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    Ruta por Valdejalón

    Recorrido por la comarca

    Torre del palacio de Argillo
    Torre del palacio de Argillo.

    La ruta por Valdejalón puede seguir el curso natural del río, comenzando en las proximidades de Morata de Jalón, donde limita con la vecina Comunidad de Calatayud. Nada más adentrarse en la delimitación se aparece en lo alto de un cerro Villanueva de Jalón, un pueblo abandonado desde los años sesenta que aún guarda entre sus arruinadas casas atractivos como el mudéjar de su iglesia o la imponente figura desgarrada de su castillo.

    La carretera se adentra en Morata de Jalón donde la silueta humeante de su fábrica de cemento domina el horizonte. El centro de la localidad de Morata está ocupado por el impresionante palacio barroco que el arquitecto Juan de Marca edificó para el conde de Argillo en 1671. Se trata de un palacio abierto a la plaza Mayor de Morata que ocupa tres de sus lados flanqueado por la iglesia y la torre del reloj. Su fachada adornada con un friso de atlantes cada uno diferente al anterior no deja indiferente a nadie. Pendiente de restauración por los pleitos entre los propietarios y el municipio, el palacio es una obra fundamental del barroco aragonés.

    Plaza Mayor de Chodes
    Plaza de Chodes.

    En nuestro camino hacia Chodes salvamos el rio admirando la sillería del puente construido por el omnipresente Juan de Marca y nos encontramos con las Torcas, un espacio natural de gran belleza conformado por el Jalón y las paredes rocosas que lo circundan donde se practica asiduamente la escalada.

    Chodes se abre como una prolongación de Morata con su espectacular plaza Mayor. El mismo arquitecto ligado al conde de Morata diseñó en 1676 un pueblo nuevo para las gentes que cuidaban las tierras del noble. Se trata de un conjunto integrado por 24 viviendas en círculo formando una plaza cerrada. Entre los edificios que componen la misma se encuentra la iglesia parroquial y el propio Ayuntamiento que son los únicos que destacan del conjunto de viviendas. El acceso se realiza a través de tres arcos de medio punto en tres de sus vértices -el cuarto lo ocupa la parroquia- y su centro está adornado con una sencilla fuente.

    Vestigios del mar Jurásico
    Las proximidades de Ricla poseen un importante legado paleontológico del mar que ocupó estas tierras durante el Jurásico. Recorriendo algunos de los caminos afloran ammonites y otras especies de animales marinos petrificados en la dura piedra negra del terreno.

    Tras conseguir franquear la muralla rocosa, el Jalón llega a Ricla que se levanta altanera con la silueta de su torre mudéjar y su trazado morisco. El Jalón continúa su periplo sin llegar a rozar a la capital de la comarca, La Almunia de Doña Godina, ciudad próspera e importante centro universitario que en los últimos años se ha convertido en crisol de culturas.

    Calatorao observa al Jalón desde su atalaya dominada por el conjunto impresionante de su iglesia y castillo. Sus calles de pasado musulmán continúan deparando sorpresas como la reciente aparición de su mezquita. Los pequeños cascos urbanos de Lucena y Salillas, junto a la pedanía de Berbedel aparecen pegados a la ribera de donde obtienen recursos y vida. Épila se enseñorea con el bagaje de su historia y los personajes que allí dejaron su huella.

    Castillo de Calatorao
    Castillo de Calatorao.

    El río se torna perezoso y sus aguas ralentizan su discurrir entre meandros y sotos mientras se pasa bajo la silueta sobrecogedora del castillo musulmán de Rueda de Jalón. Lumpiaque desparrama su casco urbano en torno a su torre mudéjar orlada de cigüeñas. Urrea posee la belleza de un casco urbano plagado de recovecos, callejuelas estrechas, arcos y pasadizos. Plasencia y Bardallur miran hacia la cercana desembocadura en la que el Jalón rinde tributo al padre Ebro.

    La Sierra guarda entre sus valles las casas blanqueadas de Santa Cruz, que miran al Grío discurriendo a sus pies. Al otro lado de las montañas, en las faldas de Algairén, Alpartir y Almonacid ofrecen sus empinados cascos urbanos de frescas calles y bodegas subterráneas donde los vinos de Cariñena adquieren su sazón. La comarca se acaba en La Muela, meseta surcada por mil vientos que soplan a favor de la prosperidad de este municipio industrial e industrioso.

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