaranjados (Leccinum aurantiacum) seta comestible cuya carne ennegrece al cocinarla, también en este entorno hay setas no comestibles como la Stropharia auriginosa o distintas especies de rúsulas como la R. foetens, y el lactario falso (Lactarius torminosus) que tiene un sabor acre y resulta algo tóxico.

El abetal

En el abetal, admiraremos la hermosura y el porte de estos magníficos árboles situados en alta montaña. Bajo sus frondosas ramas y adornando el entorno encontraremos el acebo (Ilex aquifolium) con sus bonitos frutos rojos. La hiedra también está presente entre los árboles escondiendo entre sus hojas alguna pardilla (Clitocybe nebularis) seta comestible pero mal tolerada por algunas personas y que a veces puede estar atacada por otro hongo parásito (Volvariella surrecta) que llega a consumir por completo a su anfitriona. En algunas ramas caídas sale una vistosa seta que parece gelatina (Pseudohydnum gelatinosum) no es comestible. En este hábitat podemos ver las llamativas amanitas matamoscas o seta de los enanitos (Amanita muscaria) posiblemente sea una de las setas más fotografiadas por su colorido y su vistosidad, es tóxica pero no mortal y podemos encontrarla también en otros hábitat. Menos llamativo pero más buscado es el boleto calabaza (Boletus edulis) que en ocasiones es muy abundante y muy recolectado por ser un excelente comestible, también en los abetales es muy buscando el rebollón de abeto (Lactarius salmonicolor) de menor categoría gastronómica que el Lactarius deliciosus pero igualmente recogido para el consumo.

Tanto en los claros como en las lindes de este bosque, podemos ver flores como las hepáticas o trébol dorado, o los rododendros que le dan al entorno una belleza y un atractivo encantador que invita a ser visitado y disfrutar de cada uno de sus bonitos rincones.

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